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El Papa, a las religiosas: «Sed madres y no solteronas» 

El Papa Francisco se dio ayer un baño de multitudes con las monjas al recibir a las 800 superioras que han participado desde el viernes pasado en la asamblea plenaria que ha celebrado en Roma la Unión Internacional de Superiores Generales (UISG), la organización donde se agrupan 1843 congregaciones religiosas femeninas. En el mensaje que les dedicó en su encuentro en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Pontífice les agradeció que “siempre sean una luz en el camino de la Iglesia” y les pidió que “sean madres y no ‘solteronas'”.

Hablando de los “tres puntos cardinales” de la vida religiosa (la obediencia, la pobreza y la castidad), animó a que vivieran esta última como un “carisma precioso” y de forma “fecunda”, ya que “genera hijos espirituales en la Iglesia”. Respecto a la obediencia, deseó que la comprendieran como una “escucha de la voluntad de Dios” que pasa a través de la “mediación humana”, mientras que describió la pobreza como una “superación de todo egoísmo” que se aprende estando al lado de “los humildes, los pobres y los enfermos”.

Francisco hizo referencia al ejercicio de la autoridad, el tema que ha enlazado todas las intervenciones en la plenaria de la UISG, para subrayar que “el verdadero poder, a cualquier nivel, es el servicio”. En este sentido, denunció el “carrerismo” del que tantas veces habló Benedicto XVI: “Pensemos el daño que causan al Pueblo de Dios los hombres y las mujeres de Iglesia que son carreristas, trepas, que usan el pueblo, la Iglesia, los hermanos y hermanas que deberían servir, como un trampolín para sus propios intereses y ambiciones personales”. Para no caer en esta forma equivocada de ejercer la autoridad, el Papa animó a las superiores generales a que “acompañen, comprendan, ayuden y amen, abrazando a todos”.

Otro problema al que el Papa se refirió es el riesgo de caer en una Iglesia paralela por parte de la vida religiosa. Recalcó que “no es posible que un consagrado o una consagrada no ‘sientan’ con la Iglesia”.

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