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El Papa apoya estudiar en privado la participación en la Iglesia de los divorciados vueltos a casar caso por caso 

La exhortación «La alegría del amor» es un largo documento pastoral que recoge los dos Sínodos de la Familia

El nuevo documento del Papa, «La alegría del amor», que será presentado el viernes a mediodía en el Vaticano, es un texto muy largo que recoge los dos Sínodos de la Familia y, por lo tanto, mantendrá la línea de revalorizar la toma de decisiones en conciencia, en diálogos privados entre los divorciados vueltos a casar, su párroco o acompañante espiritual, y el respectivo obispo.

El hecho de que Francisco haya encargado realizar la presentación al cardenal de Viena, Christoph Schoenborn, uno de los teólogos más activos en el grupo de trabajo de lengua alemana en el último sínodo, sugiere que el documento recogerá, probablemente, sus sugerencias de estudiar cada caso en privado y en el «foro interno», es decir, el de la conciencia personal.

«Amoris Laetitia», como se llama en latín la exhortación postsinodal, añadirá un nuevo impulso a la integración de todas las personas en situaciones irregulares desde el punto de vista del derecho canónico, que en bastantes lugares son más de la mitad de los católicos.

En ese cuadro, los divorciados vueltos a casar son una minoría muy pequeña en comparación con las parejas que simplemente conviven sin casarse o bien que, en África, están pasando por las diversas fases de matrimonios a prueba negociados entre las familias y no entre los novios.

Algunas personas que han trabajado en la preparación del documento advierten que será necesariamente muy extenso y complejo, por lo que requerirá una lectura meditada a lo largo de días y semanas.

No puede tener la frescura de la exhortación apostólica «La alegría del Evangelio» ni de la encíclica «Laudato si» porque esos documentos eran, por así decirlo, «cien por cien» de Francisco.

Una exhortación postsinodal, en cambio incluye siempre largas citas del Sínodo al que se refiere. Que en este caso han sido dos consecutivos por primera vez desde que Pablo VI creó este foro de consulta, debate y reflexión al servicio del Papa, solicitado por el Concilio Vaticano II.

El documento que la secretaría del Sínodo envió hace una semana a los obispos para ayudarles a preparar la presentación de «La alegría del amor» en sus diócesis subraya que el Papa desea «una ‘renovación’ o más bien una verdadera ‘conversión’ del lenguaje», de modo que resulte amistoso e interesante para las personas de nuestro tiempo.

Esas orientaciones sugieren utilizar como claves de lectura del documento el proceso de discernimiento atento de cada caso y la disposición al diálogo abierto con todas las personas.

En ese marco se inserta una actitud inclusiva, pues «la visión que el Papa tiene de la sociedad es inclusiva. Una inclusión que supone el esfuerzo de aceptar la diversidad, de dialogar con quienes piensan de modo distinto, de favorecer la participación de quien tiene capacidades distintas».

Como material complementario, la secretaria del Sínodo envió una selección de citas de las catequesis de san Juan Pablo II sobre la «teología del cuerpo» en las audiencias generales de 1980 a 1982, y citas de las catequesis de Francisco sobre la familia a lo largo del pasado año.

No están excomulgados

En la del cinco de agosto, por ejemplo, el Papa subrayaba la importancia «de una acogida fraternal y atenta de los bautizados que han establecido una nueva convivencia después del fracaso de un matrimonio sacramental. Estas personas no están excomulgadas, ¡no están excomulgadas! Y no se les debe tratar como tales: forman parte de la Iglesia».

Pero las modalidades de participación en las actividades de la parroquia o en los sacramentos no pueden establecerse con normas generales.

El Sínodo de la Familia de octubre de 2015 señalaba en el párrafo 84 de su relación final que los divorciados vueltos a casar «son hermanos y hermanas; el Espíritu Santo derrama sobre ellos sus dones y carismas para el bien de todos».

Y añadía que «su participación puede manifestarse en varios servicios eclesiales: es necesario discernir cuáles de las diversas exclusiones que actualmente se practican en ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas. No sólo no deben sentirse excomulgados sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia».

El párrafo 85 invitaba a «discernir bien estas situaciones» bajo la orientación del obispo, favoreciendo un «examen de conciencia» y «reflexiones de arrepentimiento». Recordaba igualmente que «la imputabilidad y responsabilidad de una acción puede resultar disminuida o anulada (Catecismo de la Iglesia Católica, 1735)» por distintas circunstancias, que obligan a distinguir entre «situación objetiva» e «imputabilidad subjetiva».

Por último, el párrafo 86, recordaba a los pastores y a los divorciados vueltos a casar que «el diálogo con el sacerdote, en el fuero interno, ayuda a la formación de un juicio correcto sobre lo que lo que obstaculiza la plena participación en la vida de la Iglesia», de modo que se pueda decidir de modo adecuado abstenerse o no de participar en algún sacramento.

Documento pastoral

En todo caso, «La alegría del amor» no es un documento canónico, como sí lo fue la reciente simplificación de los procesos que estudian la nulidad matrimonial. No es tampoco un documento doctrinal sino un documento pastoral, destinado a ayudar a los esposos, a los novios, a los catequistas, a los sacerdotes y obispos, etc.

Al margen de la primera reacción sobre los temas que interesan más en cada país, el peso del documento a medio plazo se manifestará en su impulso a la mejora de la preparación al matrimonio –muy mediocre en la mayor parte de los países-, la creación de «redes de familias» que presten una eficaz autoayuda en circunstancias económicas y laborales cada vez más difíciles, la revalorización del tiempo con los hijos, su educación, y el desarrollo de una espiritualidad familiar.

La familia es un tesoro, pero se ha vuelto más frágil bajo el peso del consumismo, la cultura de la gratificación inmediata, la falta de perspectivas de empleo que permitan casarse, los horarios laborales, los viajes de trabajo, el individualismo favorecido por las nuevas tecnologías, y muchos otros factores.

El objetivo del Papa es multiplicar los esfuerzos positivos para que todas las familias puedan disfrutar «La alegría del amor».

 

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