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El Papa en el ángelus: «Con el diablo jamás se dialoga» 

Ha insistido en ele primer domingo de Cuaresma en que «necesitamos ser conscientes de la presencia de este enemigo»

El Papa ha instado a los católicos a «no entrar en diálogo con el diablo» y ha alertado de que se trata de «un enemigo astuto» de que hay que estar siempre en guardia, coincidiendo con el inicio el pasado miércoles de la Cuaresma, informa Europa Press.

«Meteos esto en la cabeza: con el diablo jamás se dialoga. No hay dialogo posible, solo la Palabra de Dios», ha afirmado. También ha recordado que la gracia de Dios «asegura, con fe, oración y penitencia, la victoria sobre el enemigo».

«Necesitamos ser conscientes de la presencia de este enemigo astuto, interesado en nuestra perdición eterna, nuestro fracaso, y prepararnos para defendernos de él y luchar contra él», ha advertido Francisco durante el rezo del ángelus. El Pontífice se ha asomado al balcón de su estudio en la Biblioteca Apostólica del Vaticano que da a la plaza de San Pedro donde había varios grupos de peregrinos de diferentes nacionalidades.

Para el Papa, el tiempo de Cuaresma sirve a los católicos para entrar, como hizo Jesús, en el desierto. «No se trata de un lugar físico, sino de una dimensión existencial en la que callar, escuchar la palabra de Dios, para que se produzca en nosotros la verdadera conversión», ha explicado.

Así, ha recordado el rito penitencial de las cenizas con el que el miércoles pasado se inició la Cuaresma. Y ha especificado: «Hoy, primer domingo de este tiempo litúrgico, la Palabra de Dios nos muestra el camino para vivir fructíferamente los 40 días previos a la celebración anual de la Pascua».

Según ha dicho, este camino está marcado por el hecho de que, antes de comenzar su predicación, Jesús «se retiró durante 40 días en el desierto, donde fue tentado por satanás».

«El evangelista –ha apuntado Francisco– subraya que el Espíritu llevó a Jesús al desierto». Así, ha recalcado que aquel mismo Espíritu Santo que «descendió sobre él inmediatamente después del bautismo recibido por Juan en el río Jordán», fue el que «ahora lo empuja a ir al desierto, para enfrentar al tentador». Y es que, según ha indicado, «toda la existencia de Jesús está puesta bajo el signo del Espíritu de Dios, que lo anima, inspira y guía».

Asimismo, ha reflexionado también acerca de «ese entorno natural y simbólico tan importante en la Biblia» que es el desierto. «Es el lugar donde Dios habla al corazón del hombre y donde fluye la respuesta a la oración», ha dicho, «pero también es el lugar de prueba y tentación, donde el tentador, aprovechándose de las debilidades y necesidades humanas, insinúa su falsa voz, alternativa a la de Dios».

«Cada año al comienzo de la Cuaresma –ha concluido– este Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto nos recuerda que la vida del cristiano, tras las huellas del Señor, es una batalla contra el espíritu del mal».

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