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El papa Francisco en Irak: una misión de misericordia 

 | (NCR)- EDITORIAL: los fieles de Irak permanecen firmes dando un testimonio valiente y de sacrificio a Cristo.

El viaje a Irak del papa Francisco, del 5 al 8 de marzo, tiene una misión importantísima: dirigir la atención internacional hacia la difícil situación de los cristianos de ese país y brindarles un rayo de esperanza con respecto a su futuro.

Lamentablemente, cuando los medios de comunicación internacionales informan sobre el conflicto en Irak, a menudo ignoran la difícil situación de la comunidad cristiana del país. No debería ser así.

Desde que Estados Unidos invadió Irak en 2003 para derrotar la brutal dictadura de Saddam Hussein, los cristianos iraquíes, sin tener la culpa, han sido blanco de un fuego cruzado mortal entre diferentes facciones militares de la mayoría musulmana del país. Durante la ocupación militar estadounidense, los secuestros y asesinatos, incluida la horrible masacre del 31 de octubre de 2010 en la Iglesia católica siria de Nuestra Señora de la Salvación en Bagdad, junto con las oportunidades económicas limitadas y otras persecuciones impulsaron a un gran número de iraquíes cristianos a emigrar o huir a zonas más seguras del país. Las cosas empeoraron aún más para los cristianos que decidieron quedarse cuando la mayoría de las fuerzas estadounidenses se marcharon, en diciembre de 2011. Tres años después, el Isis aprovechó la división sectaria interna de Irak y la corrupción política para tomar el control de Mosul y la llanura de Nínive, emblemático lugar cristiano desde los tiempos de los apóstoles.

El régimen terrorista islámico decretó que los cristianos debían convertirse a la fuerza al islam o abandonar la región para siempre si querían evitar la ejecución inmediata. La población cristiana que no estaba dispuesta a abandonar su fe por la seguridad económica, huyó de la zona (incluso a pie) hacia el adyacente territorio semiautónomo de Kurdistán.

Como resultado de la intensa persecución que empezó en 2003, la población cristiana de Irak ha disminuido: de aproximadamente 1,5 millones de personas -antes de la guerra de Irak- a menos de 150.000 hoy. Y a pesar de que el Isis fue expulsado de la región en 2017, muchos de los cristianos que huyeron de sus hogares en la llanura de Nínive aún no han regresado porque la mayoría musulmana sigue siendo en gran medida hostil a su presencia; y también porque la seguridad y las perspectivas económicas para los cristianos continúan siendo escasas.

Además de todo ese sufrimiento, ahora soportan, como el resto del mundo, la crisis de la pandemia del Covid-19. El 14 de febrero, el gobierno de Irak impuso nuevas restricciones debidas a la pandemia, entre las que está la prohibición absoluta de cualquier reunión religiosa. En Irak también continúa la violencia mortal: el 15 de febrero, la ciudad de Erbil, donde el Papa planea celebrar la misa el 7 de marzo, sufrió un ataque con misiles.

El hecho de que los cristianos iraquíes permanezcan en el país es un testimonio constante de su amor por su patria, de su fe y su extraordinaria perseverancia. Pero necesitan apoyo y aliento, algo que el papa Francisco desea brindarles personalmente.

“Pienso constantemente en Irak, donde quiero ir el próximo año, con la esperanza de que pueda mirar al futuro a través de la participación pacífica y compartida del bien común por parte de todos los miembros de la sociedad, incluidos los religiosos, y no volver a caer en las tensiones que nacen de los conflictos nunca remitidos de los poderes regionales”, dijo en una reunión de Agencias Católicas de Ayuda en junio de 2019.

No es el único papa que en los últimos años ha querido ofrecer su apoyo a este país. San Juan Pablo II quiso visitar Irak en 1999, pero las crecientes tensiones internacionales que culminaron con la Guerra de Irak de 2003 le impidieron realizar ese viaje.

Las condiciones para una visita papal no son más favorables ahora mismo. El reciente aumento de casos de Covid y el incremento de la violencia sectaria entre la mayoría musulmana, o la combinación de ambos factores, podrían obligar a Francisco a suspender su viaje en el último momento. Pero su insistencia en programarlo, a pesar de las amenazas -conocidas- demuestra cuán profundamente comparte el dolor de su grey en Irak y cuán grande es su deseo de darles fuerza con su presencia.

El papa expresa también su solidaridad con los muchos millones de cristianos de países como Nigeria que, en este momento, están sufriendo una persecución igual o incluso peor. Irak es el n.º 11 en la lista de cristianos perseguidos en el mundo realizada por Open Doors (2021), una lista encabezada por Corea del Norte -gobernada por los comunistas- y que también incluye, entre los diez perseguidores internacionales más atroces, a varias naciones de África y Oriente Medio dominadas por musulmanes, así como la India. A pesar de no haber emprendido el viaje todavía, el papa está dando ánimos y una esperanza renovada a muchos de los cristianos de Irak. En la llanura de Nínive, donde el papa ha programado varios encuentros con los cristianos locales el 7 de marzo, se respira una emoción tangible. Su imagen aparece en todas partes, y los cristianos han estado organizando reuniones de jóvenes y otros eventos en los meses previos a la visita apostólica.

La próxima llegada de Francisco infunde en ellos la confianza de que su Iglesia puede resistir, que su comunidad sobrevivirá a las pruebas actuales, de la misma manera que han estado dando testimonio de su fe a lo largo de más de mil años en los que -bajo la dominación musulmana- siempre han sido considerados de segunda clase.

La esperanza nace también del hecho que la visita del Santo Padre pueda ser inspiración de algún tipo de acuerdo interreligioso, especialmente a la luz de la reunión planificada para el 6 de marzo en Nayaf con el gran ayatolá Sayyid Ali al-Husayni al-Sistani, líder espiritual de la mayoría musulmana chiíta de Irak. Al mismo tiempo, los líderes cristianos locales advierten que sería un error si el esfuerzo por promover el diálogo interreligioso eclipsara la prioridad del viaje de manifestar solidaridad con la comunidad cristiana oprimida.

Los cristianos de todo el mundo comparten el deseo del Santo Padre de reducir la persecución que sufren, no solo en Irak, sino en numerosos lugares donde están siendo atacados por su fe. Por eso, los católicos en Estados Unidos deben unirse en oración con el papa y con sus hermanos y hermanas en la fe en Irak, implorando a Dios que bendiga con generosidad la peregrinación cuaresmal del Santo Padre a esta tierra, que ha jugado un papel vital en la vida de la Iglesia desde sus primeros días.

Al permanecer firmes, los fieles iraquíes están dando un testimonio valiente de sacrificio a Cristo, al igual que los cristianos en muchas otras tierras donde sufren una dura persecución. Esta Cuaresma es el momento perfecto para reflexionar sobre sus heroicos sacrificios, especialmente cuando hacemos pequeños sacrificios en nuestras propias vidas para acercarnos más a Dios, y al mayor sacrificio de todos, la muerte de Cristo en la cruz por los pecados de la humanidad.

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