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El Papa vivirá su retiro «oculto del mundo» 

  • El Santo Padre se despide del clero romano con un discurso sin guión de 45 minutos
  • «La Iglesia no es una organización, sino un organismo vital», dijo
El Papa habla ayer ante el clero romano en el Aula Pablo VI del Vaticano

Los sacerdotes de la diócesis de Roma reunidos ayer en el Aula Pablo VI del Vaticano fueron testigos de la última lección del profesor y Papa Joseph Ratzinger. Con una agilidad mental envidiable para una persona de 85 años y sin guión alguno, Benedicto XVI contó sus recuerdos del Concilio Vaticano II, en el que participó, hablando durante 45 minutos seguidos, interrumpidos sólo un instante para beber un poco de agua. Demostró por una última vez que aún queda dentro de él mucho de aquel profesor que encadilaba a sus alumnos en la Universidad de Ratisbona.

«Cerca de todos»

Al principio de su improvisado discurso dijo que tras su retiro a partir del próximo 28 de febrero, seguirá «cerca de todos con la oración», aunque «para el mundo estaré escondido». El obispo de Roma volvió a agradecer el apoyo que está sintiendo desde que anunció su renuncia, asegurando que nota «casi físicamente» la fuerza de quienes piden por él en sus oraciones. Justificando con su edad el hecho de no haber preparado discurso alguno, inició una charla sobre el Concilio Vaticano II plagada de anécdotas que provocaron las risas del auditorio.

Los sentimientos estaban a flor de piel durante la audiencia al clero de Roma, como también ocurrió en la misa del Miércoles de Ceniza, la última Eucaristía pública oficiada por el Papa. A diferencia de lo que sucede habitualmente en la vida vaticana, en la que las emociones suelen estar muy contenidas, la renuncia de Benedicto XVI ha destapado estos días la sensibilidad de todos.

Sólo el Papa aguanta entero, con una sonrisa de agradecimiento en el rostro pero sin echar aún una lágrima. A sus más estrechos colaboradores no les pasa lo mismo. Ayer le tocó el turno al cardenal Agostino Vallini, vicario para la diócesis de Roma, a quien se le quebró la voz durante el discurso de agradecimiento que dedicó al Pontífice al inicio de la audiencia. A muchos de los asistentes, que recibieron y despidieron a Benedicto XVI del Aula Pablo VI con una ovación cerrada, les pasó lo mismo y también se emocionaron.

Al contar sus recuerdos del Concilio Vaticano II, de cuyo inicio se celebra este año el 50 aniversario, el Papa mostró que tiene la memoria intacta. La edad ha menguado su fuerza física y su vigor, pero bastaba con escucharle para comprobar que, al menos hasta ahora, ha respetado su mente. Durante su alocución, dijo que la Iglesia no es «una organización», sino un «organismo vital que entra en el alma del creyente». «Todos nosotros somos la Iglesia», subrayó, afirmando que ésta no es una «estructura» organizativa.

Trabajo por hacer

El Papa analizó algunos de los documento más importantes del Vaticano II, como la constitución pastoral «Gaudium et Spes», y advirtió a los católicos que las enseñanzas extraídas en aquella asamblea todavía no han sido llevadas a la práctica de forma completa. «Aún queda mucho por hacer para aplicar del todo el Concilio Vaticano II», manifestó.

En su alocución, en la que también habló del nacimiento del diálogo interreligioso y del ecumenismo, se detuvo en el llamado «concilio de los medios de comunicación», que se desarrolló de forma paralela a la labor de los padres conciliares. El Pontífice lamentó que la Prensa interpretase el Vaticano II en clave política, viendo dentro de él «luchas de poder entre diversas corrientes de la Iglesia». Se despidió de los que durante casi ocho años han sido los sacerdotes de su diócesis diciendo que se retira «a la oración» y pidiendo a todos que «sigan adelante con la certeza de que gana el Señor».

El fin anticipado y voluntario del pontificado de Benedicto XVI no sólo ha provocado un gigantesco interés en la Prensa convencional. También los medios católicos intentan explicar las claves de lo sucedido. Para saber cómo se interpreta el gesto del Papa dentro del Vaticano es imprescindible la lectura de «La Civiltà Cattolica», la prestigiosa revista quincenal editada por los jesuitas y cuyos textos cuentan con la aprobación de la Secretaría de Estado.

El editorial de su último número lo dedica a la renuncia pontificia. «Hará falta tiempo para comprender y valorar este gesto», se lee en la publicación, que considera «equivocado» interpretar la decisión del Papa como una «simple renuncia a causa de la debilidad física debido a la edad». «Renunciando al pontificado, Benedicto XVI esta diciendo algo a la Iglesia de hoy: la invita a no temer, a dedicar sus fuerzas para abrirse a los desafíos y a no temer la rapidez y el peso de los cambios», asegura.

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