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El peor momento de Asia Bibi: «Si sale de prisión, la matan» 

En pocas ocasiones como ésta, la ausencia de libertad puede resultar más liberadora. Asia Bibi, la cristiana presa en la cárcel de Sheikhupura (Pakistán) desde 2010 por blasfemia, no quiere, ni debe, salir de prisión. Ni ella ni su familia, encabezada por su marido, Ashiq, y sus cinco hijos, todos ellos, salvo su hija mayor, residentes en la ciudad de Lahore, la segunda mayor de Pakistán. Y eso que podría hacerlo. Si quisiera, Asia podría ver de nuevo la luz del sol. «Ya no está obligada a permanecer en la cárcel», explica a este diario Miguel Vidal, portavoz de la plataforma MasLibres.org, que, junto a HazteOir.org, se encarga de apoyar la causa de Asia más allá de las fronteras pakistaníes. El pasado mes de junio, la Corte Supremo suspendió la sentencia y ordenó la revisión del caso. Fue la primera buena noticia en seis años. De hecho, están esperando que se fije la fecha del nuevo juicio. «Está en libertad condicional. Pero ella prefiere seguir en la cárcel. Sabe que, si saliera, sería un suicidio», explica Vidal. Y a día de hoy, más que nunca.

El pasado domingo de Resurrección, más de 70 personas, en su mayoría cristianas, murieron en un atentado suicidia perpetrado por una facción talibán precisamente en Lahore, mientras celebraban la Pascua. Era predecible. Se trataba de una reacción de los islamistas radicales tras el ahorcamiento de Mumtaz Qadri, asesino de Salman Taseer, gobernador de la región de Punyab. Taseer era un reconocido antiextremista que quería reformar las leyes antiblasfemia del país. Las mismas que condenaron a la muerte a Asia Bibi cuando, en 2009, se negó a aceptar el islam. Entonces, un grupo de mujeres le dijo que, si quería compartir agua con ellas, debía rechazar el cristianismo, pues, si no, la estaba «contaminando». «Pakistán tiene una gran herencia del sistema de castas de la India, los cristianos equivaldrían a la más baja», apunta Vidal. Un día después del atentado, miles de islamistas se manifestaron en la capital del país, Islamabad, reclamando una vieja cuenta pendiente: el ajusticiamiento de Asia Bibi, que resultaría de aplicar la actual ley. «Un imán dictó una «fatwa» contra ella: ofrece 4.000 euros por asesinarla», añade el portavoz. El atentado en Lahore ha sido «una forma de amedrentarlos. Ahora mismo, el peligro es extremo».

La familia y los hijos de Asia han acudido regularmente una vez al mes a la prisión para visitarla. «Pueden hablarla, tocarla… Pero no puede salir de su celda», explican a LA RAZÓN fuentes del entorno de Asia Bibi. No en vano, vive en una celda de máxima seguridad, aislada, y sólo tiene contacto con los funcionarios. Sin embargo, las medidas de seguridad se han extremado. «Tras el ahorcamiento de Qadri, desde el pasado febrero no han podido visitarla. La alerta es muy alta por las amenazas de las organizaciones musulmanes. En todo caso, la semana que viene quieren visitarla. Pero, ¿cómo se encuentra ella? «Se siente bien, porque su fe en Dios está siempre con ella durante este momento tan crítico», añaden.

En este preocupante contexto, su marido, Ashiq, y los niños, viven también bajo este clima de tensión. «Algunos días son más optimistas y están convencidos de que lo conseguirán; en otros, se muestran más pesimistas», dice Vidal. «El entorno en el que se mueven es como el de un guetto cristiano. No salen de ahí, salvo cuando les hemos trasladado a otros países para que den a conocer el caso», explica Vidal. Ashiq continúa trabajando como bedel en el colegio cristiano al que acuden dos de sus hijas. «La familia vive en la escuela bajo una seguridad especial, por lo que están fuera de peligro. Pero todos sentimos que nuestras vidas están amenazadas», aseguran desde su entorno.

La familia asegura que «aunque el Gobierno está bajo la presión de los radicales, Asia Bibi es inocente de las acusaciones. No puede cambiar ahora de opinión». Siempre está presente esa posibilidad remota de que, en el mismo momento en que Asia renunciara a Cristo y abrazara la fe islámica, podría salvarse de su condena. Sin embargo, la respuesta de esta madre pakistaní de 50 años se mantiene incólume desde hace siete años. Desde el mismo día que fue acusada falsamente de blasfemia, Dios hizo que su fe aumentara. Ella dice que sería feliz muriendo como cristiana y que nunca se convertirá al islam.

 

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