Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|domingo, septiembre 22, 2019
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El purgatorio 

En el & 33 de la Spe Salvi (1), se lee: “El corazón tiene que ser purificado (…), liberado del vinagre (…) es doloroso (… pero) así se logra la capacidad para la que estamos destinados.”

Como lugar de aprendizaje de la esperanza el Papa Benedicto dedica a la oración su primera reflexión, citando a San Agustín dice: La oración: “es un proceso de purificación interior que nos hace capaces para Dios (…) y también para los demás.”

“Dios ha de purificar nuestros deseos y esperanzas para librarnos de las mentiras ocultas con que nos engañamos a nosotros mismos. (…) Si Dios no existe, puedo refugiarme en estas mentiras, porque no hay nadie que pueda perdonarme, o que sea el verdadero criterio. Mientras que el encuentro con Dios, despierta mi conciencia para que ésta ya no me ofrezca más una autojustificación, ni sea un simple reflejo de mí mismo y de los contemporáneos que me condicionan.”

Entonces, se abre un camino que lleva a “la transformación en capacidad para escuchar al Bien mismo.”

Me escabullo porque desconozco la obra redentora de Cristo, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí para que fuese liberado de tal lamentable situación. De ahí la necesidad de anunciar la Buena Nueva:

Cristo, el Señor,  ha bajado a los infiernos para anunciar también allí con su presencia la alegre Noticia: el Evangelio de la Vida.

¡Ánimo! que tus pecados están perdonados, Dios te ama. He pagado por todos al Eterno Padre.

(1)La Encíclica de Benedicto XVI, Spe Salvi, fechada el 30 de noviembre, 2007, contiene diez veces la palabra “purificación”, o algún derivado de ella.

La ilusión de inocencia, la ofuscación de la conciencia, la incapacidad de reconocer en mí el mal, dejan entonces lugar a una novedad: Feliz la culpa que nos ha valido tan grande Redentor, exclama el Pregón Pascual. Ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús.

El Papa Ratzinger nos muestra a Cristo en su Descenso al Infierno, a donde va para estar cerca de quienes han sido arrojados allí, para romper las cadenas de la incomunicación, para transformar las tinieblas en Luz, y cambiar el sufrimiento en canto de liberación y alabanza. (Cfr. Spe Salvi, & 37).
Ese Camino de purificación, de maduración y de esperanza está atravesado por la Luz del Amor que es “más fuerte que la Muerte”. “El Amor exige nuevas renuncias de mi yo, en las cuales me dejo modelar y herir (…) No puede existir el Amor sin ésta renuncia también dolorosa para mí, de otro modo se convierte en puro egoísmo (…) se anula a sí mismo como Amor.” (& 38). Pero es a partir del & 48 donde encontramos la enseñanza sobre la realidad del Purgatorio como momento definitivo de la purificación. En este encuentro con Dios, Juez Misericordioso, seremos transformados hasta alcanzar la Unión con Él. Le conoceremos, tal como Él es.
“Que el amor pueda llegar hasta el más allá, que sea posible un recíproco dar y recibir, en el que estamos unidos unos con otros con vínculos de afecto más allá del confín de la muerte, ha sido una convicción fundamental del cristianismo de todos los siglos y sigue siendo también hoy una experiencia consoladora. ¿Quién no siente la necesidad de hacer llegar a los propios seres queridos que ya se fueron un signo de bondad, de gratitud o también de petición de perdón? Ahora nos podríamos hacer una pregunta más: si el «purgatorio» es simplemente el ser

purificado mediante el fuego en el encuentro con el Señor, Juez y Salvador, ¿cómo puede intervenir una tercera persona en este proceso?”

 “Se puede ayudar a los difuntos en su condición intermedia por medio de la oración (cf. por ejemplo 2 Mc 12,38-45: siglo I a. C.). (1) El Oriente no conoce un sufrimiento purificador y expiatorio de las almas en el «más allá», pero conoce ciertamente diversos grados de bienaventuranza, como también de padecimiento en la condición intermedia. Sin embargo (para los cristianos ortodoxos), se puede dar a las almas de los difuntos «consuelo y alivio» por medio de la Eucaristía, la oración y la limosna.”

María, la Hija de Sión desmiente la desesperanza de la cultura moderna, como la que se ha escenificado en “Esperando a Godot” de Bertold Brecht. María, nos confirma la verdad de las promesas hechas a Abraham, el Mesías nace en ella y de ella. Testigo privilegiado en la Encarnación,  como en los misterios de Pascua y de Pentecostés, María nos ayuda con su intercesión ante el ateismo desesperanzador que ha conducido tantos jóvenes al suicidio después de haber experimentado “la angustia existencial”, propuesta por el falso profeta de la “Nada”, Jean Paul Sartre.

María, estrella de la esperanza

“Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, (…) Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf. Jn1,14)?”

“El «reino» de Jesús (…) comenzó en aquella hora y ya nunca tendría fin. Por eso tú permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.” (Spe Salvi, & 49-50).

(1)https://docs.google.com/document/d/162fxHBIrl3yepK2Tc3P4zLAEWW2XQD32GisidNh9lIE/edit

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