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El que me ama guardará mi palabra 

Reflexion, evangelio, hoy

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?». Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho»

COMENTARIO

Ahora todos callan en esta última cena. Solo se escuchan las palabras del Maestro: hay tanto que no comprenden… pero saben que lo que escuchan, será.
“El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”.
Judas, no el Iscariote, recuerda los milagros a las muchedumbres, las multitudes vociferantes que oprimían al Maestro en Cafarnaúm, a la orilla del lago, a la entrada en Jericó, cuando lo avistaban en una plazuela, o allí, ayer mismo, en Jerusalén… él, siempre contento de ir con el Maestro, de ser de su grupo, de los que envió a difundir las buenas noticias de un reino nuevo, del nuevo reino de Dios a las gentes… exultante de repartir los panes y los peces de aquellos prodigios junto al lago… de sentir las aguas sometidas después de un desastre inminente… pero aún recuerda algo con mayor intensidad: haber caminado al lado del Maestro, él solo, aquella tarde por la ribera de allá del Jordán, y escuchado palabras solo para él…
Pero ahora, ¿cómo este Dios y Padre se quiere meter en las entrañas de quien guarde las palabras del Maestro… cómo puede caber en mí Yahve, el Dios Abraham, el Dios de Isaac, el Dios cuyo rostro no pudo ver ni Jacob cuando terminó de luchar con él? ¿qué vértigo zarandea mis sienes?
Judas no puede contenerse y estalla:
“Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?”
¿Qué ha sucedido para que me tomes así, aparte de las multitudes, del trasiego de los días, de los prodigios que se tocan, de lo que todos ven? ¿Para que vengas a mí con el Padre, a mí, como aquella tarde, contigo, en la ribera de allá del Jordán…?
¡Señor!

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