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“El racismo es un problema real, pero es parte de un problema mucho más grande” 

Sin embargo, parece que nadie quiere oír buenas noticias. Es un momento difícil para pensar claramente. Los ánimos están muy alterados. Es una situación muy complicada. Un vídeo repugnante de un policía matando lentamente a un hombre negro desarmado. Un terrible estallido de violencia -generalizada e inimaginable-; una explosión no sólo de tensión racial, sino de frustración por un confinamiento que ha durado dos meses debido a la amenaza de un virus invisible. Una nación polarizada en la que unos y otros se insultan gravemente. La civilización se derrumba.

Ver todo esto ha sido surreal, especialmente porque todo ha empezado en mi ciudad natal, a escasos minutos de donde yo vivo. En Minnesota estamos acostumbrados a que nos ignoren. Y que de repente todo el mundo se quede mirándonos boquiabierto en las noticias ha sido extraño.

Escrito en las paredes de la ciudad se lee el nombre del ahora reverenciado George Floyd. Pero también se puede leer la expresión sucinta que consiste, mayormente, en la palabra vulgar, antes imposible de publicar, que ahora se utiliza como verbo, nombre y adjetivo. Y en todas partes la frase: “Sin paz no hay justicia”, que es absolutamente verdad.

Pero el vandalismo no es justicia. El saqueo no es justicia. Los incendios provocados no son justicia. La venganza no es justicia

Y los oficiales de las fuerzas del orden y los soldados de la Guardia Nacional, llegados para reprimir la violencia, no han traído la paz. Sólo han parado los disturbios. Como dijo G.K. Chesterton: “La paz sin amor sólo es pánico enmudecido”.

Hagamos signos que demuestren esto. Hagámoslos por todas partes.

La paz sin amor es sólo pánico enmudecido. El odio nos convierte en monstruos. Mientras las personas se sigan odiando y culpándose unas a otras, no habrá paz. Sólo habrá miedo y violencia, ya sea de los blancos contra los negros, de los negros contra los blancos, o de un cualquier grupo contra otro grupo.

El racismo es un problema real, pero es parte de un problema más grande: el pecado.

Y hasta que no admitamos este problema, lo único que tendremos es más problemas. Consideremos el hecho de que cada día se acaba con la vida de miles de personas inocentes. Pero si el vídeo de un aborto tardío, horroroso como es, se convirtiera en viral, ¿causaría indignación? ¿Y por qué no? ¿Por qué se ataca a los pacíficos activistas provida?

No habrá justicia en una nación en la que el aborto es legal y en la que quienes intentan exponer su maldad son considerados criminales. Una nación en la que la gente, de manera rutinaria, asesina a bebés porque son bebés, matará a los negros porque son negros y lanzará bombas incendiarias y romperá vitrinas porque produce satisfacción hacerlo. La justicia no puede fundarse en el pecado.

No habrá justicia en una nación en la que las iglesias no son consideradas esenciales. La Iglesia es el lugar donde te enfrentas a tu pecado, lo confiesas y encuentras la paz. No hay paz sin Dios.

Necesitamos a Dios para que nos perdone; y necesitamos perdonar a los que han cometido pecado contra nosotros. Esto traerá la paz. La paz sin amor sólo es pánico enmudecido.

Pero hay otro problema sobre el que nadie quiere hablar. Es difícil hacerlo, pero si no lo reconocemos, la rueda seguirá rodando y la sociedad continuará su camino de perdición. La institución que, más que ninguna otra, ha causado el caos actual es el sistema público de educación. Según G.K. Chesterton, la educación se supone que es sólo la verdad en un estado de transmisión. Es transmitir la verdad de una generación a otra. Pero si en los colegios no se enseña la verdad, no se está enseñando nada, y estamos siendo testigos de las consecuencias catastróficas que tiene el que no se haya enseñado la verdad durante generaciones. Tampoco se han enseñado la bondad y la belleza. Por eso la gente es infeliz, está enfadada y no tiene esperanza.

Los colegios públicos son fábricas de falacias a la moda. Una filosofía materialista invade la formación de los estudiantes, a los que se les enseña que la humanidad es, en sí misma, sólo una afortunada combinación de elementos químicos, que el hombre es sólo una bestia más del espectro, que la economía es sólo la lucha por el pan, que el amor es sólo sexo, que la literatura es  vociferación y la civilización una prisión opresiva construida por el varón blanco cristiano. Pero la Evolución significa que todo está mejorando. Todo lo que impide el progreso y la eficiencia es malo. El pasado es el culpable. El pasado es malo. Lo nuevo es bueno.

La filosofía del progreso ha estado avanzando a tropezones de manera constante durante los últimos doscientos años. Ha seguido chocando con lo que Chesterton llama un “shock saludable” que es “toda la filosofía de la Caída del Hombre”.

Nuestros colegios no enseñan la verdad porque no enseñan la realidad fundamental del pecado. Es esta realidad la que desarma cualquier filosofía política y social. El pecado tiene una única solución: la Encarnación, la Verdad que conforma cualquier otra verdad. Pero esta es la Verdad que ha sido eliminada de nuestro sistema educativo obligatorio, y las mentes de nuestros niños y ciudadanos han sido formadas sin ella. A la vista de todos están los resultados.

Pero he dicho que tenemos buenas noticias. La noche en que mi ciudad ardía, yo acogía un sesión online de la Chesterton Schools Network [Red de Escuelas Chesterton]. Cientos de personas de todo el país (y de Canadá) se habían apuntado. La buena noticia es que el próximo otoño se abrirán doce nuevas Academias Chesterton y que habrá treinta escuelas en la red, resultado de ese inicio de hace doce años con sólo diez estudiantes sentados alrededor de una mesa justo aquí, en Twin Cities. La buena noticia es que hemos visto mucho entusiasmo, ánimos y esperanza a medida que los directores de las escuelas hablaban sobre las cosas buenas que sucedían en sus colegios y nos contaban historias de fe, alegría y de luz en la oscuridad. La buena noticia es que cada vez hay más personas que quieren iniciar una Academia Chesterton en su ciudad.

Esta red creciente es parte de un renacimiento educativo desde la raíz, que está recuperando la verdad, la bondad y la belleza para un mundo hambriento de ellas. Hemos empezado a reconstruir la civilización incluso cuando esta se desmorona a nuestro alrededor.

Publicado por Dale Ahlquist en Catholic World Report.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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