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El reino de Dios, dentro de mí 
12 de Noviembre
Por Victoria Luque

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: -«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»

Dijo a sus discípulos: -«Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.» (Lc. 17, 20-25)

Es curioso que esta lectura de san Lucas está hoy en línea directa con otra lectura del Libro de la Sabiduría, que dice así: “La sabiduría es un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, móvil, penetrante, inmaculado, lúcido, invulnerable, bondadoso, agudo, incoercible, benéfico, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, todopoderoso, todo vigilante, que penetra todos los espíritus inteligentes, puros, sutilísimos. La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento, y, en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo; porque es efluvio del poder divino, emanación purísima de la gloria del Omnipotente; por eso, nada inmundo se le pega. Es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad”.

Es decir, según mi corto entender, quien tiene la sabiduría de Dios, tiene a su vez el reino de Dios dentro de sí. O lo que es lo mismo, habita en su ser humano, limitado, la gracia del Padre, del Hijo y del Espíritu santo. Y eso se nota, vaya si se nota… perfectamente distinguimos a nuestro alrededor personas “habitadas” por el Señor, que viven ya aquí en la tierra esa experiencia del amor de Dios, que inunda y contagia todo lo que toca.

¿Y cómo puedo yo favorecer que esa Sabiduría móvil ponga su casa en mí? Entre otros rasgos, conviene señalar que Dios es continuo movimiento, recordemos las palabras de Jesús a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice “dame de beber”, tú le pedirías y él te daría agua viva”, o más adelante: “Cualquiera que bebiere de este agua volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Jn. 4: 10, 13,14). Es decir, ese Reino de Dios que ya podemos degustar en alguna medida aquí en la tierra, es creativo, provoca una continua actividad en el interior de la persona; la hace vivir en plenitud. También en la Biblia, al referirse al Paraíso se habla del río de agua de vida que fluye del trono de Dios y del Cordero… es decir, que esa Vida sobrenatural procede de Dios a través de Cristo Jesús.

Pues ¿cómo propiciar ese reino vivo dentro de nosotros? Primero, habría que hacer notar que es Cristo Jesús el que pone el deseo en el corazón de saciar la propia sed (“Quien tenga sed, venga a mí y beba”), que nadie se llame a engaño, es Él el que con su gracia propicia el acercamiento; después, creo, habrá que poner por obra, con su gracia, las palabras de Isaías: “aprended a hacer el bien, buscad la justicia, reprended al opresor, defended al huérfano, abogad por la viuda”.

                                                                                                                              

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