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El Señor Jesucristo reinó desde la Cruz 
03 de Agosto
Por Francisco Javier Sánchez

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús le intimó: «¡Cierra la boca y sal!»
El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: «¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.» Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca (San Lucas 4, 31-37).

COMENTARIO

Buenos días hermanos en Cristo. En este pasaje del Evangelio de San Lucas podemos ver, entre otras cosas, lo siguiente:

En primer lugar, la sorpresa que causa a los oyentes escuchar al Señor Jesucristo. No habla como los otros líderes religiosos. Habla con una autoridad que les sorprende.

En segundo lugar, vemos que da órdenes a los espíritus inmundos y éstos obedecen. No hay equlibrio de fuerzas entre el bien y el mal. El Bien está por encima. Les guste o no, los espíritus malignos reconocen la autoridad del Señor.

En tercer lugar, independientemente de las controversias que se dan dentro y fuera de la Iglesia, vemos que el demonio existe. Tanto éste como otros Evangelios son muy claros al respecto.

Supongo que muchos de nosotros hemos tenido ocasión de escuchar homilías en las cuales se dice que el demonio no existe. Que se trata de una forma simbólica de referirse al mal. En mi humilde opinión, los Evangelios no dicen éso. El demonio existe y es un ser personal.

De todas formas, lo importante es que Nuestro Señor Jesucristo reinó desde la Cruz. Ha vencido al mal, al pecado y a la muerte.

Os deseo un retorno del verano lo mejor posible. Un abrazo en Cristo.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna, amén.

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