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El Señor rige el orbe con justicia 

El mundo es actualmente más violento que en 2009. Ésta es la conclusión más alarmante del Global Peace Index (Índice Mundial de la Paz, GPI) que se publicó el 7 de junio y que refleja cómo los conflictos se han intensificado y cómo la inestabilidad se ha incrementado, dos fenómenos directamente vinculados con la recesión económica que comenzó en 2008. Este estudio cuantifica la paz mundial y demuestra que por segundo año consecutivo se han incrementado la violencia y el número de guerras en el planeta. El índice, que ha sido elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz (IEP) y que incluye 149 países, arroja datos inquietantes sobre los múltiples problemas ecológicos (Chernobil, Exxon Valdez, Deepwater Horizon), demográficos (hambre, inmigración), militares, etc.

El Señor gobierna a las naciones con justicia (Sal 97, 9). Pero, ¿qué justicia es esa, Señor, –cabe lamentarse- cuando vemos la Cruz ante nosotros y al Mundo crucificada en ella, y a nosotros y a nuestros hijos penando en ella? ¿Cómo puedes Tú, oh, Dios, conducir la historia cuando vemos estos días el fuego cruzado de los antisionistas que quieren “echar los judíos al mar” contra los judíos que ametrallan y hacen estrago de diez muertos en las costas de Gaza tratando de impedir que se vulnere la soberanía de Israel con una flotilla favorable al terrorismo de Hamás?

Sin embargo, la Palabra de Dios es clara: el Señor lleva la historia y conduce las naciones con rectitud. Y la Palabra de Dios no defrauda. ¿Pero cómo puede ser esto así cuando vemos un mapa de potencias políticas enfrentadas a muerte, un planeta amenazado por una civilización sobre la que pende como una espada de Damocles la autodestrucción nuclear y climática?

Sabemos por el conflicto de las dos coreas y la nuclearización de Irán que la DMA (Destrucción Mutua Asegurada) no es una pesadilla superada tras el fin de la guerra fría. Bastaría un estallido en la escalada de violencia internacional para una reacción en cadena. El conflicto bélico mundial se desbocaría entonces como el fuego por un pastizal. La globalización posterior a la caída de la URSS no ha traído consigo el Fin de la Historia ni la Paz Perpetua, sino el 11-S, el 11-M, el 7J, una guerra que sigue a otra guerra como una ola sigue a otra ola, muerte sobre muerte y sangre sobre sangre, en una cadena interminable de venganzas recíprocas. Hoy la guerra está en todas partes. La crisis financiera amenaza con llevar a la bancarrota países enteros como fichas de dominó que caen en hilera: Dubai, Grecia, España, Portugal, Hungría, suma y sigue… Los movimientos especulativos en las grandes finanzas que hunden países para manejarlos políticamente son otra forma, y no menos cruda, de violencia guerrera.

El Mundo está crucificado y nosotros con él. Somos parte de este mundo que está clavado a la existencia con tormentos hondísimos de los que nadie puede desclavarnos. La violencia tiene al mundo entero crucificado. Los castigos del enfrentamiento entre plataformas geopolíticas rivales son hondísimos. La carrera armamentística no declarada entre la UE y los EEUU en un proyecto militar europeo dominado por Francia y Alemania que minará la OTAN. El BRIC contra la OPEP. La estrategia de una nueva Yihad islámica, orientada a la globalización islámica del Mundo llevada a cabo en el nombre de Alá, frente a la globalización alcanzada por el sistema capitalista y que opera mediante tres armas: la extensión de las finanzas islámicas que dominarán estratégicamente el mercado, la inmigración masiva y la presión demográfica de los musulmanes que pretenden invadir gradualmente occidente convirtiéndose en el grupo mayoritario de estas sociedades. Y, por supuesto, el terrorismo salafita. Los países islamistas de Oceanía intentan tragarse Asia por el norte y Australia por el sur. Australia y China contienen con violencia a veces extrema a estos países islamistas hiperpoblados de hasta 220 millones de musulmanes dispuestos a la guerra expansiva. EEUU instrumentaliza Israel como “estado tapón” entre Europa y las potencias islámicas que quieren islamizar Europa a fin de reinstaurar el califato y convertir el eje eurasiático en una Eurabia, desde donde tragarse el orbe entero. Los países sudamericanos del socialismo bolivariano, productores de petróleo que se alían con Irán contra EEUU…

¿Dónde estás, Señor? ¿Podemos creer que guías con sabiduría esta historia? Y como respuesta surge desde el centro de esta Cruz histórica, de esta Cruz que somete a esta sociedad global que no ha hecho más que comenzar y que anuncia ser milenaria, un pueblo hecho de pequeños clanes, de familias, verdaderas tribus que se extienden por todo el mundo, a través de los cuatro puntos cardinales señalados por los travesaños de esta Cruz que abarca el orbe completo con sus dolores de suplicio.

Desde el seno de la muerte se alza un pueblo vivificado por el espíritu profético prometido para este Mundo sumido en la violencia a fin de revelar el verdadero rostro de Dios, que es Amor al enemigo, Amor en la dimensión de la Cruz. Un pueblo que nació en la nada, en el Tsimtsum, en la locura de la Kenosis, del anonadamiento total por amor a Cristo, y Cristo crucificado. Este Siervo de Yahvé hecho de cientos de miles de hermanos, surgió por pura misericordia de Dios como testimonio de la Resurrección para el mundo doliente. Y este pueblo de pequeñas comunidades se yergue ahora desde lo hondo del sepulcro para manifestar el hecho de la resurrección y el poder de Dios sobre la muerte y el pecado, mostrando al mundo las yagas que testimonian que Cristo está Resucitado. Dios mismo hace rodar la inmensa piedra de la muerte y saca este pueblo desde la oscuridad del sepulcro a la luz pascual para iluminar y sazonar el mundo con el mismo Espíritu de Cristo resucitado.

Ante nosotros surge un pueblo numeroso nacido del “sí” dado a una inspiración virginal, obedecida por hombres débiles, pobres, también vírgenes, que han engendrado, sin embargo, miles de hijos en Cristo Jesús. Un pueblo que en los inicios era apenas un grano de mostaza y que, sin embargo, será el Camino para revelar a Cristo en la Cruz de este tercer milenio, que es el cuerpo de Cristo en la Cruz para los hombres de este tercer milenio.

Dios ha usado nuestra violencia, la violencia de las naciones, con rectitud, con sabiduría, con paciencia, sin ira ni reacciones violentas. Dios ha ejercido un gobierno calmo y prudente: como cordero que va al degüello ha entrado voluntaria, mansamente, en la Cruz labrada por la materia de nuestros pecados. A través de este pueblo completa lo que falta a la pasión de Cristo en este eón, en este cambio epocal que no ha hecho más que comenzar, con la desaparición del hecho de la cristiandad sociológica y la novedad histórica de la globalización. Nadie conoce el futuro pero podemos discernir los signos de este hoy, de este tiempo presente.

Este pueblo anuncia a nuestros mayores la gratuidad de la fe y da testimonio de una Iglesia renovada donde el Concilio Vaticano II se realiza en un pueblo en marcha, que camina por las sendas de la Nueva Evangelización para este Tercer Milenio.

Este pueblo ha cruzado el Jordán en un camino de comunión entre Oriente y Occidente, con el resto de ritos de la Iglesia universal y los hermanos separados, donde el ecumenismo se materializa en comunidades de hermanos que celebran la Liturgia y la Palabra que es nuestra Tradición viva común.

Este pueblo muestra a Israel, el pueblo elegido por Dios, que su Alianza es irrevocable, mediante la veneración de sus tradiciones litúrgicas y sapienciales que fueron asumidas y transfiguradas por Cristo Jesús y son actualmente vividas de manera intensa en el seno de estas comunidades.

Este pueblo anuncia a los paganos y alejados llamados a conversión la Buena Nueva del perdón de sus pecados y el cumplimiento total de las exigencias de felicidad de su corazón mediante el signo Bautismal, desarrollado en un régimen de pequeña comunidad, donde se vive en humildad, sencillez y alabanza, y el otro es Cristo.

Dios se ha servido del pecado, de nuestras culpas, las culpas de todas las naciones, de las naciones de la cristiandad, de las naciones ateas, neopaganas, de las naciones islámicas, anticlericales, anticristianas o procristianas, de los estados católicos y de los estados masónicos y secularizados, y se ha elegido un cuerpo, donde manifestarse glorioso en la debilidad del que reina crucificado. Dios está resucitado y gobierna desde esta Cruz de las naciones, y ha usado el pecado de las naciones para manifestar una gracia mayor.

¡Oh, feliz culpa! Donde abundó el pecado ha sobreabundado la gracia. Dios revela así como cordero degollado la falsedad de todos los becerros de oro, y se manifiesta como el León de Judá, como el mayor Rey, como el mejor hombre de Estado, que puede convertir esta aldea global en una aldea celeste, esta Ciudad del Mundo en reflejo de la Ciudad de Dios.

Ciertamente, el Señor ha gobernado las naciones con rectitud. Bendito sea el Señor, ¡sea Bendito y alabado!

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