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El signo de Dios para hoy 
18 de Julio
Por Alfredo Esteban

Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos: “Maestro, queremos ver un signo hecho por ti.” Más él les respondió: “¡Generación malvada y adúltera! Un signo pide, y no se le dará otro signo que el signo del profeta Jonás. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.  (Mateo 12, 38-42)

Aquí, dice la lectura de hoy, hay un acontecimiento más grande que Jonás y más que la sabiduría de Salomón. Me pregunto ¿por qué esta Palabra de hoy es más grande que Jonás y más que la sabiduría de Salomón? ¿tenemos las mujeres y hombres de hoy necesidad de trascendencia? Si nos miramos hacia adentro podremos contestar a estas preguntas y a otras tantas que podríamos plantear, por ejemplo: ¿es posible tener en cuenta a los otros? ¿los que se parecen a mí o los que son distintos? ¿es posible amarnos los seres humanos tal como somos? ¿es posible amar a los enemigos? ¿es posible llevarnos bien con los que tenemos cerca?

Desde el punto de vista de la fe esto parece posible, así lo ha vivido un hombre al que los creyentes proclamamos Hijo de Dios. Este hombre es Jesús de Nazaret que después de pasar por este mundo haciendo el bien ha sido condenado a muerte, ha estado tres días muerto y enterrado, pero al que Dios Padre resucita, lo sube al Cielo y lo sienta a su derecha. Con Él, a los hombres y mujeres de esta y de todas las generaciones se nos abre el camino de la vida llamándonos a vivir la plenitud aquí en la tierra como en el Cielo. Esta noticia o acontecimiento novedoso es al tiempo sorprendente, emocionante y revolucionario porque nos permite aceptarla y nos capacita gratuitamente para pasar por la muerte sin perder la vida al que los seres humanos damos el máximo valor, esta vida se manifiesta de manera exquisita en el Amor que Dios tiene a todos los hombres. Esta es hoy la noticia por excelencia ya que no cabe mejor noticia que la de podernos amar los unos a los otros como Dios nos ha amado en la dimensión de la cruz de Jesús de Nazaret, Señor y dador de vida como dice la liturgia de la Eucaristía.

Llamarnos a la vida o abrirnos el Cielo es lo mejor que nos podía suceder ya que conecta con el deseo que tenemos de vivir y vivir bien, no solo económicamente sino también en relación con los demás, donde podamos ver en el otro no un enemigo sino un ser de nuestra misma naturaleza, amigo, compañero, vecino, compatriota, hermano, seamos del país que seamos, de la piel que vistamos o la creencia que tengamos. Esta es la vida que se nos anuncia a todos y por eso es hoy una buena noticia: hemos nacido y estamos creados para la vida y no para la muerte, estamos en este mundo para darnos cuenta, para aprender y practicar, que solo amando y que solo teniendo en cuenta al otro se puede vivir bien. Ahora bien, esta buena noticia tiene dos caras: una, que no es el ser humano el que se da la vida a sí mismo y esto irrita y enfada porque topamos con la limitación, y la otra es que es otro el que da la vida, la vida viene de Jesús Hijo de Dios que nos ha traído la condición de ser hijos de Dios y por tanto nos ha traído la belleza, la libertad, la justicia, la paz, el bien y el amor.

La primera cara está bien reflejada en la primera parte de la Palabra de hoy, a Jonás Dios le hace un encargo pero a él, como se tiene que organizar su vida, ¿qué le importa lo que suceda en Nínive? Se busca la vida a su manera, como nosotros, él tiene que encontrarse consigo mismo y para esto le ayudan los acontecimientos del viaje, la tormenta, la ballena y pasar tres días en su vientre. Estos hechos le hacen cambiar de rumbo y hacer caso al encargo que Dios le ha hecho, ir Nínive y predicar, escuchando a Jonás, aquella generación cambió el rumbo de su vida. También hoy nos toca decir esto a nosotros: es posible cambiar de rumbo para experimentar que la vida merece la pena ser vivida, ser amada y ser entregada. Aquí, en esta Palabra hay uno que es mayor que Jonás y también mayor que el rey Salomón y no es otro que Jesucristo.

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