Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, septiembre 23, 2020
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El silente naufragio de la humanidad 

La noche invernal y angulosa arremetió súbitamente en el páramo, y en pocos minutos la llanura se anegaba en una oscuridad áspera y obscena. Tras ocultarse el sol, se deslizó sobre la landa un álgido susurro acompasando el avance de las sombras. Las aromáticas que tapizaban la meseta parecían cadáveres informes, aún más negros si cabe; las pocas nubes que flotaban en el cielo, monstruos negruzcos desfigurándose a sí mismos; y el derruido monasterio que resistía sumiso el paso del tiempo en callada mansedumbre, se desdibujaba en la cercana percepción mientras sus torres y el cimborrio se erguían como inmóviles fantasmas. No corría un hálito de brisa y la calma era tan espeluznante que un temblor espasmódico sacudía las entrañas dejando la piel entumecida.

En la sala exagonal había concluido la primera comunicación de la M.I.E.N.T.E. Muestra Internacional en Nuevas Tentaciones Evolutivas. Y entretanto, surgió como siempre, un chismorreo que se hacía insoportable, mientras los asistentes, visiblemente alterados, se agitaban sudorosos e inquietos.

En seguida se levantó Abigor y acalló el guirigay. —Ahora os quiero presentar a Agathión, que va a desarrollar la segunda ponencia, cuando consigamos el imprescindible silencio sepulcral. El murmullo se fue desvaneciendo mientras en el fondo de la sala se levantaba un individuo cabizbajo para acercarse pausadamente al estrado.

—Me llamo Agathión, soy tercera jerarquía de la saga de Belial y la ponencia  que voy a desarrollar se titula “El silente naufragio de la humanidad”.

—Como sabéis, los siete príncipes llevan ya mucho tiempo dedicados casi ininterrumpidamente a la familia humana. Cada uno desde su particular esencia ha realizado un trabajo tan efectivo como no se había visto en la historia.

El primer espacio donde comenzamos a trabajar fue en la maravillosa “ideología de género”, una fantástica idea de Asmodeo, que está reportando unos resultados inimaginables. Aprovechar la repulsa que existía a la homosexualidad para confundirla con odio, rechazo y desprecio a la persona homosexual ha sido una idea sencillamente genial. Ya sabéis que los mortales no deben despreciarse entre si; y como confunden fácilmente la acción con el sujeto…, han pasado del rechazo de la acción a la sensibilización favorable hacia los homosexuales y como era de esperar, hacia a sus prácticas. Tanto es así, que en muchos países se está convirtiendo en moda. La jugada ha sido perfecta: a partir de los años sesenta incitamos a la mujer a desear ser como el hombre a través del feminismo, y en los ochenta, atrajimos a los hombres hacia la feminidad de la mujer. Paralelamente, se ha conseguido demonizar todo aquello que huele a “macho”, y esto ha sido ya pluscuamperfecto.

Agathión hizo una breve pausa y los asistentes aprovecharon para olerse unos a otros y hacer ademanes y aspavientos alambicados. Sus gritos estridentes parodiaban voces aflautadas: “¡hueles a macho!, ¡hueles a macho!”… Agathión miró a la mesa principal como preguntando qué podía hacer, pero poco a poco la sala quedó en un lúgubre silencio.

—¿Qué está produciendo esta situación?: —prosiguió- Sobre todo, rotura en la entidad familiar. Como sabéis, pocos homosexuales mantienen una relación estable, y aun teniéndola, nunca trasciende en una nueva vida, obviamente, por la imposibilidad de procreación.

Estamos en el comienzo. Debéis seguir este sendero; todavía quedan muchísimos países donde aun ni se ha podido iniciar el proceso. Apelar a los derechos humanos, a la ONU, a Amnistía, a la Unesco, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, al Consejo de Europa, etc. Si convencemos al mundo de que todo individuo tiene derecho a elegir su identidad sexual al margen de la genética, habremos marcado una huella indeleble en el camino que desemboca en el silente naufragio de la humanidad.

La noche había cuajado su negrura más oculta y un viento gélido aullaba inmisericorde levantando las hojas secas hacia un cielo hermético, tenebroso y perdido, como la esperanza de los hombres confundidos por el mal. Porque el mal tiene sus propias secuelas. Hunde sus grilletes en la voluntad y la transforma y moldea en laxa, blanda y amanerada.

Ante la primera pausa de Agathión, los asistentes aprovecharon para cuchichear y removerse. En este momento brotaban varios focos de violencia y el silencio se fue desmoronando para precipitarse en una turba chillona de estridencia y aspavientos. Asmodeo pegó un golpe seco sobre la mesa poniéndose de pie y el silencio de nuevo fue recobrando su lugar.

—El segundo espacio donde nos estamos moviendo con un éxito sin precedentes es en el aborto, rebautizado por Behemot como interrupción voluntaria del embarazo. ¡Qué éxito tan indescriptible! Hasta los humanos más cultos e inteligentes han claudicado… Pandemonium es una fiesta inenarrable. Reconozco que no estuvimos geniales en los setenta, cuando intentamos convencer a los mortales de que en el embrión no había vida, por tanto no era un ser humano; muchos de los que ellos llaman progresistas picaron, sin embargo era obvio que la ciencia, tarde o temprano, iba a rebatir nuestra propuesta demostrando la evidencia. Entonces, en la última década, con un rápido giro de timón y habiendo reconocido que sí hay vida, lo absolutamente fundamental era que a la mujer se le reconociera el derecho a elegir y a evitar un grave peligro para su vida o su salud física o psíquica. Y aquí, pérfidos ofidios, los mortales han entrado en aluvión, sin raza ni condición: ricos y pobres, cultos e ignorantes, agnósticos y creyentes, poderosos y sumisos, hombres y mujeres, padres e hijos… ha sido, en fin, una culminación triunfal en el ámbito de la familia humana que nos está reportando un sinfín de fracasos, traumas, frustraciones, depresiones y fracturas irreparables en la vida de las que lo ponen en práctica. Pues, como ya habréis comprobado, en esta generación, la clave está en el derecho, convencer a las criaturas que tienen derecho a todo lo que les convenga, y fascinados y seducidos ya por poseer la capacidad para discernir y decidir lo que les conviene y lo que no…, han entrado a trapo. ¿Cómo una pobre chica de 15 años, que se queda embarazada sin quererlo, que no tiene recursos, que sus padres la culpan y reprueban, va a ir a la cárcel si aborta? ¿Es eso humanidad…? ¿Es eso lo que hacen los buenos creyentes con una indefensa chica con problemas?  Supongo que entendéis que por aquí está la llave que abre el portón de la voluntad, esa voluntad del individuo que le concederá decidir sobre lo que está bien y lo que está mal.

En el exterior solo se sentía el siribiri que daba un poco de resplandor a esa noche tenebrosa y horrífica. La tierra se había mojado y olía bien, pero el frío era húmedo y pesado. El aullido agudo del viento gemía de lejos y parecía que no quisiera tocar la paramera, se oía como se acercaba y de pronto, rolaba hacia oriente alejándose despavorido.

—El tercer espacio donde debemos movernos, y de hecho ya se ha comenzado a dar los primeros pasos, es en la esterilización. ¿Dónde tiene cabida? ¿Cómo podemos intervenir? ¿Cuál es la puerta de entrada?: la superpoblación ante los recursos naturales. Siempre debemos relacionarla con la demografía; la madre tierra no podrá proporcionar recursos para tanta gente y acabará agotándose. Para que esto no ocurra y se pueda disfrutar del bello planeta solo existe una solución: la esterilización masiva. Pero la acción no debe ser consultiva o voluntaria, sino obligada por ley. Si esto lo dejamos a la voluntad del individuo, ya sabéis lo que ocurrirá con las familias cristianas, que se pondrán a tener hijos y sería el remedio peor que la enfermedad, tendríamos cada vez menos ateos y sin embargo más cristianos.

Un murmullo histérico recorrió la estancia. Muchos asistentes no podían escuchar la palabra cristiano, les ponía nerviosos, les alteraba tanto que incluso algunos padecían tics nerviosos; otros se quedaban catatónicos vertiendo espumarajos por su hedionda boca, había quien se mesaba los cabellos hasta arrancárselos a mechones; unos emitían un persistente y grave sonido gutural con la cabeza escondida entre las piernas; un grupo de la zona oeste se golpeaba fuertemente las sienes y muchos se tiraban al suelo con fuertes convulsiones espasmódicas.

Agathión quedó mudo mirando a la mesa principal donde descubrió en Mammón un ademán reprobatorio hacia su persona. Advirtió entonces que tal vez no debía haber mencionado a aquellos seguidores del Enemigo, que reflejaban en sus mentes la humildad, provocando una excitación incontrolable en sus demoníacos compañeros. Por fin, los depravados seres se fueron serenando hasta que la sala quedó muda.

—Bien, el último entorno donde debemos comenzar a trabajar es en la eutanasia. Ya se ha iniciado el proceso en los países más progresistas, pero os podéis imaginar que todavía hay mucha tarea por delante. Se ha creado, por parte de Belial el acertadísimo concepto “muerte digna”; que está produciendo unos frutos espectaculares; sigamos por ese camino. El derecho, como veis, vuelve a aparecer. Potenciando el relativismo y el subjetivismo, es la mejor manera de ocultar la verdad; todo humano tiene derecho a su verdad, por tanto todas deben ser respetadas, y si alguien quiere morir, pero no puede hacerlo solo, se debe respetar y procurar su voluntad.

Estos son los cuatro grandes espacios donde movernos para conseguir nuestro propósito, la desaparición de la humanidad a través de la destrucción de la familia: la ideología de género, el aborto, la esterilización y la eutanasia. Hay más ámbitos de trabajo, pero hoy en día son de carácter menor. Estos cuatro bien aplicados darán un resultado espectacular. Hay países donde el 70 % de sus habitantes viven solos. Esa es la demografía que nos interesa, pues en 30 años, de esa civilización solo quedará una multitud de ancianos solitarios. Esto se logra insistiendo con tenaz obstinación en estos ámbitos. Y comprobaréis poco a poco, secretamente, desde la subrepticia apariencia, como se va forjando lentamente, el silente naufragio de la humanidad.

La noche se hundía en la negrura y apenas apareció una tenue luz en el horizonte que iluminó el páramo, brillaba en la tiniebla y la tiniebla no la recibió. El viento sopla y se oye su voz; más no se sabe de dónde viene, ni a dónde va. Las ruinas del monasterio, calladas e inmóviles parecían elevar su plegaria en la umbría ajenas al tiempo y a la muerte, participando de la sangre y de la carne, así también como participó Él de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud.

En la incomprensión, en la angustiosa soledad de las sombras amanece la esperanza de un hálito de luz, que brilla en la tiniebla para sofocar de una vez para siempre la oscuridad del mal.

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