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El Sínodo profundizará en «los problemas de los matrimonios» 

Francisco pide a los hogares católicos que recen para que la Iglesia sepa afrontar los retos actuales

 El Papa Francisco publicó ayer una carta dirigida a todas las familias católicas en la que solicita su apoyo a través de la oración para el proceso de reflexión y debate que abre la Iglesia en el próximo mes de octubre, cuando se celebrará en Roma la Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos para tratar el tema de la pastoral familiar «en el contexto de la evangelización». El debate de este encuentro, que continuará en el Encuentro Mundial de las Familias convocado en la ciudad estadounidense de Filadelfia en septiembre de 2015 y en la Asamblea ordinaria del Sínodo que tendrá lugar en Roma al mes siguiente, tiene una gran importancia para toda la comunidad cristiana, subrayó el Pontífice.

«Esta Asamblea sinodal está dedicada de modo especial a ustedes, a su vocación y misión en la Iglesia y en la sociedad, a los problemas de los matrimonios, de la vida familiar, de la educación de los hijos, y a la tarea de las familias en la misión de la Iglesia. Por tanto, les pido que invoquen con insistencia al Espíritu Santo, para que ilumine a los Padres sinodales y los guíe en su grave responsabilidad», pidió Francisco. Deseó que gracias a la oración de todos los cristianos, estos encuentros sirvan para que la Iglesia emprenda un «auténtico camino de discernimiento» que le permita adoptar «los medios pastorales adecuados» para ayudar a las familias. De esta manera, éstas serán capaces de afrontar los retos que plantea la sociedad contemporánea «con la luz y la fuerza que vienen del Evangelio».Tras comenzar su carta diciendo que se presentaba «a la puerta» de la casa de las familias para hablar del Sínodo del próximo otoño, Francisco volvía a exaltar la vocación familiar, a su juicio tan valiosa como la sacerdotal o la de la vida religiosa, como ha explicado en ocasiones anteriores. «En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús: Él nos ofrece su Palabra, que ilumina nuestro camino; nos da el Pan de vida, que nos sostiene en las fatigas de cada día», dijo el Papa.

Además de pedir la oración para el Sínodo, lo que constituirá «un precioso tesoro que enriquecerá a la Iglesia», también imploró a las familias que recen por él, «para que pueda servir al Pueblo de Dios en la verdad y en la caridad». En su empeño por reconocer el valor de la vocación del laico de casarse y tener hijos, el Papa estaría planteándose la creación de un nuevo «ministerio» vaticano dedicado a esta parte de la comunidad cristiana y con rango de congregación. Lo desveló el cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa y coordinador del Consejo de ocho purpurados que asesoran al Pontífice en la reforma de la Curia romana y le ayudan en el gobierno de la Iglesia universal.

Antes, en la homilía diaria de Santa Marta, el Obispo de Roma se fijaba en los más pequeños de la casa para denunciar las condiciones en las que viven millones de niños refugiados fruto de los conflictos armados y ha arremetido contra los fabricantes de armas. «El fruto de la guerra son niños muertos de hambre en los campos de refugiados, mientras los fabricantes de armas hacen fiesta en los salones», denunció.

En este sentido, cómo los patrones de la industria del armamento, que fabrican las armas «hacen fiestas en grandes salones» frente al «niño que muere de hambre y que está enfermo en un campo de refugiados». Por ello, advirtió de que la paz no puede ser sólo una «palabra» y exhortó a todos los cristianos a no «acostumbrarse» al «escándalo» de la guerra. A su juicio, este contraste evidencia «cómo se alejan los corazones cuando nace la guerra». Asimismo, explicó cómo constata «amargamente» que todos los días en los periódicos se narran guerras y que «los muertos parecen formar parte de una contabilidad cotidiana».

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