Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|sábado, septiembre 21, 2019
  • Siguenos!

El tiempo oportuno 

 

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Ef 6,10ss)

Aparece el tiempo de cuaresma, viene a nuestro encuentro; la esencial defensa y amparo que necesitamos cada año; el tiempo de la Teshuvá, del retorno: “¡Vuelve, Israel!”…: Pues no van por ahí los tiros. ¿Por qué sigues obcecado en tus propósitos, empecinado en tus afanes? ¿Es que tiene que hacerse tu voluntad por encima de to do…? Luego quedan las cenizas que has dejado después de haber tropezado en tu iniquidad, en mi necedad, en nuestra arrogancia.

Ya hemos andado mucho camino, y nuestras sandalias no han envejecido; miramos atrás y vemos los cadáveres de los que querían nuestra ruina y los huesos secos en el páramo verdeando; el aroma del óleo que resbala por la mejilla, el bálsamo del indulto y la gracia, y sobre todo, la fragancia de los frutos de la tierra esperada.

Ahora suena grave el shofar, y nuestro cuerpo debiera tem – blar: ¿qué es lo que nos pide? Solo esto: “¡Buscadme y vivi – réis!”. Llega el tiempo favorable; no vamos a nosotros a él, sino que viene a nosotros como perfume suave, se tropieza con nuestra duda, se rompe contra nuestra desidia, y todo para que miremos atrás entre el ruego desconsolado y roto del mensajero: “¡Vuelve, Israel!”. Ojalá se rasgue el ensalmo del corazón en vez de los vestidos. Ojalá miremos dentro donde está la podredumbre en vez del fijar nuestra mirada en el ojo ajeno. Ojalá no nos sentemos en la ley, en la norma, en la legalidad, en el precepto, en los códigos que nos lle – van a condenar, a murmurar, a salir siempre ilesos. Ojalá nuestra única justicia sea la indulgencia y el perdón.

¡Ya suena el “shofar”! Nos avisa del tiempo de la reconcilia – ción, es el kayrós, el momento propicio; se amplía ante nos – otros la senda para no incurrir en la acequia sentados, mi – rando la suerte de la vanidad tañida en nuestra frente, justificados por la ignorancia y la necedad; sino más bien de – jarnos abatir por la verdad, pues “un corazón roto y oprimido el Señor no lo desprecia”. “Pues quien encubre sus culpas no prosperará, el que las confiesa y abandona obtendrá mi – sericordia”. Es el instante oportuno, el momento justo, el tiempo de la contemplación, de la intimidad con Dios. “¡Abrid vuestros ojos y miraos en Él!, y aprended cuál es vuestra ima – gen”. Ese día, te tomaré a ti, siervo mío, y te pondré como un sello, porque te he elegido. Esta es nuestra prosperidad: la conversión, el retorno: nuestros ojos fijos en el Señor. Ya que tenemos una ayuda inestimable en las armas de la luz, recubiertos de la armadura de Dios, ceñidos con la verdad y revestidos de la justicia de la cruz; calzando siempre el celo por anunciar el Evangelio y pertrechados con el escudo de la fe, empuñando la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios e investidos con el yelmo de la salvación, pues Cristo Jesús resucitó y un día volverá, volverá y nos llevará con Él.

Añadir comentario