Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|sábado, septiembre 21, 2019
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El verdadero descanso 

Con el tiempo voy percibiendo nuestra imposibilidad de descansar y, cuando digo descansar, no me refiero simplemente al descanso del cuerpo. La fatiga corporal la resuelve una buena siesta, un pequeño alto en el camino. Hablo del cansancio de vivir.

Permanecer una larga temporada sin auténtico sentido nos hace vivir insatisfechos, sin reposo, continuamente alterados aun en medio de unas vacaciones. Y no hay forma de quitarse ese cansancio de encima.

Algo más que un precepto: un gozoso estilo de vivir

El Decálogo y concretamente el tercer mandamiento ha sido concebido por nuestro Creador para permitirnos descansar realmente. El mandamiento no habla simplemente de una norma, como es la obligatoriedad del precepto dominical; lo que realmente propone es toda una gozosa forma de vivir.

En realidad el Decálogo ha sido grabado en el corazón de cada ser humano, en la ley natural, desde el principio. Esto es fácil detectarlo en otros mandamientos: “no matar”, “no robar”, “no desear la mujer del prójimo”, etc.,” puede leerse en el corazón del hombre si la opción por el pecado no ha dañado definitivamente la conciencia. Pero el descanso dominical y el santificar las fiestas, ¿está escrito en el corazón del hombre? El tercer mandamiento, ¿es una necesidad impresa en nuestro corazón por el Creador? Si esta pregunta encuentra respuesta afirmativa en nuestro interior, vislumbraremos ese vivir gozoso de otra manera.

el reposo del Creador, la fiesta plena del sabbat

Curiosamente Dios mismo culmina la creación con el descanso. El libro del Génesis dice que el séptimo día Dios descansó de todo cuanto había hecho, y vio que todo estaba bien y se gozó en ello. Para Israel, el pueblo elegido, este día es el sábado, el sabbat.

Los judíos, instruidos en la revelación y, por eso, conocedores de ser “imagen de Dios”, han visto en el sabbat la posibilidad de participar en el reposo del Creador, de hacer fiesta con Él. Los que hemos tenido la fortuna de presenciar el comienzo del sabbat en Jerusalén junto al muro de las lamentaciones, hemos quedado impactados por el estallido de auténtico júbilo de la fiesta. No se trata de algo externo a ellos, no buscan ellos la fiesta, es la fiesta del sabbat quien viene a ellos. El sabbat es el gran don de Dios al hombre que le invita a no ver la creación como un fin en sí misma, sino que halla su verdadero sentido en Dios y, gracias al sabbat, el hombre puede levantar los ojos a su Creador y, como fruto de ese encuentro, hacer fiesta.

detente, párate; sólo Dios libera, los ídolos esclavizan

Existen dos textos en el Antiguo Testamento que nos hablan del precepto del tercer mandamiento. Son casi un calco uno del otro pero terminan de forma distinta. Uno es del libro del Deuteronomio (cfr. Dt 5,12-15) y el otro del Éxodo (cfr. Ex 20,8-11). Ambos invitan a descansar el séptimo día (el sábado) en términos similares: “No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que vive en tu ciudad…”. El libro del Deuteronomio da esta razón: “porque el día séptimo es día de descanso para Yahvéh tu Dios, por eso bendijo Yahvéh el día del sábado y lo hizo santo”. En cambio, el libro del Éxodo lo razona así: “porque has de recordar que fuiste esclavo en el país Egipto de donde Yahvéh tu Dios te sacó con mano fuerte y tenso brazo; por eso Yahvéh tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado”.

Por el primer sentido, como ya se ha dicho, el hombre toma conciencia de poder descansar en el Señor, de poder apoyarse en Él. Israel tiene prohibido trabajar ese día. La lista de trabajos prohibidos es interminable y a primera vista puede resultar algo exagerado. Pero analizada con detenimiento, la prohibición de trabajar el día festivo acude en su ayuda y le salva de sí mismo, de la locura de trabajar ansiosamente, de creerse imprescindible, de acumular con codicia.

Por el segundo sentido, el hombre considera su condición de esclavo si Dios no acontece salvando. El hombre es un permanente fabricante de ídolos: pide la vida a las cosas, a las que da categoría divina. Pero esos ídolos no dan la vida, acaban reclamándola; esa es la gran diferencia. Dios libera, los ídolos esclavizan. Los hijos de Israel guardarán el sábado celebrándolo a perpetuidad, de generación en generación, para hacer presente que Dios libera. En el cristianismo, esa liberación es definitiva: Jesucristo acaba con la esclavitud más profunda, la atadura de la muerte y del pecado.

el aguijón de la muerte es el pecado

Que la muerte nos condiciona para vivir la vida de una forma plena es evidente. Por muy alienados que nos encontremos, cuando la muerte hace acto de presencia en seres queridos o en amenazantes dolencias personales quedamos como ensimismados, enmudecemos, nos asomamos a la vida como con vértigo. El miedo a la muerte atenaza y es causa de ataduras, de traumas o de huidas hacia delante. En cambio, que el pecado ensombrece nuestra existencia parece no estar tan claro en el mundo que nos rodea; a veces solo nombrar esta palabra produce risa, como si se tratara de un concepto antiguo ya superado. Pero negarlo con la razón no cambia las cosas: sus efectos se sufren y se contagian. Cuanto más damos la espalda a esta realidad, más ensombrecidos vivimos. Mejor tener conciencia clara de que pecado y muerte son primos hermanos, de que el uno nos remite a la otra y viceversa. La Escritura lo dice con todas sus letras: “por el miedo que tenemos a la muerte, vivimos esclavizados” (Hb 2,15), buscando compensaciones que nos introducen aún más en una espiral sin sentido. Y estamos tocando fondo; de hecho, el cansancio del que venimos hablando hunde aquí sus raíces.

el domingo, antesala del eterno descanso del hombre en Dios

El sabbat es memorial de la primera alianza, la creación. El domingo (actualización cristiana del sabbat) lo es también de algo mucho más importante aún, de la nueva alianza, la sellada en el cuerpo y la sangre de Jesucristo: “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19). De manera que la Iglesia, nuevo Israel o Israel de la fe, vincula el descanso dominical a la celebración eucarística. En la Pascua de Cristo se realiza la verdad espiritual del sábado judío que preanunciaba el descanso eterno del hombre en Dios.

En Jesucristo acontece la nueva creación, la auténtica liberación. Orígenes ve en Cristo realmente una creación nueva, algo totalmente nuevo, que no existía con anterioridad. Y queda tan sorprendido que vuelve a releer la Escritura viendo a Cristo en el centro de aquella (“escudriñad las escrituras, ellas hablan de mí”: Jn 5,39), es decir, con Cristo acontece una nueva creación, que viene a dotar de nuevo sentido a todas las cosas, al descanso también.

día de reposo y de santidad has dado a tu pueblo

El aspecto festivo que aporta el día de descanso ha sido resaltado por los historiadores como una de las grandes aportaciones de la revelación a la humanidad; de hecho, el paganismo no conocía el domingo. El actual neopaganismo que nos rodea vuelve a remitirnos a la antigua realidad: una vida sin el ritmo vital del descanso dominical, donde todos los días se asemejan, obedece a un esquema plano (en nuestra naturaleza el encefalograma plano implica muerte), relativismo en lo interior, relativismo en lo exterior, nada firme en lo que apoyarse.

Por desgracia el hombre de nuestra generación no tiene nada que celebrar o mejor dicho a Quién celebrar. Intentando descansar, se encuentra huyendo de la falta de sentido de su existencia. Lo hemos entendido todo al revés. Para nosotros, tantas veces, lo importante es el trabajo de los días laborables y, para poder recuperar fuerzas y volver en plena forma o “con las pilas cargadas”, descansamos como sea el fin de semana, haciendo lo que haga falta. Pero es justo al revés, el domingo no es medio sino fin, significa reposo, nos introduce en el tiempo de Dios, en su eternidad. Por eso el corazón del hombre no descansa: “Cuando dormía, mi corazón velaba” dice el Cantar de los Cantares (Ct 5,2).

Y volviendo a la pregunta inicial, ¿el tercer mandamiento es una necesidad impresa en nuestro corazón por el Creador? Todo mandamiento tiene como fondo el Amor de Dios. Él, que nos ha creado, conoce nuestras necesidades. Por eso, como no puede dejar de amarnos, nos ha dejado el domingo, el día de descanso, como un eco del Paraíso, como una llamada a la libertad, a una forma gozosa de vivir, para poder entrar cada semana en el verdadero descanso, hasta el descanso definitivo con Él en la eternidad.

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