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El viento se levanta 

Título original: Kaze tachinu. Dirección y guión: Hayao Miyazaki. País: Japón. Año: 2013. Duración: 126 min. Género: Animación, biopic, drama. Producción: Toshio Suzuki. Música: Joe Hisaishi. Distribuidora: Vértigo Films. Estreno en Japón: 20 Julio 2013. Estreno en España: 25 abril 2014

El título de esta obra maestra es el eco de una poesía de Paul Válery: “Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!” (“¡El viento se levanta!… ¡Hay que intentar vivir!”) en la que el poeta y filósofo hace una reflexión sobre la muerte y el sentido de la vida. El director Hayao Miyazaki (1941) —maestro del cine de animación japonés— la aprovecha para recrear la hermosa y verídica historia de Jiro Horikoshi, (1903-1982) en la que hace un homenaje a los soñadores e invita al espectador no solo a soñar sino a perseguir los valiosos ideales que la vida también ofrece. Ha recibido varios premios y fue nominada al Oscar a la Mejor Película de animación y se convirtió en la cinta más taquillera de 2013 en Japón. Y con razón, es la gran maravilla de Miyazaki, una auténtica obra maestra llena de belleza, sin paliativos.

La llegada a la cima del cine de animación de este director no ha sido una empresa fácil ni rápida. La Segunda Guerra Mundial le marcó, aunque solo contara cinco años cuando terminó. De esos recuerdos asegura que «hay demasiadas cosas que no quiero recordar». Su padre trabajaba en una compañía de aviación, de ahí que haya mantenido su amor por el vuelo —tema omnipresente en sus películas—. Es conocido que cada película lleva muchas horas de dibujo a mano, y solo últimamente ha empezado a utilizar algo el ordenador. Sabe que el camino que ha escogido es de “alto riesgo, alta calidad, alto coste”, pero piensa que merece la pena. «Trabajo muy duro las líneas. Mis personajes puede que no sean tridimensionales, pero sus trazos están vivos. Y los colores son muy sutiles».

Así, con la paciencia de un monje ante el códice miniado, Miyazaki ha convertido sus trabajos de animación en una profunda antropología poética que permite, a través de la narrativa histórica y de la belleza de planos, segundas lecturas de sus películas, en la que se divisa también aspectos de su propia biografía.

el placer de volar

El viento se levanta es un biopic basado en la novela del escritor Tatsuo Hori. Históricamente se sitúa desde el terremoto de Kanto que destruyó Japón el año 1923 hasta algunos aspectos de la Segunda Guerra Mundial. Se narra, tal como hemos señalado, la historia del joven Jiro Horikoshi, ingeniero aeronáutico, al que desde siempre cautivaron los aviones y, más aún, el amor hacia  Nahoko Satomi.

Hubo cierta polémica para la realización del film dado que Horikoshi aportó originales diseños a los aviones de su país, particularmente los aviones de combate Mitsubishi A6M Zero —considerados los mejores aviones de la época por su maniobrabilidad y largo alcance— utilizados en el ataque a Pearl Harbor. En parte la película es arriesgada ya que el director aprovecha el personaje de Jiro para abordar sus preocupaciones filosóficas de esa época histórica, en la que el pueblo japonés se sumó al esfuerzo bélico por estar guiado por un gobierno nacionalista.

Es habitual que Miyazaki regale magia en sus filmes, desde todos los aspectos —visual, estilístico, narrativo, musical, etc.—; esta vez, todo eso se sublima y supera por la riqueza psicológica de los personajes que, con un realismo mucho mayor de lo habitual, invitan a mantener viva la memoria, tanto individual como social y a respetar las tradiciones familiares. En realidad hay una estupenda armonía entre  sensibilidad y destreza.

Para algunos críticos —y estamos de acuerdo— pueden diferenciarse en esta película dos partes; una onírica, que son los sueños de su protagonista por conseguir la libertad que supone volar; y una parte práctica que muestra el esfuerzo y dedicación de Jiro por construir el modelo de ese determinado avión. En ambas sobrevuela la historia de amor. El color varía según lo que se presenta, más ocre en el trabajo del ingeniero, azul —el cielo, con sus nubes algodonosas que se esparcen cuando las cruza el avión— y verde —el campo cuajado de hierba que se mueve con el viento—.

Simbólicamente, Miyazaki invita a volar como también lo hizo en Porco Rosso y en El viaje de Chihiro. Es una invitación que pone las emociones en solfa. Un pacto que dura 130 minutos, pero de esos que uno se lleva consigo de equipaje en el alma tras la finalización del metraje. Un pacto zanjado en el convencimiento de que en el corazón humano late una verdad y una belleza en incorruptible armonía con la existencia. Rodríguez Chico subraya certeramente “la capacidad de Hayao Miyazaki para crear hermosos sueños de humanidad, con aviones y amores que surcan el cielo y que elevan la condición humana por encima de odios y mezquindades. Y la facilidad para alcanzar momentos mágicos, luminosos y positivos, que rebosan delicadeza y poesía”.

altas cotas de romanticismo

El crítico de cine José Jerónimo Martín vuelve a alabar la a este director que logra “adaptar a una trama realista y dramática —la infancia del miope Horikoshi, la Gran Depresión, la epidemia de tuberculosis, la entrada de Japón en la II Guerra Mundial— con su depurado estilo naturalista, lleno de imaginativos recursos y con una arrebatadora capacidad poética. En este sentido, son fundamentales los sabrosos insertos oníricos, la mayoría de ellos protagonizados por el ingeniero aeronáutico italiano Gianni Caproni (1886-1957), al que Horikoshi admiraba profundamente. En este juego entre lo real y lo imaginado se asientan los grandes mensajes de la película, que exalta el trabajo bien hecho, subraya el carácter verdaderamente artístico de los ingenieros creativos, se conmueve ante el apasionado amor de Horikoshi hacia su enferma esposa y dibuja con trazos vigorosos el dilema moral del pacífico ingeniero ante el creciente uso belicista de sus diseños aeronáuticos. Este último, un planteamiento nítido en la película pero que ha generado una encendida polémica entre los grupos pacifistas japoneses”.

Además, a lo largo del film se exalta el valor del trabajo bien hecho con paciencia, con ingenio, con constancia; la limpieza del amor apasionado por su novia y después su mujer con la unión tan sólida y delicada entre ellos, también en momentos no fáciles. Si el viento se levanta y se ama, se trabaja y se lucha, se permite que las adversidades no sean un finalidad de la vida, sino camino y maestras para vencer en la batalla de la vida

Me ha encantado la ductilidad del director para aportar en el lugar oportuno citas de Valéry, Mann, Esopo, y también su pericia para introducir al espectador en interesantes problemas mecánicos y aerodinámicos. Destaca en este sentido, al menos para los no iniciados, que pueda inspirarse para un ágil avión en la curvatura de la espina de la caballa.

Podríamos terminar este recorrido recordando una frase de la película American beauty: “Cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo”.

Gloria María Tomás y Garrido
Catedrática honoraria de Bioética UCAM

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