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En las montañas de Kontum (Vietnam) no dejan levantar iglesias: el obispo lavó pies en una casa 

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En el temor de detenciones y la represión, pero siempre con el apoyo de una gran fe, los católicos en las zonas remotas y montañosas de la diócesis de Kontum – en las tierras altas centrales de Vietnam – han celebrado los ritos de la Semana Santa y Pascua.Para muchos las celebraciones solemnes de la muerte y resurrección de Jesús son, junto con la Navidad, las únicas ocasiones para asistir a misa.

Al igual que con la comunidad de la ciudad de Kanat, en el distrito de K´Bang, donde el obispo Michael Đức Hoàng Oanh celebró misa el 17 de abril, Jueves Santo.

La comunidad católica aquí lleva mucho tiempo bajo la vigilancia hostil de los funcionarios locales.

El obispo quiso expresar su cercanía a sus fieles con un largo “lavatorio de los pies”: los lavó a 100 feligreses, entre ellos mujeres y niños.

El obispo Hoàng Đức Oanh celebró en una casa puesta a disposición por un fiel;aproximadamente 100 metros cuadrados, una gran casa, en la que se reunieron más de un centenar de fieles.

Durante mucho tiempo, la comunidad católica ha pedido a las autoridades permiso para construir un lugar de culto, siempre recibiendo una rotunda negativa.

“Los fieles pueden participar en la Misa sólo dos veces al año – dijo el prelado -, con motivo de la Navidad y la Pascua”.

Por esto, el obispo de esta diócesis rural y montañosa decidió llevar su presencia y testimonio, mostrando toda la cercanía de la comunidad y la solidaridad de toda la Iglesia católica vietnamita

El Gobierno del Distrito de K´ Bang “hace la vida difícil a los fieles”, añadió el prelado, y muchos cristianos “no muestran abiertamente su afiliación religiosa por temor a represalias”.

Los sacerdotes, de forma anónima, vienen a celebrar “misas clandestinas”… y como respuesta las autoridades están dispuestas a hacer “detenciones de sacerdotes y fieles”.

Un ejemplo es el pueblo de Lang Son, donde en la actualidad hay 54 familias católicas.

Sin embargo, dijo el obispo, si las autoridades dan concesión de la verdadera libertad religiosa y la oportunidad de construir un lugar de culto, “el número de los fieles estaría en los cientos de miles de personas”.

En la misa del Jueves Santo en el distrito de Dak Mot, concelebrada por Hoàng Đức Oanh junto con el obispo Peter Trần Thanh Chung y más de 130 sacerdotes, había un centenar de monjas y más de 3.000 fieles. En su homilía, el prelado pidió “rogar por nosotros”, para que “sus oraciones nos ayuden a cumplir con la guía de servicio de la grey de Dios”.

Ejemplo de misa grande al aire libre con el obispo de Kontum y canciones típicas vietnamitas

Hoy en Vietnam, tras décadas de gobierno comunista, en una población de unos 87 millones de personas, el 48% son budistas; católicos poco más de 7%, seguidos de sincretista (5,6%). Hay un 20% aproximadamente que se declara ateo.

En las grandes ciudades, sobre todo en la capital del país, los católicos tienen más margen de maniobra. A pesar de ser una minoría (aunque significativa), la comunidad cristiana es particularmente activa en las áreas de educación, salud y social.

Pero hay cada vez más limitaciones legales: el Decreto 92 ha impuesto restricciones de facto en la práctica de la adoración, que se une cada vez más a los dictados y directrices del gobierno y el Partido único Comunista.

A veces las autoridades regionales se hacen especialmente militantes contra la iglesia y las comunidades religiosas, como ocurrió el año pasado en la diócesis de Vinh, en donde los medios de comunicación y el gobierno han lanzado una campaña de desprestigio y ataques contra el obispo y sus fieles.

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