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Encuentro de las Familias en Roma 

El Papa presidió la Misa por el Encuentro de las Familias en Roma, con ocasión del Año de la Fe
La familia es el motor de la sociedad, la fuente inagotable de sus principales recursos, el lugar donde se aprende a amar y donde se experimenta el amor más allá de las cualidades que se posean. La familia es, para el que tiene fe, el «paraíso reencontrado» y, para el que no la tiene, al menos es el lugar donde se soñaría encontrar ese paraíso perdido. Esto es lo que la Iglesia ha querido proponer al mundo con la fiesta que miles de familias de setenta países vivieron en la plaza de San Pedro el sábado por la tarde y que continuaron ayer con la Santa Misa presidida por el Papa Francisco. Hay muchos problemas en el mundo y no pocos de ellos afectan a la familia, la deterioran y a veces parece que tienen como único objetivo destruirla –como es el caso de determinadas legislaciones claramente antifamiliares–; sin embargo, la familia resiste y sigue siendo el valor más apreciado por todos, en todos los países. Por eso, el Papa Francisco ha insistido en que la familia no es el problema –aunque tantas familias sufran problemas de muchos tipos–, sino que es la solución. ¿Cómo habrían soportado la crisis económica miles de personas si no hubiera existido la solidaridad familiar, la solidaridad entre las generaciones? ¿Cómo se educarían los niños si no fuera por la dedicación de tantos abuelos que ayudan a los padres en esta tarea mientras ellos trabajan, a veces fuera del propio país? La familia es la solución. La Iglesia lo sabe y lo proclama. Lo que no se entiende es por qué no se dan cuenta de ello los políticos. Como pide el Papa, como pide la Iglesia, si la familia fuera «sujeto de derechos», seguramente muchas cosas cambiarían para bien en el mundo.

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