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Enseñas con autoridad, sanas con misericordia 
15 de enero. Festividad de San Arnoldo
Por Miguel Iborra

«En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús lo increpó: “Cállate y sal de él”. El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen”. Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea». (Mc 1, 21-28)


Cafarnaúm (Kefar Nahúm, pueblo de Nahúm) es llamada “la ciudad de Jesús”. Marcos describe la autoridad de Jesús. Nuestro Señor entra en Cafarnaúm, y en los días de reposo acude a la sinagoga y enseña con autoridad con mensajes claros al alcance de la gente sencilla —agricultores y pescadores en su gran mayoría— que inmediatamente reacciona con admiración, no solo por el contenido de lo que predica, sino sobre todo por la forma de su enseñanza, la que entrega con autoridad.

Los escribas hablaban siempre con la autoridad de los padres, los grandes profesores de la ley. Jesús enseña en su propio nombre y muestra que su poder es un poder salvador, que no causa ningún daño a la persona. La reacción es de asombro total frente a esta autoridad.

Jesús actúa con autoridad salvadora y no destructora, por ello se extendió su fama por toda la comarca de Galilea. Él tenía un mensaje divino para todo el pueblo. Lo esencial solo se ve con el corazón.

Recién estrenado el Año Nuevo, alégrémonos y contagiemos esa alegría de haber sido bendecidos con la fe. Pero también debemos preguntarnos: ¿Enseñamos y transmitimos? ¿Anunciamos algo nuevo? ¿Aceptamos a Jesús en nuestra vida tal como Él desea llegar hasta nosotros?

Miguel Iborra Viciana

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