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Entended todos 
10 de Febrero
Por Alfredo Esteban

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina». (Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió: «Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro»
(San Marcos 7, 14-23).

COMENTARIO

La Buena Noticia que nos trae el Evangelio de hoy nos dice: “Escuchad y entended todos; nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”. Por supuesto esto es para el hombre y para la mujer y esta palabra de hoy nos habla además a todos al corazón. Para los escribas y fariseos la discusión es sobre lo puro y lo impuro, en los tiempos de Jesús, tocar un leproso, comer con un publicano, comer sin lavarse las manos y tantas otras actividades volvía impura a la persona y cualquier contacto con estas personas contaminaba a los demás. Por esto, las personas “impuras” debían ser evitadas. La gente vivía con miedo, amenazada siempre por tantas cosas impuras que amenazaban su vida. Estaba obligada a vivir desconfiando de todo y de todos (“parece actual”).

Es cierto que son necesarias las leyes, pero la grandeza a la que nos llama Jesús es a superar su mero cumplimiento para vivirlas libremente desde nuestro interior, porque ¡La Buena Nueva anunciada por Jesús nos saca de estar a la defensiva, del miedo, y nos devuelve las ganas de vivir y la alegría de ser hijo e hija de Dios, sin miedo a ser feliz!, sin miedo a cumplir o no cumplir la Ley. “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu firme” (Sal 51, 10).

Para los hombres y mujeres de hoy cuando parece que no se quiere hablar de Dios y tampoco se quiere saber nada de lo puro y lo impuro, sigue siendo necesario hoy como siempre curar el corazón, porque el hombre sigue siendo un lobo para el hombre. En la Biblia el corazón no es solo la sede de los sentimientos sino también de las decisiones y elecciones. Hoy como ayer y como siempre es necesario erradicar de nuestras relaciones el odio, la venganza, la codicia y la opresión; todos sabemos de los malos sentimientos del egoísmo sin venir a cuento, los deseos de riqueza, o de poder, elementos que vienen siempre acompañados de violencia y conflictos. Tenemos la necesidad de seguir hablando del amor porque Él es paciente, servicial, no se engríe, no se jacta, no busca lo suyo, se alegra con la verdad, todo lo excusa y disculpa sin límites.

Es necesario hoy escuchar la Palabra de Dios, porque es una Buena Noticia, es un bálsamo para la vida y el crecimiento personal y aunque a veces no la entendamos la podemos guardar en el corazón a imitación de María, la primera creyente.

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