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Entra en el gozo de tu Señor 
29 de Noviembre
Por Victoria Luque

«En aquel tiempo, expuso Jesús una parábola a sus discípulos: “Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca. Pues, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán”». (Lc 21,29-33)


¿Qué podemos esperar del mundo? ¿Qué podemos esperar de nuestro entorno? Al tiempo de la cólera sucede la turbación… Cualquier persona que haya vivido un poquito sabe que los años son, la mayoría, paja que lleva el viento. Y muchas veces, vemos a nuestro alrededor dolor, necesidades, angustia… ¿Esto es a lo que estamos llamados? ¿A dejarnos abatir por la dureza del combate diario? No. Jesucristo hoy me dice, ¡ánimo! No temas. El reino de Dios está cerca. De hecho, ha llegado ya. Levanta la cabeza y mira los campos que ya verdean para la siega. Se acerca vuestra liberación.

Porque en definitiva, la vida del cristiano es un combate, pero un combate en el que estamos apoyados en Dios. Sin él todo se vuelve nada y vacío. “Buscad el reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”, dice el Señor. Con esa esperanza vivimos, en esa esperanza nos sustentamos; en que Dios está cerca, y la crueldad de las circunstancias no pueden doblegarnos, porque si Tú estás conmigo, nada temo. Tu vara y tu cayado me sostienen.

El evangelio de hoy hace referencia a uno anterior, apocalíptico, terrible, en el que Jesús da unas pinceladas sobre lo que sería el fin de los tiempos: «habrá señales en el sol, en la luna y en los astros; las naciones estarán angustiadas en la tierra y enloquecidas por el estruendo del mar y de las olas; los hombres, muertos de terror y de ansiedad por lo que se le echa encima al mundo (…) cuando comiencen a suceder estas cosas, tened ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación».

Este es el punto. Se acerca nuestra liberación. Y le veremos a Él glorificado, con esa belleza que da el amor de Dios, y le veremos tal cual es; y podremos alegrarnos con ese encuentro. En ese tiempo Él actuará de juez de pueblos numerosos, y reunirá a sus ovejas de todos los lugares por los que han estado dispersas, y las llamará por su nombre (José, Victoria, Elena, Gabriel, María…) y separará el trigo de la cizaña. Para vivir ese tiempo sin miedo, en el amor, es para lo que he de prepararme, porque en ese momento Cristo Jesús me preguntará —nos preguntará—: ¿Qué has hecho con tu vida? ¿Has amado? ¿Te has entregado por el otro? ¿Dónde están tus talentos?…

Y acogiéndonos a su misericordia, diremos: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero. He hecho lo que buenamente hemos podido”. Y Él, con ese amor infinito que estremece, nos dirá: “Entra en el gozo de tu Señor”. Ojalá todos podamos oír estas palabras de labios del Amado.

Victoria Luque

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