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Entrevista a Amalia Béthencourt Cavestany, evangelizadora en el barrio de Chueca (Madrid) y en Ibiza 

“No hay salario ni satisfacción tan grande como estar unida a Dios”

 

¡Qué triste es un hombre sin esperanza! Deambula por la vida creyendo que vive en un frasco y que el cielo es la tapa; que sus días están condenados a rodar por las únicas coordenadas del aquí y el ahora. Y así, maniatado a una rueda asfixiante, se resigna a ver cómo el desencanto reprime el ascendente vuelo de su alma. Pero es una engañifa más; Dios sigue salvando y reinando, rescatando y mostrando su gloria. Amalia Béthencourt lo sabe bien. Para esta madrileña no hay mayor fortuna que estar pegada a Dios y así lo quiere transmitir. Porque ¿qué es la fe sino también amor a los hermanos? Por eso, ni la timidez, la tensión o el apuro han podido detener su deseo de anunciar en los corazones endurecidos que Cristo vive. Con la confianza en que no es la elocuencia ni la doctrina lo que convierte, sino la fuerza del Espíritu Santo, acude a lugares donde la diversión desenfrenada trata de ocupar el vacío de vivir sin Dios, y les habla de Él.

 

¿Cómo conociste el amor de Dios en tu vida?

Desde que nací se me ha dado a conocer. Tengo la suerte de tener una beata en la familia, la hermana salesa María Teresa (Laura Cavestany), mártir de nuestra Guerra Civil junto con otras seis religiosas; y muchos de mis tíos han sido y son jesuitas. Desde hace años pertenezco a la Congregación Mariana de la Asunción y, a través de ella, se me ha abierto un nuevo mundo.

¿Cómo te ayuda la Congregación para la fe en el día ?

Las Congregaciones Marianas son fundadas por un jesuita italiano en el siglo XVI, y encuentran su raíz en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Entré de una manera aparentemente casual —aunque es Dios quien llama siempre—, pues una compañera me llevó. Somos laicos que vivimos la fe a través de una regla de vida: cada congregante se compromete con la Virgen a mantener la frecuencia de sacramentos, dirección espiritual, media hora de oración diaria, etc. para llegar a la comunión con Jesús. 

¿Qué te proporciona estar en comunión con Él?

No hay salario que lo pague ni satisfacción tan grande como la de estar unida a Dios, y eso hace que quieras que los demás lo estén también. Este verano me he ido con el movimiento “Anuncio” a hablar de Cristo en las playas y ha sido impresionante.

abrid el camino al Señor

 

¿Qué es el movimiento Anuncio?

Es un movimiento misionero católico de origen francés, fundado en el año 2007 por unos cuantos jóvenes y cuyo carisma es la evangelización vivida en un espíritu de alabanza. La consigna es la misma de Juan Pablo II, que decía: “Toda persona tiene el derecho a escuchar la Buena Nueva de Dios, que se da a conocer y se da en Cristo”. Para ello organiza misiones por la playa y los lugares de ocio para anunciar el Evangelio a los jóvenes. La playa es un sitio ideal porque los chavales están tomando el sol relajados y se encuentran más receptivos a escuchar el kerigma. “Anuncio” llegó a España por la JMJ Madrid 2011 y nuestro consiliario de la congregación, Javier Igea, nos lo presentó. También se lo comentó al obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, y le gustó tanto que los invitó al verano siguiente a evangelizar en la playa de la Concha. San Sebastián fue una plaza difícil de torear, pero aun así tuvieron grandes experiencias.

¿Cuáles fueron los siguientes pasos de esta misión evangelizadora?

Entre varios amigos congregantes, algunos miembros del movimiento Totus Tuus y otra gente sensibilizada con la evangelización, se decidió organizar misiones evangelizadoras un sábado al mes en la iglesia de San Hermenegildo, en el barrio de Chueca (Madrid), a partir de las 22:30 horas, que es cuando la gente sale a divertirse. Se organizan tres grupos: uno se queda rezando y cantando en la iglesia ante el Santísimo expuesto, otro —el de los evangelizadores— salen de dos en dos anunciando a la gente que Jesús los ama y los espera en la iglesia, y otro grupo —el de acogida— que acompaña a los que deciden acudir al templo. Sabemos de grandes transformaciones en gente que escucha, quizá por primera vez, que Jesús quiere tener un encuentro con ella. Como el de un chico que, estando dentro del coche con varios amigos drogándose, aparece una chica y, a través de la ventana le ofrece una estampa de la Virgen con una oración que decía: “Esta es tu salvación”. Él se la guardó sin más, pero al cabo del tiempo comenzó a leerla y a rezar. “Yo había tenido una formación religiosa y estaba contento, pero me junté con malas compañías que me apartaron completamente. Esta chica que nunca he vuelto a ver me hizo volver a Dios”, nos contaba.

¿Qué se necesita para salir a anunciar el amor de Dios?

Haber experimentado que Él transforma la vida y rezar mucho. Estos testimonios me ayudaron tanto que el verano pasado decidí apuntarme a la misión en las playas. El demonio quería disuadirme diciéndome: “¿Te vas a ir a evangelizar cuando aquí eres un desastre?”. Pero hasta Jesús fue rechazado en su pueblo y quisieron despeñarlo. Nadie es profeta en su tierra, ya que realmente en la familia es donde conocen nuestro talón de Aquiles y donde más mostramos las miserias. Aun así, me fui.

don recibido, don compartido

 

¿Cómo fue esa experiencia?

Nos reunimos en Marsella unos doscientos chicos y chicas procedentes de España y Francia, en el santuario de Sainte Baume. Allí, ante las reliquias de María Magdalena, le pedí al Señor: “Haz que me enamore como una loca de ti y del Evangelio, porque enamorada de ti soy capaz de hacer lo que sea”. María Magdalena había sido una gran pecadora, pero sintió el perdón de Jesús y ya no hubo otra cosa en su vida. Tenerla allí tan cerca era una gran ayuda. “Santa María Magdalena, tú que te enfrentaste a los fariseos, a ti que el Señor no te condenó, sino que te salvó, ayúdame a anunciar a Jesús…”, le pedía yo, muerta de miedo. Desde allí nos enviaron por sorteo a nueve playas de Francia (Biarritz, Niza, etc.) y a tres de España: San Antonio, de Ibiza; el Arenal, de Jávea y La Concha, de San Sebastián. A mí me tocó Ibiza.

¿Cuántos marchasteis para Ibiza?

Éramos veinticuatro evangelizadores y cuatro músicos, que también evangelizaban a través de la música desde la plaza, antes de llegar al atrio de la iglesia. El P. Miguel Ángel Torrente, de la parroquia de San Miguel Arcángel en Carabanchel (Madrid) nos acompañaba. El obispo de Ibiza, D. Vicente Juan Segura, nos comentaba que, al no haber Universidad en la isla, los jóvenes se marchan a Mallorca, Barcelona, Valencia, Alicante, etc. a estudiar, con lo que los pocos que hay en las parroquias necesitan conocer a otros jóvenes cristianos y ver que no están solos. La diócesis nos habilitó un albergue y una vez allí vivimos de la Providencia.

¿Cómo anunciabais a Jesucristo en la playa?

En esta playa de San Antonio hay mucha marcha. De hecho, las macrodiscotecas de Ibiza están ahí. Nuestra misión es transmitir el kerigma, que Jesús te ama, vive y está aquí para salvarte. Aunque la otra persona nos atacara con los tópicos contra la Iglesia: que si los curas pederastas, la riqueza de la Iglesia, el Vaticano, etc. no estábamos para defendernos y mucho menos para discutir. Sé que nunca convencerás a la persona cuando tiene un cliché, porque quien le tiene que convencer es el Señor, que está allí mismo esperándole.

mi Dios es real

 

¿En qué consistía la misión?

La oración es imprescindible para salir a anunciar a Dios. Nos levantábamos, rezábamos Laudes, desayunábamos y comenzábamos la formación llevada a cabo por el P Miguel Ángel Torrente. Luego, meditación y una hora de oración delante del Santísimo. Tuvimos la suerte de orar ante una reliquia de Juan Pablo II. Después nos dividíamos por talleres de limpieza, comida y liturgia. A la una del mediodía celebrábamos la eucaristía y, con la fuerza del Cristo, salíamos a la playa. Primero van delante los que anuncian, y detrás, otros llevando una pancarta, cantando y rezando. El padre Miguel Ángel nos dijo: “Hay que pasar entre las toallas rezando alto, que se oiga”. Anunciábamos a Jesús, rezábamos con la persona por alguna intención suya en concreto y le dábamos la bendición. También le invitábamos a encontrarse con el Santísimo en la iglesia, entre las 22:30 y la 1:30 horas.

¿Cómo fue el primer momento, cuando tocaste la arena de la playa?

La primera vez que salí ni me acordaba de las palabras. ¡Me sentía tan pequeña que me temblaban hasta las canillas! Cada vez que pasaba uno decía: ”No, ese no, que parece que tiene mala cara. Ese tampoco que seguro que es extranjero… ”. Pero luego me di cuenta de que el que yo evitaba podía ser el que más necesitase que le hablaran de Jesús. La elección no es nuestra. El primer día no fue muy bueno y pensé, “Señor, ¡como no hagas algo!”. El segundo me acordé de las palabras de Dios al profeta Jeremías, cuando le dice: “Tú irás adonde yo te mande y dirás las palabras que yo ponga en tu boca”. Así hice y fue mejor. El tercero me comía Ibiza. El Espíritu Santo es tan fuerte que ¡solo te importa dar a conocer a Jesús!

¿El Señor os precedía?

Desde luego. Un día le dije a un joven francés —como me inspiró el Espíritu Santo, pues no sé nada de esa lengua— que Jesús le amaba. Y luego ese chaval le dijo al sacerdote: “No sé qué es tener fe porque mis padres no son católicos, pero me han impresionado las palabras de esta”, y me señaló a mí. ¡Con mi francés “macarrónico”! Ahí Dios me ganó la batalla. ¡Qué no es capaz de hacer en estos corazones! El Espíritu sopla y cada uno lo entiende en su lengua. Allí había alemanes, lituanos, coreanos, japoneses, griegos, irlandeses… ¡Alucinante!

También lo he visto en la Providencia. Yo era responsable de avituallamiento y doy fe de que hemos vivido de ella, ya que nunca sabíamos qué comeríamos. Un día nos invitaron de un restaurante; otro día, la Guardia Civil nos convidó a una paella; otro, un grupo rociero nos invitó también a comer a su carpa… He experimentado en mis propias carnes que Dios es el que maneja los hilos y provee. “Hoy no tenemos bocadillos, pues no ha llegado el pan. ¡Ya verás tú!” —decía yo, nerviosa—, y al rato venía el sacerdote con diez o doce kilos de fruta. El último día solo tenía unas pocas barras de pan para dar de comer a veintiocho personas. “Tú confía”, me decían cuando me veían tan preocupada. Pasé por la capilla y le dije al Señor: “Tú sabrás, porque son las tres de la mañana y no puedo pintar nada. Ya proveerás”. Al día siguiente, cuando comienzo a preparar los bocadillos me avisan que un grupo de rumanos nos invitan a comida de su país. ¡Empecé a llorar como una tonta! “Señor, ¡con la noche que he pasado, si hubiera confiado en ti!”. Hubo tanta comida que tuvimos también para la cena.

Como dice el Evangelio: “se saciaron y sobró”.

Así es. ¡Cuántas veces habré meditado ese pasaje! Pero a la hora de ocuparme yo de dar de comer, estaba muerta de miedo. Ahí lo vi cumplido. El Señor me tiró del caballo. “¡Ay, Amalia, ¿cuándo vas a confiar? ¿Te he fallado alguna vez?”. Esto no se me olvidará nunca.

¡qué hermosos los pies del mensajero!

¿Sigues en la misión en Madrid?

Sí, seguimos en el barrio de Chueca. En Halloween experimenté algo maravilloso. El obispo de Alcalá de Henares, D. Juan Antonio Reig Pla, organiza, desde hace unos años, en la víspera de Todos los Santos una celebración en la catedral, en la que invierte la palabra Halloween y lo convierte en Hollywins (la santidad vence), con misa y adoración eucarística. Cuando volvíamos de madrugada a Madrid, me encontré con jóvenes disfrazados de brujas, de fantasmas, de almas que salían de tumbas, de obispos con las mitras sangrantes y hábitos rasgados, etc. ¡Era dantesco! Yo venía del paraíso y me encontré con el topetazo del infierno. Entonces sentí que tenía que seguir haciendo algo por esos jóvenes. “Señor, que tú te presentes a través de mí. Dame el valor para hablar de ti ,porque no me puedo quedar callada. Estos jóvenes necesitan ser evangelizados”.

¿Cómo responde la gente en Chueca?

Allí la gente se divierte como en Halloween; entonces les decimos: “Jesús te va a cambiar la vida. La va a transformar si te dejas. Nada que conozcas te va a llenar más que Él”. Algunos no quieren saber nada, pero otros sí. La Iglesia se está sirviendo de nuevos instrumentos adaptados a los tiempos para anunciar que Jesús está vivo.

¿Crees que Dios ha sido bueno contigo?

Ha sido inmensamente generoso. Dios me ha cambiado la vida y me la ha llenado por completo. Cuando mi padre repentinamente murió lo pasé tan mal que, si no llego a conocerle, hubiera sido peor que María Magdalena. He tenido muchas tentaciones en momentos muy duros, y todos los pecados del mundo, pero Él me ha rescatado. Lo que pasa es que todavía me cuesta fiarme de Él, ¡y eso que no se me olvida la comida de los rumanos!

Victoria Serrano Blanes

 

Responder a Entrevista a Amalia Béthencourt Cavestany, evangelizadora en el barrio de Chueca (Madrid) y en Ibiza

  1. Beatriz

    ¡Qué grande eres!, Amalia. ¡Qué recuerdos leer tu testimonio de Ibiza! A todos nos cambió la vida….
    Un fuerte abrazo, Beatriz.

     

Reply to Beatriz