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Entrevista a Manuel Torres, subdirector de informativos de Castilla y León 

“Soy cristiano y no me puedo callar lo que pienso por miedo”

El mundo obliga callar a las voces discordantes, aquellas que hablan a las claras sin ceder ante lo que la corriente exige. Pero la verdad del Evangelio, por mucho que se le pretenda arrinconar, es como una planta pequeña que se abre paso entre el cemento. Dicen que solo los cristianos convencidos pueden convencer a los demás, por eso en este mundo relativista necesitamos testimonios de fe abiertos y sinceros. Manuel Torres Muñoz (Valladolid, 1970) es un periodista cuya vida interior se transparenta con naturalidad en la exterior. Desde su puesto de subdirector de informativos de Castilla y León en el área de Economía, y con más de veinte años de experiencia en TV, nunca ha ocultado su condición de cristiano. Como profesional de la comunicación, su principal premisa es servir a la verdad con coraje y en consonancia con su fe, aunque esto suponga retratarse ante la concurrencia.

¿Cómo conociste el amor de Dios en tu vida?

Para mí es como el respirar, algo natural que he ido viendo a largo de mi vida en la familia —tengo dos tíos sacerdotes: uno dominico misionero en África y otro vicario general en Salamanca—, en los estudios, en el trabajo, en el matrimonio, etc. Dios siempre me ha cuidado. Cuando estaba estudiando la carrera de Periodismo en la Universidad Pontificia de Salamanca me planteé dejar los estudios por motivos económicos. Un amigo que conocí dando catequesis en la parroquia de San Marcos se plantó con sus padres en mi casa de Valladolid para que me fuera a vivir con ellos gratis. De este modo pude acabar los estudios, y gracias a Dios nunca me ha faltado el trabajo. También he visto que todo lo hace bien, aun en sufrimientos tan grandes como la muerte de un hijo.

¿Cuándo y cómo murió?

Era nuestro primer hijo y nació prematuro. Mi mujer rompió aguas y tuvieron que practicarle una cesárea de urgencia. Aunque el niño no tenía ningún problema en su desarrollo debía estar en la incubadora por su bajo peso. Allí contrajo una infección en la piel que, debido a su sistema inmunológico inmaduro, le provocó la muerte. Nos llamaron del hospital para que fuéramos urgentemente. Cuando llegamos estaba asistido artificialmente para que nos pudiéramos despedir de él —lo que agradecimos mucho a los médicos—, lo bautizamos y murió.

¿Qué te supuso esta muerte tan repentina?

La vida de Gonzalo ha sido corta pero fecunda. Para mí su muerte ha sido el descubrimiento del cielo. Lo pasé muy mal por perder a un hijo y por ver a mi mujer sufrir tanto, pero ha dado muchos frutos: desde entonces todo el día tengo presente el cielo, ha reforzado nuestro matrimonio, y a mis tres hijas que han nacido después —Rebeca, Lía y Carolina— les ha permitido descubrir la trascendencia en la vida eterna con mucha naturalidad. Saben que su hermano es un ángel que está en el cielo cuidando de ellas; hablan con él, le piden cosas, vamos al cementerio a llevarle flores…

Señor, ¿qué quieres que yo haga? 

 

¿Por qué decidiste ser periodista? ¿Qué te gusta de la profesión?

Siempre he tenido mucho interés por estar bien informado, conocer qué ocurre y por qué. También me gusta escribir y contar historias. Comencé en Radio Tordesillas, continué en la televisión local de Valladolid, más tarde y hasta que se cerró estuve en Antena 3 Castilla y León, luego, pasé a Canal 4 Castilla y León, y desde que se le concedió la licencia autonómica a Castilla León TV estoy aquí. Hace cuatro años que coordino la información del área de Economía y Empresas. Después de más de veinte años de profesión he aprendido que lo que le llega a la gente no siempre coincide con lo que realmente es, y no porque se le manipule, sino porque desde fuera se ven las cosas distintas a como se ven desde dentro. El conocer el por qué verdadero de lo que sucede, para así aprender de los errores y evitar caer de nuevo en ellos es lo que me mueve.

¿Qué te supone en tu trabajo definirte cada día como cristiano?

He vivido de todo; desde experiencias en las que me han tachado de “ser uno de esos” o criticado por “estar en ese rollo” a otras en las que se me ha respetado. Cuando nos despidieron por el cierre de la empresa recibí fuertes críticas por dejar la justicia en manos de Dios y no querer acusar a nadie. Me tildaron de tonto y encima de insolidario al reprocharme que si yo no me defendía estaba perjudicando a los compañeros. Pero también el no ocultar que soy cristiano tiene sus ventajas, como cuando me mandaron cubrir la canonización de San Juan XXIII y San Juan Pablo II.

¿Es campo de misión tu puesto laboral?

El puesto de trabajo en la sociedad actual es un lugar de misión para cualquier cristiano. La fe hace que se enfrente lo que crees y haces con lo que quieren que hagas. En la información económica, por ejemplo, aunque aparentemente no tiene nada que ver con la fe, hay veces que he tenido que decir que yo no estaba de acuerdo con el tratamiento que se le ha dado. La sociedad defiende lo que considera que es bueno para ella y como te salgas de ese carril tienes problemas. Pero el mundo tiene derecho a que se le planteen y cuenten las cosas de otra manera a la que está acostumbrado. Yo soy periodista, pero antes de nada soy cristiano y no me puedo quitar el traje de la fe en el trabajo. Mi misión como cristiano es decir que hay otra manera de vivir diferente a la que impone la sociedad. Por eso no me puedo callar lo que pienso por miedo. Evidentemente tengo unos superiores que deciden en última instancia, pero yo por coherencia con mi fe he de decir lo que pienso y actuar en orden a como soy. No puedo entrar en el juego de todos.

¿Cómo consideras que se trata la información religiosa en los medios?

No siempre correctamente. Uno de los problemas es que esta información recae en periodistas que no han recibido la formación adecuada para hablar de ello. Muchas veces el tratamiento de la noticia religiosa no es que sea sesgado, es que no conocen la fe. Es más ignorancia y desconocimiento que malicia. Y encima, el acercamiento se produce a través de los prejuicios instalados en la sociedad. Interpretan algo que desconocen y además transmiten una información desde un prisma cargado de prejuicios.

la verdad os hará libres 

 

¿La gente valora la coherencia entre vida y fe aunque no comparta la opinión?

La única manera de que respeten lo que uno dice es que vean primero que se vive lo que se cree, que se es consecuente. Yo no puedo decir que amo a Dios y al prójimo si luego me ven dando patadas por debajo, repartiendo puñaladas, mintiendo para defenderme, siendo un materialista… ¡Claro que la coherencia supone una lucha feroz! Pues el demonio me va a tentar con la vanidad, la ambición, la cobardía… Pero el hecho de decir que soy cristiano y que la gente lo sepa me obliga de antemano a comportarme como tal, siendo consciente de que voy a estar en el punto de mira. ¡Me ayuda a tomarme en serio la fe!

Escribes semanalmente una columna de opinión en un diario de Valladolid, ¿qué conlleva diferir de la línea del pensamiento único?

En mi columna en “El Día de Valladolid” hablo de Dios, de los políticos, de la educación…, de lo que sea pero siempre a la luz de la fe, pues no voy a analizar el mundo desde otro punto de vista diferente a lo que yo soy. Es importante que los cristianos nos comportemos como tales en las situaciones normales del día a día. No se trata de mojigatería y tampoco de buscar el enfrentamiento directo ni de ir avasallando, pero no podemos dejar de defender nuestra postura por imposición de otros. Cuando la doctrina de la Iglesia no permite esto o lo otro es porque sabe bien que no seguir ese camino trae unas consecuencias. No es prohibir por prohibir. Yo sé que cuando se habla en verdad, ayuda. A veces la gente se sorprende y dice: “Ah, pues no lo había visto así nunca. ¡Es verdad!”. No es que yo vaya a convertir a nadie —eso solo depende de Dios— pero al menos sí puedo mostrar que existe una interpretación diferente a la que el mundo está dando. El poder del demonio muchas veces actúa a través del desconocimiento. Le pone el cliché y así hace que a la gente no le interese descubrir nada más. Simplemente los periodistas católicos mostramos que detrás de ese cliché hay otro mundo, y que si te atreves a descubrirlo tu vida cambiará.

Estando al corriente de los tejemanejes económicos y políticos, ¿has caído alguna vez en la desesperanza y el desánimo?

No, porque sé que la historia la lleva Dios y el mal ya ha sido vencido. Si yo tengo la experiencia de que Dios actúa en mi vida siempre para bien, sé que lo mismo hace en la vida conjunta de todos, conozcan a Dios o no lo conozcan. Todo está abocado al cielo y a la vida eterna. Mientras tanto, los acontecimientos a veces se llevan con una sonrisa y a veces cuesta más sonreír… Desde luego hay cosas que me duelen porque creo que se podrían hacer mucho mejor. Sobre todo en lo referente al espíritu de las personas, es decir, a lo que conforma la esencia del hombre. Y precisamente a veces se forman hombres para la desesperanza. ¿Dónde va a encontrar la esperanza si lo único que se ofrece es el dinero como solución a todo? Se ha cambiado el ser por el tener y se ha desviado a la sociedad del camino de la vida. No se ofrecen caminos de esperanza; de lo único que se habla es que la crisis se puede solucionar. ¡Claro que se arreglará! ¡La humanidad ha salido de situaciones aún más difíciles! Pero la verdadera esperanza es otra; está arriba en el cielo, en la vida eterna.

¿Crees que Dios ha sido bueno contigo?

Sí, todo está bien hecho. A veces sufro, me cabreo, tengo malos momentos, pero confío en Dios puesto que Él sabe porqué hace las cosas. Mi experiencia es que si te planteas un modelo de vida pero dejas a Dios actuar, luego descubres que Dios te concede lo que deseas. Eso sí, a su tiempo y a su modo, para que veas que el que lo hace posible es Él y no tú.

Victoria Serrano Blanes

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