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Entrevista a Monseñor John Forrosuelo, arzobispo de Filipinas 

 “Tras el tifón, la gente ha vuelto a la Iglesia con más fuerza”

 

Esta es la afirmación de Monseñor John Forrosuelo Du, arzobispo de Palo, en el centro de Filipinas. El país fue sacudido el pasado mes de noviembre por un supertifón llamado Haiyan, que causó la muerte a más de seis mil personas y dejó sin casa a 3,8 millones de habitantes en este archipiélago del sudeste asiático. La Iglesia ha sufrido junto con su pueblo las consecuencias del desastre natural y está ahora más que nunca al lado de los que sufren. El arzobispo Du ha compartido su testimonio en su visita a la sede de la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada en España. Él mismo perdió su casa arzobispal, “pero no me importa, lo que quiero es algo que dar de comer a mi gente”.

El pasado 8 de noviembre, la zona central de Filipinas sufrió los dramáticos efectos del super tifónHaiyan, el más potente desde que existen datos registrados. Eran poco más de las cinco de la mañana cuando la tormenta tomó tierra con vientos de más de trescientos kilómetros por hora. Nada pudo aguantar la embestida del temporal. La ciudad de Tacloban, las más grande de la archidiócesis de Palo, en la isla de Leyte, sufrió la destrucción completa del 80 % de sus infraestructuras. Los filipinos están acostumbrados a lidiar con desastres naturales, pero esta vez ha sido demasiado.

Sin embargo, según afirma monseñor Du, los católicos —que son el 95 % de la población de la isla de Leyte—mantienen la esperanza y la fe. El prelado reconoce que “Dios nos ha dado más fortaleza y nos ha permitido vivir la Cruz para que nos acerquemos más a Él, en momentos buenos y malos”. Las necesidades siguen siendo enormes, teniendo en cuenta que se perdieron unos 33 millones de árboles de coco, una de las industrias más importantes del país. Casi seis millones de trabajadores vieron destruidos o interrumpidos sus medios de vida y alrededor de treinta mil barcos de pesca quedaron inutilizados.

Mons. Du señala que aún quedan por delante tres retos para la Iglesia y la sociedad: el primero, dar apoyo a material y espiritual; segundo, continuar con las acciones para normalizar la vida cotidiana, ayudando a los granjeros que han perdido sus tierras y a los pescadores que se han quedado sin sus embarcaciones; y, en tercer lugar, “el más importante, reconstruir las iglesias y capillas destrozadas”, afirma el prelado.

Una Iglesia fortalecida en el sufrimiento

La vida de fe de los filipinos continúa a pesar de los sufrimientos. En los días siguientes al tifón Haiyan, la gente acudía en masa a las iglesias a recibir ayuda y participar de los sacramentos. “¿Cómo ha venido esta calamidad a nuestra diócesis?”, era la pregunta más repetida entre los feligreses. Ni siquiera Mons. Du sabía la respuesta, “pero, tuve una inspiración, me di cuenta de que no éramos víctimas, sino supervivientes. Teníamos que dar muchas gracias al Señor”. Esta certeza ha animado a todos los católicos a seguir hacia delante.

Ha habido numerosos signos de esperanza en medio del sufrimiento. Una semana después de la catástrofe fueron ordenados siete nuevos sacerdotes. “Fue en la catedral. La gente acudió con sus paraguas porque el techo estaba completamente destruido. Presidió el cardenal Tagle. En mitad de la celebración se volvió a levantar un fuerte viento que nos hizo pensar en un nuevo tifón, pero al final todo fue bien y disfrutamos de un día de fiesta por nuestros nuevos sacerdotes”, relata el arzobispo Du. El 28 de noviembre, veinte días después de la catástrofe, Palo celebró el jubileo por el 75 aniversario de la archidiócesis. Este también fue un momento de especial alegría.

D. John F. Du comparte otras experiencias que han sido para él reflejo de que Dios estaba al lado de los filipinos. “Al tercer día del tifón me trajeron un regalo, una imagen de la Virgen de Fátima. Esto me alegró mucho y pensé: La Madre de Dios está con nosotros”. El prelado también relata cómo su casa quedó completamente derrumbada, “pero el sagrario de la capilla de mi casa no fue destruido gracias a que la cruz que estaba sobre él cayó protegiendo de los escombros el tabernáculo”. El arzobispo Du está seguro de que “Dios fue también víctima del tifón”.

Por último, el arzobispo cuenta sorprendido que toda la catedral quedó sin techo y los ventanales destrozados; “sin embargo, las imágenes de los santos no sufrieron ningún daño: ¡Los santos están siempre con nosotros!”. Hoy los cristianos de Palo han reconocido que Dios quiere que tengan una relación más fuerte con Él y su obispo a la cabeza asegura que ahora pueden vivir con más fuerza el Evangelio.

Urgente reconstrucción de los templos

En toda la archidiócesis de Palo han quedado destruidas 76 iglesias y cerca de seiscientas capillas, “que no solo son lugares de oración, sino puntos de encuentro de los vecinos, donde se reúnen, se reparte la ayuda y se da apoyo psicológico”, asegura el arzobispo.

La urgencia en la reconstrucción es primordial. Ya han comenzado al menos a reponer los tejados de algunos templos. La ayuda internacional ofrecida es muy grande, pero el arzobispo de Palo se lamenta de que nadie quiera saber nada de las iglesias destruidas. “Incluso algunas organizaciones católicas, que reciben dinero de personas católicas, no hacen nada por ayudar a la Iglesia a reconstruir sus templos”, deplora el prelado. Otra necesidad es la de apoyar a los doscientos seminaristas que se han quedado en la calle porque el seminario también ha quedado destruido.

Hay otras organizaciones, como Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), que llevan trabajando en este ámbito durante años en Filipinas. Ayuda a la Iglesia Necesitadaenvió en noviembre de 2013 una ayuda urgente de 110000 €. Filipinas es un país prioritario para AIN, que lleva apoyando desde 1969 con una cantidad total de 38 millones de euros. En concreto, la ayuda aportada desde España ha sido una de las más generosas, llegando a recaudar 660000 € en los últimos meses para Filipinas. Los principales proyectos son para la reconstrucción de iglesias y el sostenimiento de los seminaristas. “Muchas gracias a todos los benefactores, por vuestra ayuda y vuestras oraciones”, concluye Mons. Du.

Josué Villalón

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