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“ES DE BIEN NACIDOS, SER AGRADECIDOS” 

Raúl Espinoza Aguilera

Acabamos de celebrar “El Día de Acción de Gracias”, costumbre multisecular debido a ser la época en que se concluye la recolección de las cosechas agrícolas y comienza el período anual que muchos tienen de descanso.

Considero importante reflexionar sobre la frase, ¿por qué ser agradecidos? Sin duda, se trata de las actitudes más nobles de un ser humano que -al no poder realizar una actividad o estar impedido o al recibir un servicio- sea ayudado por los demás y el beneficiado responda con una amable sonrisa y diga expresamente: “¡Muchas gracias! ¡Muy amable!”

¿Por qué? Porque es una expresión que nace del corazón. Toda persona, por modesto que sea el trabajo que realice, tiene una gran dignidad. Hace pocos días me encontraba en un centro de copiado, y en la cola de las personas que esperábamos ser atendidos, se escuchó la voz de una señorita que dijo en voz alta y atropelladamente al empleado: “¡Tengo prisa! ¡Necesito diez juegos de este dossier y que los engargole!”

El dependiente se encontraba trabajando en la impresora y se volvió hacia ella y le contestó amablemente: “-Buenos días, señorita. ¿Qué se le ofrece?… En cuanto le toque su turno, con gusto la atenderé”. Noté que de inmediato cambió la joven de actitud. Le respondió a sus buenos días y de modo más cordial y sereno le hizo su petición, a la vez que le dio las gracias al empleado por su servicial respuesta. Pensé: ¡qué importante es tratar a las gentes como personas y no como máquinas o robots!

Y es que a lo largo de la jornada nos vamos encontrando con personas que nos van prestando diversos servicios y considero de justicia el saber agradecérselos y reconocer su esfuerzo, muchas veces discreto y poco perceptible. Si vamos al supermercado, saludar y dar las gracias a la cajera; lo mismo si se trata de la farmacia o del empleado del banco; si nos abre la puerta un conserje; con el joven que nos sirve la gasolina en el coche; con los policías de seguridad de una institución…La pregunta es: ¿qué tanto nos cuesta hacer una mínima pausa, mirar con calma a la cara, sonreír y darles amablemente las gracias, además de una propina, si es el caso?

Hace un par de días observé en una transitada avenida, mientras los automovilistas esperábamos el cambio de luz en el semáforo, a un anciano campesino que le solicitó una limosna al chófer de una camioneta. Éste le comentó que en ese momento no llevaba monedas consigo, pero que con gusto le regalaba una torta de las dos que le había preparado su esposa y que no se había comido. Reconozco que esa escena me conmovió porque hay que señalar que el chofer de la camioneta era una persona de escasos recursos, pero se apresuró en ayudar a otro semejante que necesitaba de su auxilio. El anciano le sonrió ampliamente y le dio efusivamente las gracias. Aquello era un ejemplo de solidaridad, servicio y una acción de gracias.

El ser agradecidos es una conducta que se valora mucho en la convivencia familiar, en las relaciones de trabajo, en la vida social, en la conducta ciudadana…Viene a ser como un lubricante que ayuda a que las piezas del conjunto social se muevan suave y armónicamente.

Escribía un pensador de nuestros días: “Nadie lo hará también como tú, si tú no lo haces”. El crear una “cultura del agradecimiento” contribuye de forma importante, y en todos los ámbitos, a generar una sana y constructiva convivencia y a dar buen ejemplo de cómo valorar el trabajo y servicio de los demás.

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