Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|jueves, julio 18, 2019
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Éste es el heredero 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.” Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.” Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: « ¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.  Mateo 21, 33-43.45-46

Revisando los últimos Twitter del Papa Francisco encuentro dos que pueden servirnos como el corazón del Evangelio que hoy nos toca considerar; son los siguientes: “Dios quiere habitar en medio de sus hijos. Abramos un espacio para Él en nuestro corazón” “La misericordia se ha vuelto viva y visible en Jesús de Nazaret”. No trato de comentarlos, sino de grabarlos en nuestra vida para aumentar nuestro amor a Jesús; y un modo de hacerlo es amando a su Esposa Santa, la Iglesia –su viña, siguiendo la simbología del Evangelio de hoy-, trabajando codo con codo con todos, cada uno en su lugar, con sus cualidades, con sus luchas., y con arrepentimiento. Una actuación muy distinta a la maldad de los viñadores de la parábola, que a su vez, nos llena de esperanza, pues sirviéndose de la alegoría de la viña, se narran los esfuerzos de Dios por hacer que el pueblo elegido diera fruto, y vencer la resistencia de los hombres, especialmente los jefes de Israel, a darlos. Dios, que no se cansa ni de buscarnos, ni de amarnos, ni de perdonarnos, decide crear un pueblo nuevo.

El lector del evangelio saber que el “Hijo amado” es el mismo Jesús. Por eso, con las palabras del Salmo 118 incoa su muerte violenta en la Cruz y anuncia que esa muerte conducirá a la fundación de un pueblo nuevo con una Nueva Alianza. La muerte de Cristo es así la vida del hombre.

Doctrinalmente esta parábola de los viñadores homicidas, viene a ser un compendio de la historia de la salvación. Mateo -que narra la lectura de este segundo viernes de Cuaresma- es el único evangelista que habla de “un pueblo que rinda sus frutos”, aludiendo a la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios. Tal como se recoge en el Concilio Vaticano II (Lum. gent. 9): “El pueblo de Israel según la carne, que marchaba por el desierto, se llamaba ya Iglesia (cfr. Esdr 13, 1; Núm 20,4; Deut 23, 1 ss). De la misma manera el nuevo Israel, que camina en este mundo en busca de su ciudad futura permanente, recibe el nombre de la Iglesia de Cristo. En efecto, Él la adquirió con su sangre, la llenó de su Espíritu y le dio los medios apropiados para ser una comunidad visible y social”.

En esta misma línea, y tan importante durante la Cuaresma, está la iniciativa de nuestro querido Papa acerca de los Misioneros de la Misericordia, que requiere de ellos que sean testigos de la cercanía de Dios y de su forma de amar.

En nuestra vida podemos encontrarnos con distintos tipos de viñadores… ¡nunca debemos escandalizarnos! ¡Nunca despreciarlos! Aprender de Jesús, aprender de su representante en la tierra, y estar dispuesto a dar la vida por ellos, más cuando el Vicario de Cristo y la Tradición y el Magisterio de la Iglesia nos ofrecen a manos llenas remedios: caridad, mortificación, confesión… en definitiva, misericordia, ese sacar todo el bien posible de cualquier mal.

                                 Gloria Mª Tomás y Garrido

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