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¡Gracias, perdón, ayúdame más! 
31 de diciembre
Por Juan Alonso García

«En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Este es de quien dije: ‘El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo’. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”». (Jn 1, 1-18)


Al igual que el día de Navidad, la liturgia de la Iglesia nos propone hoy el Prólogo de San Juan en el evangelio de la misa. Este último día del año es un buen momento para hacer balance del año que termina y para formular propósitos para el Año Nuevo. ¿Qué cosa mejor que hacerlo con los ojos puestos en la Encarnación del Hijo de Dios, el mayor acontecimiento que ha sucedido en la historia del mundo y de los hombres?

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros: A la luz de este acontecimiento, podemos decirle hoy muchas veces a Jesús la jaculatoria que repetía frecuentemente el Beato Álvaro del Portillo: «¡gracias, perdón, ayúdame más!». Como ha dicho hace poco el Papa Francisco, son palabras «que pueden ayudarnos también a nosotros a dar un nuevo impulso a nuestra propia vida cristiana».

«“Gracias” —señalaba el Papa—es la reacción inmediata y espontánea que siente el alma frente a la bondad de Dios. No puede ser de otra manera. Él siempre nos precede. Por mucho que nos esforcemos, su amor siempre llega antes, nos toca y acaricia primero, nos primerea». El agradecimiento surge en nuestra vida cuando procuramos ver las cosas con realismo, es decir, como las ve Dios. No siempre es fácil, porque nuestro criterio y nuestro juicio quieren abrirse paso, oscureciendo muchas veces la luz de Dios. Y vienen las quejas, las críticas, los pesimismos… De quien da “gracias” a Dios con frecuencia, se puede decir que tiene los pies en el suelo y la cabeza y el corazón en el cielo.

«Perdón» es la expresión de quien es consciente de sus flaquezas pero no se detiene en ellas sino que experimenta la misericordia de Dios. Levantarnos muchas veces de nuestras caídas diciendo a Dios “perdón”, a través del sacramento de la penitencia, nos sumerge en el inmenso amor de Dios, «un amor que —como recuerda el Papa— no humilla, ni hunde en el abismo de la culpa, sino que nos abraza, nos levanta de nuestra postración y nos hace caminar con más determinación y alegría».

«Ayúdame más». Si de verdad creemos lo que la Navidad anuncia, pediremos ayuda muchas veces: Jesús, Tú eres el Emmanuel, “Dios con nosotros”, que nunca nos abandonas y siempre estás a nuestro lado. Viviendo con esta convicción, ¡qué grande será nuestro afán de llevar la Buena Nueva de Jesús a todos los corazones!

«¡Gracias, perdón, ayúdame más!». Acabamos el año con esa oración sencilla y honda, con el deseo de servir a Jesús en el año en el que celebraremos el V centenario de Santa Teresa de Jesús. Unas palabras suyas dirigidas al Señor nos dan luz para cumplir la voluntad de Dios en el Año Nuevo: Vuestra soy, pues me criastes, vuestra, pues me redimistes, vuestra, pues que me sufristes, vuestra pues que me llamastes, vuestra porque me esperastes, vuestra, pues no me perdí: ¿qué mandáis hacer de mí?

Juan Alonso García

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