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Ha llegado el tiempo de la cosecha 
29 de enero
Por Miguel Iborra Viciana

Jesús decía a sus discípulos: “El reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: Sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. También decía: “¿Con qué podríamos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. Y con muchas parábolas como éstas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus discípulos, en privado, les explicaba todo. (Marcos 4, 26-34)

La acción de Dios es silenciosa y en crecimiento continuo como la semilla. Si interrumpimos lo que sustenta nuestra fe y abandonamos el día a día, desaprovechamos su plenitud esplendorosa.

¿Tenemos confianza en la siembra de nuestras semillas?.

Me da la impresión que debemos poner algo de orden en nuestra sementera y espantar a tantos “pájaros” que se están comiendo el grano.

Si queremos una vida transparente, imperiosamente, necesitamos recuperar un acercamiento más concreto y vital en la tarea de acercarnos a todas las personas que salen a nuestro encuentro, entonces habremos crecido, seremos frutos visibles, servidores humildes y el germen de una abundante cosecha, la fuerza del Evangelio.

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