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Hoy también, necesitamos ser curados del desánimo 
11 de Febrero
Por Ángel Moreno

“Desde allí fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse. Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». Él le contestó: «Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija». Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado” (San Marcos 7, 24-30).

COMENTARIO

Hoy se celebra la Virgen de Lourdes, revelación privada que nos confirma que Dios sigue teniendo misericordia con nosotros, de manera especial a través de la intercesión maternal de María.

Hoy el texto evangélico sitúa a Jesús fuera de las fronteras de Israel, y en conversación con una mujer pagana, a la que atiende y concede lo que le pide por la fe que manifiesta.

Hoy sigue siendo actual nuestra necesidad de ser curados, de manera especial de las enfermedades del espíritu, como son la tristeza, el hastío, la melancolía, la desesperanza o el desánimo.

Necesitamos atrevernos como la sirofenicia a pedir al Señor, por medio de la Virgen, que nos libre de los malos espíritus. El papa Francisco nos ha invitado a rezar:

“Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros de que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección.

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, o Virgen gloriosa y bendita”.

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