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Hungría ha ayudado a 340 millones de cristianos a permanecer en sus países 

 | (Riposte catholique) El medio de comunicación francófono centroeuropeo Visegrad post ha entrevistado a Tristan Azbej, secretario de Estado húngaro para los cristianos perseguidos, quien resume así el trabajo realizado por su administración:

El significado de la misión de Hungría para la protección de los cristianos perseguidos es doble. En primer lugar, y lo más importante, apoyamos a las comunidades cristianas que están en peligro. Hacemos todo lo posible para que estos cristianos puedan permanecer en sus hogares. En los últimos cuatro años, hemos podido ayudar a más de un cuarto de millón de cristianos de todo el mundo que son víctimas de persecución, discriminación o amenazas. Este es el principal logro de nuestro programa.

Por eso estamos sirviendo de voz a los cristianos perseguidos, con la firme intención de que los organismos internacionales conozcan la realidad de esta persecución, que requiere de acciones diplomáticas… hemos sido el primer gobierno en responder a las necesidades de 340 millones de víctimas de violaciones de derechos humanos.”.

A continuación Azbej aborda las consecuencias de la pandemia en el mundo, que ha agravado la persecución de las minorías religiosas, en particular de los cristianos: “La peor consecuencia de la crisis del coronavirus ha sido hacer aún más difícil la situación de las comunidades cristianas perseguidas en todo el mundo. A menudo han sido discriminados en el contexto de las medidas sanitarias, especialmente en los países donde los cristianos no son considerados ciudadanos de pleno derecho.

Por otro lado, hay bastantes países en los que los cristianos son discriminados en el mercado laboral. Para estos últimos, las restricciones provocadas por la crisis del coronavirus les han impedido ganarse la vida. Desde Asia y África, hemos recibido noticias desgarradoras de comunidades cristianas que se enfrentan al hambre y la muerte como consecuencia de la crisis. Hemos hecho todo lo posible para hacer llegar la ayuda humanitaria de emergencia -incluidos los alimentos- a diversos lugares”.

Por último, indica que en Afganistán, tras la llegada de los talibanes, miles de cristianos están en peligro: “Según nuestras informaciones, había entre 8.000 y 10.000 cristianos en Afganistán antes de que los talibanes tomaran el poder. Las cifras son imprecisas, ya que incluso antes de que los talibanes llegaran al poder, los cristianos de Afganistán tenían que practicar su fe de forma clandestina. Dado que Afganistán es un país con estrictas leyes «anticonversión» y «antiblasfemia», practicar el cristianismo en Afganistán ya era antes una actividad de alto riesgo”.

Entre estos cristianos, no parece haber ningún católico: la actividad de la misión católica en Kabul, dentro de la embajada italiana, ha sido muy limitada y casi restringida a los extranjeros destinados o en misión en el país. El único sacerdote católico y las pocas monjas presentes fueron repatriados a Italia. Por otra parte, los evangélicos -también presentes y perseguidos en el vecino Pakistán- han llevado a cabo una actividad misionera en Afganistán, en condiciones muy difíciles.

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