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“Una conversión y una misión” 
25 de Enero
Por César Allende

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» (Marcos 16,15-18)

FESTIVIDAD DE LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

El corazón del cristianismo es el acontecimiento de la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, un hecho que Pablo de Tarso se empeñaba en predicar como algo real: “que ese tal Jesús está vivo”, en palabras del gobernador Festo al rey Agripa (Hch 25, 19).

San Lucas narra en Hch 26, 9-20, la conversión de Pablo que este mismo cuenta a Agripa, en una ocasión de importancia enorme para su causa y su defensa ante el César.  En este discurso de Pablo al rey aparece la palabra “conversión”, primero en 26, 18 (“que se vuelvan”) y luego en el v 20 (“se conviertan”). Lucas usa la terminología exacta para expresar el proceso que la gracia del Resucitado obra en Pablo: convertirse, y hacer penitencia para convertirse. Sin una conversión previa Pablo no hubiera hecho tampoco él penitencia ni se habría convertido al final. De modo que, entrando al fondo de lo que Lucas nos narra en Hch 26, 9-20, vemos que el Evangelio de hoy fue magníficamente llevado a cabo por el Apóstol : el Señor Resucitado (vivo y actuante) le lleva a la conversión que produce el digno fruto de la penitencia que Dios quiere y en la que se complace: la vuelta de todo corazón a Él para que por su medio y predicación, nosotros los que en otro tiempo fuimos gentiles “recibiéramos el perdón de los pecados y parte en la herencia entre los que han sido justificados por la Fe en el Señor” (Hch 26, 18-20). O lo que es lo mismo: para pasar de “estar enfermos a quedar sanos”. (Mc  16,18).

Un sentimiento de profunda gratitud nos brota del corazón al hacerse presente hoy en nosotros, por la predicación de Pablo, el Misterio Pascual del Señor Jesús.

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