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Iglesia y fecundación artificial 

La dignidad del “ser humano” en todas sus etapas: cigoto, embrión, feto, niño, joven, adulto y anciano

Muchos matrimonios sufren el drama de la esterilidad; desean desde lo más profundo de sus corazones la llegada del hijo, pero el maravilloso don de una nueva vida no aparece en el horizonte del hogar. Frente a este sufrimiento, algunos esposos se preguntan si sería correcto recurrir a técnicas de reproducción artificial. La Iglesia preparó hace 25 años un documento sobre este tema, “Donum Vitae”, que lleva la firma del entonces Cardenal Joseph Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI), y cuenta con la aprobación de quien era entonces el Papa, Juan Pablo II. Su título es “Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y de la dignidad de la procreación”.

La esterilidad siempre es una dura prueba, cualquiera que sea su causa. La Iglesia comprende el dolor de quienes no ven realizada su legítima y noble aspiración a ser padres, pero por encima de este deseo se encuentra la dignidad de la persona del hijo, que en ningún caso puede ser tratada como un mero producto o resultado de un laboratorio. La “Donum Vitae” analiza las distintas técnicas de reproducción artificial:

a) Inseminación artificial (IA, en inglés AI): Extrae y capacita la dotación espermática para luego introducirla artificialmente en el útero.

b) Fecundación “in vitro” (FIV, en inglés IVF): Busca la unión entre uno o varios óvulos y los espermatozoides fuera del organismo femenino, para después introducir en el útero materno uno o varios embriones obtenidos en el laboratorio (“in vitro”).

c) Tipos de inseminaciones y de fecundaciones artificiales: 1) Homóloga: Se realiza a partir de los óvulos y los espermatozoides de la misma pareja; en este caso los padres son verdaderos padres biológicos de los hijos así concebidos. 2) Heteróloga: Usa óvulos o espermatozoides que proceden de un donante ajeno al matrimonio que desea tener hijos.

fruto de la donación y no producto de una jeringa

Según la “Donum vitae”, son lícitas aquellas ayudas médicas que permitan a los esposos, desde el acto conyugal realizado como fruto del amor y abierto a la vida, superar algunos obstáculos que impiden la procreación y puedan así concebir un hijo. Sin embargo, en este sentido, cualquier técnica que persiga la procreación fuera del propio acto conyugal es intrínsecamente mala.

Por lo mismo, la Iglesia declara la inmoralidad de cualquier técnica heteróloga, pues implica recurrir a alguien ajeno a los esposos, realizando así una especie de “adulterio” en el que el hijo no lo es plenamente de uno (o de los dos) de los padres. Igualmente el documento hace ver cómo toda forma de fecundación artificial (“in vitro”) es contraria a la unión entre procreación y amor conyugal, pues los embriones así concebidos son producto de la técnica y no del resultado del amor expresado a través de la relación sexual entre los esposos.

En cuanto a la inseminación artificial, esta es inmoral si se realiza a través de la obtención del esperma masculino fuera del acto conyugal entre los esposos (con el recurso a la masturbación). A la vez, el documento explica que existe un posible uso correcto de la inseminación artificial, cuando “el medio técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una facilitación y una ayuda para que aquel alcance su finalidad natural”; es decir, cuando se toma el esperma masculino no a través de la masturbación, sino inmediatamente después de un acto sexual que respete la estrecha relación que existe entre los significados unitivo y procreativo del mismo.

La “Donum Vitae” explica, además, la inmoralidad propia de cualquier técnica que implique poner en peligro o dañar la vida de los embriones, experimentar arbitrariamente con ellos, congelarlos o producirlos simplemente como material biológico disponible para la investigación o para nuevos intentos de lograr el embarazo.

servidores y no dueños de la transmisión de la vida

De este documento han surgido muchas objeciones por parte de la mentalidad “moderna”. Para cada una de ellas existe una respuesta argumentada, que muestra la verdad de la enseñanza de la Iglesia, acerca de que es siempre inmoral generar vida humana fuera del acto matrimonial.

Objeción 1.ª: El documento defiende una moral abstracta, de principios, que va contra la mentalidad moral actual. En la moralidad “moderna”, según la objeción, el individuo es el que decide qué está bien y qué está mal, sin depender de reglas o de indicaciones que reciba de otros.

Respuesta: La moral católica no es abstracta, aunque se basa en principios generales que sirven para iluminar las situaciones concretas que se dan en las vidas de las personas. La misma objeción parte de un principio abstracto (“el individuo es quien decide lo bueno y lo malo”) que es erróneo. En realidad, la ética no consiste simplemente en seguir lo que uno desea, ni en usar cualquier medio (incluso malo) para alcanzar un fin bueno; sino en respetar un orden moral que nos dice cuál es el camino correcto para realizar el bien.

Objeción 2.ª: El documento supone una concepción metafísica de la persona humana, pero en el mundo actual la metafísica ya no tiene ningún valor.

Respuesta: El concepto de persona que defienden muchas corrientes modernas (sociologismo, existencialismo, materialismo, individualismo…) carece de fundamento. Sin la fundamentación metafísica (tal como la defiende la verdadera filosofía) es muy difícil defender la dignidad de la persona. Por lo tanto el ser humano queda a merced de cualquier manipulación de las ideologías, según criterios arbitrarios que llevan a disparatadas e injustas consecuencias como el racismo, el aborto, el infanticidio, etc.

Objeción 3.ª: La “Donum Vitae” se opone a la fecundación “in vitro” porque se basa en una visión “anticuada” de lo que es el acto conyugal, y olvida el legítimo deseo de los esposos de tener hijos gracias a los progresos de la técnica.

Respuesta: Este documento tiene presente las dos dimensiones del acto conyugal: unitivo y procreativo. En las técnicas de reproducción artificial, la procreación humana es vista más como producción que como consecuencia de un acto de amor situado en su marco correcto: el que permite la donación mutua de los esposos en el acto conyugal abierto a la vida.

Objeción 4.ª: La esterilidad es una enfermedad, y la ciencia debe tratarla así, ofreciendo todas las posibilidades que existan para conseguir un hijo. No se puede obligar a una pareja, por unas pretendidas normas morales, a vivir con resignación su enfermedad y a renunciar a sus aspiraciones legítimas. Además, la fecundación “in vitro” está dando excelentes resultados: muchos hijos nacen sanos gracias a las técnicas de reproducción artificial.

Respuesta: El hecho de que haya buenos resultados no significa que el camino sea moralmente correcto. También ha habido hospitales y laboratorios que buscaron alcanzar descubrimientos importantes para la medicina a través de experimentos inmorales sobre enfermos u otros tipos de personas. La esterilidad puede ser tratada en sus causas según el progreso de la ciencia médica. Pero la medicina está llamada a respetar la dignidad de la persona humana, sea la de los esposos, sea la de los posibles hijos. Nunca será correcto un acto técnico que atente contra los principios éticos y contra la dignidad de alguna de las personas implicadas en el proceso procreativo (padres e hijos).

Objeción 5.ª: En virtud de sus principios morales la Iglesia pretende imponer límites a la ciencia, cuando la investigación científica es, de por sí, amoral: la ciencia no debe someterse a cánones ajenos a la misma ciencia.

Respuesta: La investigación científica es realizada por seres humanos que están llamados a respetar las normas éticas como los demás hombres. No es nunca correcto el progreso de la ciencia cuando se logra a base de experimentos que no respetan la dignidad de otros seres humanos (aunque sean pequeños como los embriones). Una ciencia sin ética puede convertirse en un monstruo que termine por destruir a miles de seres humanos inocentes, como ya se hace con los embriones humanos.

Objeción 6.ª: No está claro que desde el momento de la formación del zigoto (desde el instante de la fecundación) exista ya un embrión humano. Han de transcurrir algunos días para que se pueda hablar de embrión humano. Los días anteriores tenemos “pre-embriones”, sobre los cuales la ciencia tendría el derecho de experimentar libremente.

Respuesta: La ciencia está de acuerdo en que, desde la concepción, el cigoto es una unidad que se autorregula y autoconstituye según las características propias de la vida animal; tiene, además, la dotación cromosómica y los elementos citoplasmáticos que regirán su desarrollo biológico futuro. Es cierto que la ciencia no puede determinar en qué momento llegaría el alma espiritual a los nuevos embriones humanos, pero sí puede decir cuándo nos encontramos ante una nueva realidad biológica: a partir de la fecundación. Si hubiera casos de duda sobre la presencia del alma en esos embriones, sigue en pie la obligación de tratarlos con el respeto debido a todo ser humano.

Objeción 7.ª: No existe entre los católicos una plena aceptación sobre la doctrina que defiende el documento. Incluso es posible encontrar a sacerdotes que explican a los esposos que sí es correcto recurrir a la reproducción artificial.

Respuesta: Pero ello no es motivo para apartarnos de lo que enseñan el Papa y los obispos que se mantienen unidos entre sí y al Papa, como las enseñanzas contenidas en la “Donum Vitae” o en otros documentos del Magisterio. Un católico, incluso un sacerdote, habla como católico solo cuando lo hace de acuerdo con los principios que debe profesar, si quiere estar en comunión de fe y de amor con la Iglesia instituida por Jesucristo.

Objeción 8.ª: La “Donum Vitae”, en la tercera parte, pide a los legisladores que defiendan y salvaguarden los principios propios de la moral “católica” sobre estos temas, cuando en la vida pública, según el principio de laicidad, habría que respetar la pluralidad de ideas y de opciones como norma suprema, y permitir el libre acceso a las técnicas de reproducción artificial a todos los ciudadanos.

Respuesta: Lo propio de la ley es salvaguardar los derechos de las personas. La “Donum Vitae” al recordar que los Estados deben tutelar la vida de los embriones y no permitir técnicas que los pongan en peligro no impone una moral particular y “opcional”, sino natural y universal. Vivimos en una sociedad pluralista, pero pluralismo no es sinónimo de tolerar acciones injustas o violentas. Por eso es necesario asumir e “imponer” a todos un mínimo ético para garantizar la convivencia social. Ese mínimo ético también debe llevarnos a prohibir técnicas de reproducción artificial que no respetan ni la dignidad del matrimonio ni la vida de miles de embriones.

un hijo no es una mercancía ni una propiedad

La instrucción “Donum Vitae” fue un documento clarividente, que descubrió las serias amenazas escondidas en las nuevas técnicas de reproducción artificial. Después de 25 años conserva plena vigencia lo indicado en su introducción: “Los progresos de la técnica hacen posible en la actualidad una procreación sin unión sexual, mediante el encuentro in vitro de células germinales extraídas previamente del varón y de la mujer. Pero lo que es técnicamente posible no es, por esa sola razón, moralmente admisible”.

Así, desde 1987 son miles los embriones abandonados, congelados, destruidos, o usados en investigaciones científicas; miles también las parejas que han invertido dinero y energías con la esperanza de conseguir un hijo a través de la fecundación artificial. Muchas han visto frustradas sus esperanzas, mientras que otras, con mayor o menor conciencia, han permitido la congelación, e incluso la destrucción de algunos de sus hijos más indefensos, embriones inocentes que se convirtieron en “sobrantes”.

Desgraciadamente en las siguientes décadas se han desarrollado nuevas variantes de las técnicas. Una de ellas cuenta con una amplia difusión, la ICSI, que consiste en la microinyección en laboratorio de un espematozoide en un óvulo. También se ha difundido la práctica del diagnóstico preimplantacional, orientado a seleccionar los embriones sanos (los “mejores”) y a marginar o destruir (de modo injusto y discriminatorio) a los considerados defectuosos o no deseados.

Algunos gobiernos han permitido que los laboratorios usen y destruyan a cientos de embriones para fomentar nuevas investigaciones sobre las células madre embrionarias. En algunos casos se ha permitido la creación de nuevos embriones para “servir” a la ciencia y luego ser destruidos.

El panorama presenta tintes de drama. Por eso se hace necesario volver a leer un documento profético que ofrece pautas para rescatar la dignidad del matrimonio, de los embriones y de la vocación médica, y para poner límites a técnicas injustas. Tal lectura necesita estar acompañada por otra instrucción sobre estas temáticas, publicada por la misma Congregación para la doctrina de la fe con el título “Dignitas personae” (diciembre de 2008).

Es urgente, por lo tanto, profundizar en una correcta visión ética sobre el matrimonio y la procreación, de manera que la verdadera medicina siga ayudando y acompañando a las parejas que no pueden tener hijos. A la vez, hay que educar a los jóvenes para que sepan cuidar la propia fecundidad como un tesoro que permite, tras el “sí” del compromiso matrimonial, que un esposo y una esposa puedan convertirse en colaboradores de Dios en la transmisión del don de la vida.

P. Fernando Pascual L.C.

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