Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|jueves, noviembre 21, 2019
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Inevitabel Dios 

Mucha gente nos hemos sentido heridos por palabras o sentencias que nos han ofendido y sufrimos por ello. También ciertos actos realizados por otras personas con relación hacia nosotros nos causan o nos causaron sufrimiento. Y digo sufrimiento y no digo dolor, porque pretendo diferenciar el aspecto físico del aspecto mental y emocional, es decir:

Las terminaciones nerviosas del cuerpo, cuando son dañadas, nos producen dolor, pero no es obligatorio que ese dolor tenga que transformarse en sufrimiento; de hecho, yo puedo pellizcarme a mí mismo y causarme dolor durante mucho tiempo, pero esto no implica que me haga sufrir necesariamente, pues el sufrimiento siempre implica una actitud mental.

Algunas técnicas utilizadas en Oriente intentan diferenciar bien este hecho como técnica de crecimiento personal, así ocurre con los famosos faquires capaces de caminar sobre brasas o dormir sobre clavos soportando el dolor sin sufrimiento mental, transcendiendo con ello el aspecto físico de su ser. Y es que el problema no es que alguien te llame idiota el problema es lo que tú te dices a ti mismo cuando alguien te llama idiota.

El cuerpo puede experimentar o no experimentar dolor pero el sufrimiento siempre está en el mundo mental o emocional y generalmente causado por lo que nosotros mismos nos decimos a causa de los acontecimientos que hemos experimentado.

Deberíamos ver los acontecimientos como neutros, ya que la cuestión no está en lo que nos ocurre sino en cómo vivimos en nuestra mente y corazón lo que nos ocurre, y la realidad es que todo acontecimiento por muy doloroso que parezca es un regalo para descubrir nuestro verdadero ser. Necesitamos abandonarnos a la voluntad de Dios para dejar de sufrir.

El médico y escritor Americano, Andrew Weil, sugirió que mientras las personas paranoicas perciben el mundo como una conspiración contra ellos, los místicos ven el mundo como una conspiración arreglada en su beneficio. Así que cada acontecimiento que ocurre se ve como proveniente de lo Universal para ayudarnos a descubrir el obsequio más grande de todos: nuestra naturaleza verdadera como hijos de Dios.

Otro efecto de este punto de vista es una disminución de los sentimientos de culpa, tanto propios como de los otros. Cuando nosotros distribuimos las culpas, malinterpretamos la experiencia y el drama de la vida. Así que considerar cada acontecimiento como un obsequio del Cielo, es una manera de aprender a cambiar el punto de vista que tenemos de los fenómenos desde una perspectiva limitada del ego a otra correspondiente a nuestro ser verdadero.

Desde pequeños en la escuela deberían de enseñar a los niños a dejar esa actitud tan común de “me lo deben y no me lo pagan” ya que encontramos muchas personas que se quejan mucho en nuestros días por las cosas que les ocurren. Y es que hemos caído en el vicio de pensar que las cosas deben ser mejores de lo que son para nosotros,… … “por nuestros méritos y facultades”. Y todo por contarnos a nosotros mismos ideas de lo que es mejor y de lo que es ideal, como si fuéramos nuestros propios creadores. Sin darnos cuenta que “todo acontece para el bien de aquellos que aman a Dios”.

Albert Einstein una vez dijo que la pregunta más importante que nosotros podemos hacernos es: “¿Es el universo un lugar amistoso?”. Es esta creencia fundamental lo que determina cómo respondemos ante la vida. Y responderemos bien si vemos la mano de Dios detrás de los acontecimientos. El “Sí”, el “Hágase en mí Tu voluntad” de la Virgen María no viene sino a enseñarnos esto de una forma sencilla preciosa y misteriosa.

Y con este “Sí” en nuestros labios, veremos que Dios no es un objetivo lejano, al que uno solamente puede conocer después de muchos años de grandes y penosos esfuerzos. No es algo que solamente conoceremos cuando estamos en un estado más propicio o cuando la vida se nos arregle como nosotros queremos. No es algo en lo que tengas o no que creer, y lo sepas o no lo sepas, Dios es algo imposible de evitar, presente siempre en cada aspecto de la vida que vives.

Esto no es un cuento o una historia agradable; simplemente es cierto, nos guste o no. Y si nos abandonamos a Dios en la vida diaria dejaremos de sufrir a pesar de todo y algunas veces, sin duda, lo veremos.

J.J. Prieto Bonilla 

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