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Infinidad de Iglesias desconsagradas se transforman en oficinas y discotecas 

En ocasiones los fieles ven herida su sensibilidad religiosa por ciertos usos «impropios» de antiguos templos

El Gattopardo Café de Milán fue una iglesia dedicada a San José y hoy, tras ser desconsagrada en los 70, es una de las disco bar más frecuentadas de la capital de Lombardía y se baíla hasta el alba; el Paradiso, en Amsterdam, era una iglesia hasta 1965 y ahora es un templo de la música en Holanda; una basílica desconsagrada en Hungría se ha transformado en un night club y por la noche, sobre el altar hay «lap dance» para striptease. Son solamente tres casos, pero el catálogo de las iglesias desconsagradas se podría alargar a miles y miles de casos.

En Gran Bretaña, 50.000 iglesias se han convertido en salas para negocios, restaurantes, oficinas o discotecas. En Italia no son menos. Seguramente Nápoles, donde se construyeron cientos de iglesias durante el dominio de los españoles, tiene el récord de iglesias desconsagradas o cerradas. El fenómeno es global. El diario La Stampa, que dedica al tema un amplio reportaje, firmado por sus especialistas, Giacomo Galeazzi Andrea Tornielli, cuenta que en Cupramontana, en la provincia de Ancona, el «Eremo delle grotte», conocido como «Frati Bianchi», habitado durante cinco siglos por congregaciones monásticas, con santos y fundadores de la orden de los Capuchinos, hoy se dedica a cenas sociales y degustaciones de vinos. En Génova, Santa Sabina es sede de una banca. En Salerno, San Gregorio es una galería de arte.

Indignación por usos «impropios»

Con la reducción del clero por falta de vocaciones y la disminución de fieles practicantes, para la jerarquía católica se hace muy difícil mantener el rico patrimonio eclesiástico. Para hacer frente a las necesidades económicas, en esta época de crisis, algunos obispos han quitado la sacralizad a antiguos lugares de culto y los han vendido.

Pero, ante el destino que se le ha dado a algunos de ellos, se ha producido cierta indignación entre algunos fieles, que ven herida su sensibilidad religiosa, sobre todo cuando han comprobado que antiguos monasterios, abadías o santuarios se convierten en locales con diversos empleos, a veces incluso con usos «impropios» como el «lap dance» sobre el altar en una basílica desconsagrada de Hungría, un caso contadocontado por el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura.

Emergencia cultural

«No solo es cuestión de decoro y de buen gusto, sino también desensibilidad hacia la religión. Hay que vigilar las transformaciones impropias y respetar las huellas de religiosidad o símbolos de historia del cristianismo», afirma el cardenal Re a «La Stampa». Por su parte, el director de «Rivista liturgica», Manlio Sodi, subraya que se trata de «una emergencia cultural», y por tanto sirven «soluciones de común acuerdo con las autoridades civiles para impedir que se continúe dañando un patrimonio que es de todos»

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