Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|domingo, agosto 9, 2020
  • Siguenos!

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron 
Por Jorge L. Santana

«En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: “Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron». (Mt 4,18-22)


Así comienza la vida del cristiano. Con un encuentro personal con Jesús. Nadie puede ser cristiano por mucho que vaya a la iglesia y acceda a todos los sacramentos asiduamente, si antes no ha tenido este encuentro con Cristo. Como se ve en la lectura no son los apóstoles los que buscan al Señor, sino Él quien se acerca y les dice que lo sigan. Si Cristo pasa por delante de tu vida y te llama, el encuentro es vital, cambia la razón de nuestras dudas, la esencia de nuestros pensamientos, la naturaleza de nuestros deseos. Encontrarse con Cristo es salir de uno mismo; ya no me vale enredarme con el copo, mirando la red en la que había puesto mi única esperanza, mi futuro, mi subsistencia. Los primeros discípulos a los que llama Jesús, dejan los dos grandes ídolos del hombre, la seguridad —representada aquí por la barca— y los afectos —representados por su padre: “Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron” —.

Por eso no se trata de compromisos, esfuerzos, heroicidades, moralismos, cumplimientos, etc. se trata únicamente de encontrarse con Cristo, y de manera inmediata tu vida comienza a cambiar como la de los discípulos Pedro, Juan, Santiago y Andrés. Así cambió la vida de la Magdalena, la de Nicodemo, la de Zaqueo, la del ciego de Jericó, la de la hemorroísa…, y la de tantos y tantos hombres descreídos, ateos, escépticos, pecadores que al encontrarse con Jesús, su vida da una giro radical.

Seguirlo es comenzar a conocerlo, conocerlo es comenzar a amarlo y amarlo es comenzar la vida eterna. Porque este hombre que nos llama a seguirlo, también hoy a todos nosotros, ha entregado hasta la última gota de su sangre para que tengamos acceso a esa vida, a la morada eterna, a la genuina patria que nos ha preparado: el cielo.

Jorge L. Santana

Añadir comentario