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Irak es la punta del iceberg 

Irak es la punta del iceberg, dice el Cardenal Vegliò, quien conversó sobre el tema con el Papa Francisco

 El Papa Francisco recibió el pasado 28 de agosto en la Casa de Santa Marta al Cardenal Antonio Maria Vegliò, Presidente del Consejo Pontificio de la Pastoral para los emigrantes e itinerantes, con quien conversó especialmente acerca del drama de la población iraquí que huye de los yihadistas del llamado Estado Islámico. Para el Santo Padre la Iglesia debe estar en primera línea en la defensa de los más débiles.
Además, recordamos, el Obispo de Roma dijo recientemente que en Irak es lícito detener al agresor aunque sin bombardear:
“En estos casos, donde hay una agresión injusta, sólo puedo decir que es lícito frenar al agresor injusto”, frenar, “no digo bombardear”, aclaro, y por lo tanto evaluar los medios con los cuales hacerlo”. Detener al agresor es justo y lícito. Pero tenemos que tener memoria de todas las veces que con esta escusa de detener al agresor las potencias se han apropiado de los pueblos y han hecho ¡una verdadera guerra de conquista! Una sola nación no puede juzgar cómo se detiene esto, cómo se detiene a un agresor injusto”.
En el vuelo de regreso de Seúl a Roma, el Papa Francisco mantuvo intenso diálogo con los periodistas, que le habían formulado una serie de preguntas, que recorrieron desde el viaje a Corea hasta los más preocupantes escenarios internacionales. Después de haber hablado de la dramática situación en Irak – donde el Pontífice estaría dispuesto a ir – se concentró la atención en Oriente Medio. Hoy el humo de las bombas deja poco espacio a la esperanza de paz entre israelíes y palestinos, pero el Papa Francisco afirmó que la puerta del diálogo está abierta y solo se necesita atravesarlo.
Ante los micrófonos de nuestro colega Sergio Centofanti, el Cardenal Vegliò dijo:
La Iglesia debe ayudar precisamente a quienes tienen más necesidad, porque sus derechos son violados. Por tanto, la Iglesia que es para los pobres y para aquellos que no tienen voz, debe estar presente y no debemos cansarnos jamás de decir estas cosas, tanto en las homilías, en los discursos; y, eventualmente, como influencia en situaciones políticas.

En cuanto al nuevo drama de quienes se han visto obligados a abandonar Irak, y que son verdaderamente muchísimos, el Purpurado afirmó:
Yo los llamo evacuados y refugiados, porque escapan, porque si permanecen en sus lugares de origen son asesinados. Ahora, frente a los dramas de estas personas no logro comprender cómo se pueda decir – como se ha dicho – “volvámoslas a enviar a su país”. Pero, digo, el cerebro que razona, ¿puede decir a uno que ha escapado de un país en el que lo habrían matado, “regresa a tu país?”. Yo creo que le falta no sólo la humanidad, sino también la inteligencia. Siento tener que decir esto… Y además, es gente que sufre: deja todo, escapa… Y no sólo en Irak, usted lo sabe bien.
Ahora Irak es la punta del iceberg, porque allí está la situación más espantosa: hay asesinatos, matanzas mediante los modos bárbaros que conocemos, que hemos visto… Esta gente tiene necesidad ahora no sólo de las oraciones: la oración es importante, pero no basta; tiene necesidad de ayudas, tiene necesidad de que la comunidad internacional se haga cargo de ella. ¿Cómo? Ha dicho bien el Papa en el avión, mientras regresaba de Corea: “Es necesario detener a esta gente”. ¿Y cómo? Precisamente: es la comunidad internacional la que debe evaluar los medios. Pero no como quien no quiere la cosa.
Ahora, justamente, el Papa dijo: “Nosotros no podemos cerrar los ojos, no podemos hacer de cuenta que no sucede nada”, porque sería lo mismo, como cuando Hitler asesinaba a los judíos y después muchos han dicho: “¡Ah, no, no: nosotros no sabíamos nada!”: ¡toda hipocresía! ¡Es necesario hacer algo!

De modo que la comunidad internacional, en este sentido, está haciendo muy poco aún…
La comunidad internacional hace muy poco: es decir, la ONU y también un poco Europa que está más cerca, incluso geográficamente hablando de estos países. En mi opinión, Europa debería tener un poco más de sensibilidad. Lamentablemente, en Europa tenemos tantos problemas por los cuales, hablando egoístamente, uno piensa en sí mismo y piensa poco en los demás. Pero si pensamos en nuestros problemas – digo ‘nuestros’ como italianos – que ciertamente son graves, porque la economía no va bien, muchos no tienen trabajo, pero son siempre problemas relativamente más pequeños de los que tiene este pobre pueblo iraquí que escapa para no ser degollado…

Ante la pregunta de cuáles son las esperanzas de la Iglesia para estos refugiados iraquíes, el Presidente del Consejo Pontificio de la Pastoral para los emigrantes e itinerantes respondió:
Yo espero que Europa – algunos países ya comenzaron a hacerlo – sea sensible, les dé la posibilidad de ser acogidos en sus propios países – Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, España: ¡todos países ricos con respecto a estos pobrecitos! – yo espero que lo hagan también tras el impulso de la Iglesia. ¡Y cuando hablamos de la Iglesia, no pensamos sólo en el Vaticano o en la Curia! La Iglesia es una realidad presente por doquier, y la Iglesia tiene la sensibilidad para ayudar a estos pobrecitos, a estos emigrados, a estos refugiados, a estos evacuados. Ahora bien, no se puede pensar que pueda resolver este drama un país solamente: véase el ejemplo de Italia. Y estoy contento de que también en Europa se haya comprendido un poco el problema italiano con la cuestión del ‘Mare Nostrum’, del ‘Frontex plus’… Ahora he aquí que nosotros trabajamos donde podemos trabajar, esperando que también la gente sea sensible a estos problemas.

 

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