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Venid conmigo 
14 de Enero
Por Javier Leceta Martínez

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él
(San Marcos 1, 14-20).

COMENTARIO

Hoy, después del tiempo de Navidad, empieza el tiempo ordinario del año litúrgico. Después de la fiesta del bautismo del Señor y de la desaparición de escena de Juan Bautista es Jesucristo el que empieza su ministerio. En este evangelio hay tres elementos importantes: el reino de Dios, el Evangelio y la conversión.

El reino de Dios: porque hay dos reinos, uno es de Dios y en el otro el diablo es el príncipe de este mundo. Jesucristo vino a liberar a los que por miedo a la muerte estaban de por vida sometidos a esclavitud. La esclavitud de la corrupción. Todo es pasajero, todo se acaba. Y la tendencia del hombre, engañado por el demonio, es asegurarse todo para sí mismo. Esto le lleva a la frustración, el egoísmo, no poder amar a los demás. En su reino Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y destruirá la muerte para siempre.

El Evangelio: Jesucristo vino para mostrarnos el amor de Dios hacia nosotros y llevarnos a este reino. Lo hizo muriendo por nuestros pecados y resucitando, como el primero de todos, a una vida nueva, que no se acaba. Y esto por puro amor a nosotros, por iniciativa propia, sin haber hecho nosotros nada por merecerlo. Por gracia. El amor consiste en que Dios nos amó. Es Dios el que se compromete con nosotros.

Convertíos: para poder participar de esta promesa es necesario que nosotros abandonemos nuestros criterios mundanos y reconozcamos nuestra miseria y nuestros pecados con humildad. Los apóstoles dejaron todo lo suyo y le siguieron. Su vida cambió radicalmente.

En estos días, en muchas parroquias, empieza un tiempo de predicación de esta nueva noticia del Evangelio. Es una oportunidad que nos da Dios de que podamos seguir la invitación a entrar en este reino de Dios.

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