Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|lunes, junio 17, 2019
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Jesús es el bien 

El problema del mal parece la gran objeción contra las creencias religiosas. Aquello que pregunta quien sufre tribulaciones: “¿Por qué Dios lo permitió?”. Los sabios lo llamaban el problema de la teodicea: ¿Cómo conciliar a Dios Todopoderoso con el mal del mundo?

Los grandes teólogos, como Santo Tomás de Aquino, respondían que el mal en realidad es “falta de ser”, un vacío, algo que falló en el proceso, una nada en la naturaleza, que en principio tiende al bien. Aunque esa respuesta intelectual dejaba fríos a los sufrientes, pues el mal seguía estando ahí, con la insistencia de un Stalin o de un Hitler.

Porque en el fondo ese problema profundo no estaba bien enfocado. Se trata más bien de una cuestión de actitud. Decía Escrivá de Balaguer que “es mala disposición oír la palabra de Dios con espíritu crítico”. Aunque duela mucho una desdicha, preguntar a Dios es el primer paso para responsabilizarle y alejarnos de Él… Lo que a la larga multiplicará el daño.

Los Salmos dicen: “Señor, tu saber me sobrepasa”. Esa antigua actitud sí es acertada y prudente, pues somos como hormigas ante la grandeza de Dios, apenas podemos entender su grandeza y poder infinitos. Eso nos calma y nos ayuda mucho más, porque es más real.

Las buenas creencias son una actitud. La cercanía constante e incondicional con Jesús, que es la puerta al Padre infinito y a la perfección del Espíritu Santo. Jesús es la llave para salir de todo laberinto, incluido éste. Lo demás sería seguir dando vueltas por barrios errados.

La confianza plena y continua en Cristo nos dará además la serenidad ante posibles males. Es a la inversa, cada obstáculo nos debe acercar aún más y para siempre a Jesús.

                             Manuel del Pino.

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