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“…Jesús se abrió paso entre ellos” 
16 de Marzo
Por Rafael Luis Alcázar

Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino (San Lucas 4, 24-30).

COMENTARIO

Que difícil es aceptar la corrección Señor. Que necio soy tantas veces cuando no veo que detrás de los más cercanos a mi estas tú. Ellos son los “profetas” en mi tierra. Ellos son los que me conocen y porque me conocen bien me pueden ayudar mejor. El problema está siempre dentro de mí. Necesito tener ojos para ver y oídos para escuchar, necesito discernimiento. Ese discernimiento que viene de tu Espíritu Santo que debo de intentar no dejar escapar ni un minuto de mi vida. Él, el Espíritu Santo es el que me alienta, el que me anima, el que me guía en mi camino diario para no torcerme a derecha o a izquierda. Él es quien me consuela en los momentos de sufrimiento, el que cambia mi mirada para ver el vaso siempre medio lleno cuando lo miro y nunca medio vacío como me lo quieren interpretar. Él es mi consejero, mi bienhechor, y el que sin duda alguna me ayudará a descubrirte a ti mi Señor en los hermanos que me rodean para que, viéndote a ti, descubra con sus palabras o con sus gestos lo que Tú quieres de mi para poder en este día hacer tu voluntad. Ábrete paso en mi incredulidad para que siempre te vea y te descubra detrás de lo que me aguardan hoy y ayúdame a seguirte siempre. ¡Tú serás así mi auténtica felicidad!

Buen día con nuestro Señor.

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