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Joseph Ratzinger-Benedicto XVI habla sobre Los Magos de Oriente 

Una procesión que recorre toda la Historia
Los Magos de Oriente y la huida a Egipto es el capítulo con el que Joseph Ratzinger-Benedicto XVI cierra La infancia de Jesús (ed. Planeta), libro que ha ayudado a millones de personas a vivir con especial intensidad esta Navidad delAño de la fe. Escribe el Papa, entre otras cosas:
 

Difícilmente habrá otro relato bíblico que haya estimulado tanto la fantasía, pero también la investigación y la reflexión, como la historia de los Magos venidos de Oriente, una narración que el evangelista Mateo pone inmediatamente después de haber hablado del nacimiento de Jesús: «Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos [astrólogos] de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Belén es el pueblo natal del rey David. También podría comportar una intención teológica el que la localización se precise aún más, añadiendode Judá. En la bendición de Jacob, el patriarca dice a su hijo Judá de manera profética: «No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos» (Gn 49,10).

Junto con la bendición de Jacob hay que leer también una palabra atribuida en la Biblia al profeta pagano Balaán. La Biblia lo presenta como un adivino al servicio del rey de Moab, que le pide una maldición contra Israel. Pero Dios mismo impide que Balaán lleve a efecto lo que pretende, de manera que el profeta, en vez de una maldición, anuncia una bendición: «Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: avanza una estrella de Jacob, y surge un centro de Israel» (Nm 24, 17).

Pero ahora es preciso preguntarse ante todo: ¿qué clase de hombres eran esos a los que Mateo describe comoMagos venidos de Oriente? El término magos (mágoi) tiene una considerable gama de significados. En la cultura helenista eran considerados como «representantes de una religión auténtica»; pero se sostenía al mismo tiempo que sus ideas religiosas estaban «fuertemente influenciadas por el pensamiento filosófico», hasta el punto de que se presenta con frecuencia a los filósofos griegos como adeptos suyos (véase Delling, ThWNT, IV, p.360). En el relato de san Mateo, la sabiduría religiosa y filosófica es claramente una fuerza que pone a los hombres en camino, es la sabiduría que conduce en definitiva a Cristo.

El astrónomo vienés Konradin Ferradi d’Occhieppo ha mostrado que, en la ciudad de Babilonia, continuaba existiendo todavía «un pequeño grupo de astrónomos ya en vía de extinción». La conjunción astral de los planetas Júpiter y Saturno, que tuvo lugar en los años 7-6 a.C. -considerado hoy como el verdadero período del nacimiento de Jesús-, habría sido calculada por los astrónomos babilonios y les habría indicado la tierra de Judá y un recién nacido «rey de los judíos».

Varios factores podían haber concurrido a que se pudiera percibir en el lenguaje de la estrella un mensaje de esperanza. Pero todo ello era capaz de poner en camino sólo a quien era hombre de una cierta inquietud interior, un hombre de esperanza, en busca de la verdadera estrella de la salvación. Los hombres de los que hablaba Mateo no eran únicamente astrónomos. Eran sabios. Podemos decir con razón que representan el camino de las religiones hacia Cristo, así como la autosuperación de la ciencia con vistas a Él. Están en cierto modo siguiendo a Abraham, que se pone en marcha ante la llamada de Dios. De una manera diferente están siguiendo a Sócrates y a su preguntarse sobre la verdad más grande, más allá de la religión oficial. En este sentido, estos hombres son predecesores, precursores, de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos.

Queda la idea decisiva: los sabios de Oriente son un inicio, representan a la Humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la Historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro de Cristo.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI

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