Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, junio 18, 2019
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Junto a la cruz, estaba María 

Los evangelistas no nos hablan de la Virgen en los momentos gloriosos de la vida de Jesús: ella no estaba en la teofanía complaciente de su bautismo, no estaba en el monte Tabor contemplando el rostro esplendoroso de su Hijo, no dicen dónde estaba en su entrada triunfal en Jerusalén el Día de los Ramos… Pero sí nos cuentan que sí estaba al pie de la Cruz: ella era la mujer fuerte que había ensalzado y cantado la Escritura: allí de pie, no como una estatua cabizbaja, sino ora erguida cruzando su mirada con los ojos del siervo sufriente, ora encorvada juntando sus lágrimas con la sangre del Hijo que empapaba el hoyo de la cruz en la tierra. Era la Virgen de los Dolores, la Dolorosa, la Virgen de las Angustias, la Virgen de la Soledad.

Con estas advocaciones ha sido venerada por la devoción secular de los fieles, recordando los momentos de angustia y dolor por los que pasó la Madre de Dios y Madre nuestra a lo largo de su vida. Buenanueva recoge hoy aquí los textos evangélicos de los Siete Dolores de la Santísima Virgen:

Primer dolor: La profecía de Simeón

“Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: Mira este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te atravesará el alma“ (Lc 2,34).

Segundo dolor: Exilio de Jesús en Egipto

“El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2,13).

Tercer dolor: Jesús permanece en Jerusalén

“Al verlo, sus padres se quedaron atónitos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. Él les contestó: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” (Lc 2,48-49).

Cuarto dolor: María en el camino de la Cruz de Jesús

“Una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero él repuso: Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!“ (Lc 11,27-28).

Quinto dolor: María junto a la cruz de Jesús

“Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a la madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,25-26).

Sexto dolor: María recibe a Jesús bajado de la cruz

“José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo“ (Jn 19,28).

Séptimo dolor: La sepultura de Jesús

“José compró una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca. Luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro” (Mc 15,46).

Oración:

Santa María, Madre del Señor,

has permanecido fiel cuando

los discípulos huyeron.

Al igual que creíste cuando el ángel

te anunció lo que parecía increíble

—que serías la madre del Altísimo—

también has creído en el momento

de su mayor humillación.

Por eso, en la hora de la cruz,

en la hora de la noche más oscura

del mundo, te han convertido en

la Madre de los creyentes,

Madre de la Iglesia.

Te rogamos que nos enseñes a creer

y nos ayudes para que la fe

nos impulse a servir y dar muestras

de un amor que socorre

y sabe compartir el sufrimiento.

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