Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|domingo, octubre 20, 2019
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La buena crisis 

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro,
o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero”.
(Lc 16, 13)

Ávidos de evasión por una crisis que nos atemoriza, parece que solo queremos huir. ¡Cuánto nos duele el bolsillo! Más que la úlcera o el cólico nefrítico. “Donde esté nuestro tesoro allí estará nuestro corazón”. Tal vez nuestros ojos solo vean lo inmediato, lo explícito, lo efímero. Pero la desorbitada codicia del hombre, el deshumanizado derroche, la ilimitada prepotencia del consumismo más radical nos ha abocado a esta crisis. Del griego “krisis”, “decisión”, “momento decisivo”, viene como una tea en la noche, un candil que nos alumbra, una voz en la umbría: “el amor al dinero es la raíz de todos los males” y “la codicia insaciable es una idolatría”. Pues el ídolo del dinero es “un señuelo que encadena al hombre al reino de las apariencias y lo alejan de la felicidad, de su verdadero fin, que es Dios”.

“…no te suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de tu Dios, y digas en tu corazón: mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza”.

Todos hemos caído de alguna forma en esta idolatría. “El que confía en sus riquezas caerá; mas los justos reverdecerán como follaje”. Se cumple la revelación de Dios a los profetas, a los humildes. Y muchos se preguntan: “¿Qué sabrán estos de ciencia? ¿Por qué se mete la Iglesia a juzgar cosas que no sabe?” No existe nada nuevo que no haya sido revelado, solo cambian las circunstancias y las generaciones, pero la raíz del mal es la misma: “yo soy dios y la historia de mi vida la diseño como quiero, y hago lo que me da la gana, y además tengo todo el derecho”.

Pero luego brotan los frutos cuando se ha puesto el corazón en las riquezas. “Del amor del dinero procede el trabajo en buscarlo y el perpetuo temor de perderlo, que como verdugo cruel hace carnicería del alma”.

Esta crisis nos viene a ayudar: el hombre de bien saldrá fortalecido; el avaro, relativizando el dinero; al agnóstico tal vez le haga pensar que los santos han sido pobres y felices; y, en general a todos, a sentarnos en la ladera del monte de nuestra noche y escuchar de nuevo: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero”.

Jorge Santana

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