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La clave del seguimiento no es la ascesis, sino el amor 
21 de Febrero
Por Ángel Moreno

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? (San Marcos 8, 34-37).

COMENTARIO

Jesús no engaña. El discipulado al que invita el Nazareno consiste en ir detrás de Él. La radicalidad que exige, sin embargo, esconde una gran generosidad por su parte, pues en otro pasaje se puede leer: “«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o tierras por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos, primeros»” (Mc 10, 29-31).

La clave para el seguimiento evangélico no es la ascesis, sino el amor. Un seguimiento titánico agota, o enorgullece. Santa Teresa de Jesús nos ofrece la clave: “No me ha venido trabajo que, mirándoos a Vos cuál estuvisteis delante de los jueces, no se me haga bueno de sufrir. Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir: es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero” (Vida 22, 6).

Te puedo asegurar que si experimentas alguna exigencia  de Jesús, es porque Él está dispuesto a entregarte mucho más que aquello que te pide. Dios nunca pide más de lo que da, y en lo que sentimos despojo, se esconde donación. Nuestra naturaleza es presentista, y se consuela cuando tiene a la mano lo que desea, pero desde la fe cabe esperar aquello que no vemos, y que es más que lo imaginado.

Fíate de Dios, fíate de Jesús y atrévete a seguirlo, porque quien da, recibe; quien siembra, cosecha; quien se niega, se afirma… Mientras que si uno sucumbe a su egoísmo, se agota, se seca y se convierte en tierra estéril.

 

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