Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, agosto 4, 2020
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La esperanza del dolor 

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados.” (Lc 6 ; 20-23)

Que desde mi dolor agachada, encogida con tus alas como abrigo, vea tu Rostro Señor.

Que Tú me permitas ver lo que no está permitido ver al corazón humano cuando le supera el miedo.

Que el lugar que ha escogido mi corazón este día para soportar la angustia sean tus manos, Señor.

Y que, recostada allí aunque yo no vea nada cegada en el sufrimiento sepa que Tú me acompañas.

Sepa que es ése el lugar al que Tu acudirás para acompañarme, Padre en las horas de destierro.

Y que Tú estarás conmigo cubriendo con tus dos alas la soledad de mi alma, la angustia de mi dolor.

Y que sólo si es así, con mis huesos derrotados con la arcilla de mi cuerpo, que no se sostiene en nada.

Tu podrás tomar mi alma, trabajarla con tus dedos igual que modela el barro el incansable alfarero.

Y cuando Tu finalices tu trabajo, modelando mi alma estará un poco mas llena de Eternidad.

Por eso te pido, Padre que me des Sabiduría para poder comprender que siempre nos acompañas para sentirte muy cerca en esos momentos duros en los que veo a mi mundo desvanecerse ante mí y que , aunque no te veamos es el fondo del abismo el lugar ,de donde Tú nos recoges y nos haces Hijos de la Eternidad.

Enséñanos a vivir la esperanza del dolor. Enséñanos a sentir con plena seguridad que después del sufrimiento amanecemos de nuevo y el mundo se nos presenta empapado en claridad.

                                                                                                                                     Olga Alonso

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