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La expulsión de Cristo 

Para comprender el proceso de desacralización e incluso la hostilidad de nuestra época ante la religión, y hasta la misma idea de Dios, y ante la Iglesia, es necesario conocer sus raíces. Por eso es muy recomendable este breve, conciso y claro libro de Rosa Alberoni, profesora de Sociología y periodista italiana.  Se incluye un interesante prólogo de Ignacio Sánchez Cámara, que comienza preguntándose por una cuestión hoy muy debatida: “¿Asistimos a un resurgir de la religión (…) o estamos ante la expulsión de Cristo de la vida pública de Occidente?” ¿Puede el hombre vivir con plenitud después del cataclismo de “la muerte de Dios” decretada por Nietzsche?

Alberoni analiza el proceso de la expulsión de Cristo comenzando con Descartes y siguiendo por Rousseau, Proudhon, Condorcet, Marx y Hitler, cuyas ideas “han conducido a la deshumanización del hombre y a la barbarie totalitaria”.

Es particularmente interesante el estudio de Rousseau, precisamente por su notable influencia en ciertas ideas lanzadas por los medios de comunicación, así como por el adoctrinamiento de la “educación para la ciudadanía”, acerca del hombre,“mono desnudo”, del “Proyecto Simio”, de la “Carta de la Tierra, de la “alianza para las civilizaciones”, del “solo queremos ser hombres” —por supuesto sin Dios, al que se considera como antagonista, que sojuzga, coacciona e impide el progreso—. Queremos volver a ser como “el buen salvaje”, libre, guiado sólo por el instinto, sin divinidad alguna que imponga reglas, ni moral. También sin familia que lo ate, lo lleve a la competitividad por defender lo suyo —propiedad privada— que conduce,según Rousseau, a la desigualdad social y a la expulsión del paraíso del “estado de naturaleza”, que propugna el pensador francés. Dios debe ser sustituido por la “voluntad general” que le obliga, mucho más férreamente, a someterse a sus dictados.

Cuando Alberoni estudia a Marx y a Hitler, reconocemos en estos, muchos de sus métodos anticristianos —antihumanos también—, presentes en nuestra sociedad, aunque el nazismo haya sido derrotado y del  “muro de Berlín” no queden más que las ruinas.

La autora concluye que la religión no desaparece por el progreso de la ciencia y de la técnica, que se dan precisamente en Occidente por sus raíces cristianas lo mismo que la modernidad y la democracia, sino que desaparece por las “ideologías del mal”, el nihilismo y el intento del Estado de apoderarse de la conciencia del hombre, tratando de imponer un relativismo cultural y moral que les ayude a aumentar su poder no  sólo político, sino  también espiritual. Es más fácil conseguirlo dejando al hombre a la intemperie. Pero el hombre no puede vivir sin Dios, sin verdad, sin trascendencia, sin lo sagrado: de ahí la crisis de nuestro tiempo, que analiza con gran acierto, la profesora Alberoni.

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