Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|sábado, julio 4, 2020
  • Siguenos!

La gran prueba 

Reseña del libro de Rance, Didier, La gran prueba: Europa del Este, testigos de la fe en la persecución. Madrid, Ayuda a la Iglesia Necesitada, 2018.

Cito solamente algunos de los testimonios que el autor ha seleccionado: Kazimierz Šwiątek Bielorrusia; Gavril Belovejdov Bulgaria; Alexandru Todea Rumanía; Silvester Kréméry Eslovaquia; Antón Luli Albania; Kazimierz Šviątek Bielorrusia; Gabriel Belovejdov Bulgaria;

Hermana Jana Šrutová Chequia; Stephania Shabatura Ucrania; Nijolé Sadūnaité Lituania.

La pasión de estos testigos muestra cómo se cumple en ellos lo que falta a la Pasión de Jesucristo (Col 1, 24). El discurso del odio, o la cultura del desprecio, están presentes en las agresiones físicas y verbales experimentadas por las víctimas de los totalitarismos modernos.

Silvester Kréméry es un Médico eslovaco nacido en 1924, encarcelado y torturado se da cuenta que “los presos que están llenos de odio contra sus verdugos, … son los que acaban colaborando con el régimen.”

“En junio de 1954, el tribunal militar de Trencin (Eslovaquia) juzga a Silvester Krcméry… Silvio pronuncia un breve discurso ante los jueces:

“Si tenéis que castigarme por defender la verdad y a Cristo, no deseo una condena más leve, sino mucho más severa. De hecho sería feliz si pudiera morir por Cristo… En ningún momento nos hemos permitido odiar, rebelarnos o simplemente quejarnos… Sabemos devolver bien por mal… nuestros hermanos trabajarán más duro y menos egoisticamente que los demás (Cristo nos lo enseñó). Los primeros cristianos que sufrieron la persecución bajo el Imperio Romano, a pesar de ser encarcelados, torturados y crucificados por cientos, eran los trabajadores más sacrificados… Entre ellos no hubo ningún ejemplo de rebelión. Por eso se nos puede perseguir tan fácilmente. Los demás prisioneros políticos están dispuestos a vengarse a la primera ocasión. Pero en nuestro caso ocurre justo al contrario. Todos los días rezamos por vosotros… para que Dios os perdone todas vuestras faltas y vuestros pecados, porque no sois capaces de comprender todo lo que estáis haciendo en contra de Dios y de la Iglesia… he rezado por usted, señor juez, … y por todos aquellos que nos han golpeado, que nos han humillado, que nos han encerrado y nos han hecho sufrir, sirviéndose de distintos métodos de tortura física y mental… el aislamiento, impidiendonos incluso sentarse o dormir, con el único objetivo de … obligarnos a decir falsos testimonios y mentiras contra Jesucristo, contra la Iglesia o contra nuestros amigos. La razón por la que no quiero callar estas cosas no es el odio, ni el deseo de venganza. Nos sentimos felices y agradecidos por cada golpe recibido, y hace mucho que os hemos perdonado… si he hablado en voz alta de todo esto, es porque en cierto modo pienso que aún estamos a tiempo de detener esta barbarie… no sentimos ningún odio hacia vosotros. Solo amor.”

“Silvio será condenado a 14 años de cárcel… no recurrió la sentencia.” Rance, 2018, 175-177.

Más que los pelos de mi cabeza

son los que me odian sin razón;

más duros que mis huesos,

los que me atacan injustamente. (Sal 68)

Rasgos comunes a estos relatos martiriales, después del dolor y de la muerte, son la dimensión escatológica, la alegría pascual Estas biografías anuncian la certeza de la resurrección y la glorificación de las víctimas.

Desde el poder comunista se promueve el abandono de la religión católica, pero la fidelidad a las propias raíces y a la propia iglesia es abrumadora (Ucrania, Rumanía, Bielorrusia).

Querían hacer de las víctimas, verdugos mediante la traición, o que tiren la toalla bajo la tortura. Sin una fuerte intimidad con Cristo, que es la gracia de estado propia del martirio,  no se explican la tenacidad, la resistencia en el sufrimiento.

A manera de epílogo, el autor Didier Rance, resume algunas características o notas comunes de estos sobrevivientes de la persecución: eran responsables (obispos, párrocos, superiores de congregaciones); todos pasaron largos periodos en la cárcel; contribuyeron al final de la dictadura; se mantuvieron en la fe; fueron privados de oportunidades laborales; han transmitido el testimonio dado a la Verdad frente a la mentira; vivieron el Amor a los enemigos, frente al odio, a la pérdida de la buena reputación; fueron sometidos al adoctrinamiento ideológico, y al engaño permanente para crear desconfianza ante los propios compañeros de persecución; estuvieron bajo la desinformación por los continuos intentos de encubrir los motivos religiosos de la persecución por otros supuestamente políticos: acusación de espionaje al servicio de los imperialistas, del Papa, etc; prohibición de celebrar o administrar los sacramentos; se ve en todos ellos una clara simbiosis entre la gracia de Dios y la virtud para vencer las tentaciones; los que estuvieron sometidos a todo tipo de crueldades recurrieron a métodos muy creativos y diversos de oración; defendieron la dignidad de la persona humana; afirmaron con fuerza su amor a la vida, a lo bello, a las propias raíces culturales; crecieron en su relación personal con Dios, en la escucha de la Palabra del Evangelio que, especialmente en ellos, se cumple y se hace actual.

Nosotros vencemos en Aquel que nos amó. (Rom. 8:28-39).

Añadir comentario