Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|lunes, junio 17, 2019
  • Siguenos!

La Iglesia se construye con signos de amor 

LA IGLESIA SE CONSTRUYE CON SIGNOS DE AMOR

Cada día escuchamos desde fuera de la Iglesia voces que nos llaman a ser más auténticos y consecuentes con nuestra fe, y es muy cierto. Con frecuencia hablamos demasiado y nos olvidamos del precepto de la caridad en que se resume todo el cristianismo. Jesús, es quien acompañando la acción a la palabra nos ha dado verdadero ejemplo. Él nos anuncia y lo confirma con sus obras, el amor que está por encima de toda ponderación, es decir amor gratuito y sin límites, superando condicionamientos y barreras de raza, cultura o religión -recordemos la curación de la hija de la mujer siro fenicia, o la del criado del centurión , por poner algunos ejemplos-.

Jesús nos enseña con su vida un modo de amar desconocido hasta entonces. Para los judíos, el “ojo por ojo y diente por diente” era lo que prescribía la Ley y aún suponía, no lo olvidemos, un paso adelante en relación con lo que era habitual entre los paganos. Jesús en cambio nos invita al amor gratuito, en plenitud, y el va por delante cumpliéndolo. Amar a los enemigos y gratuitamente, resultaba escandaloso para sus contemporáneos; y esto es lo que hace él cuando desde la cruz pronuncia las palabras:”Padre, perdónalos que no saben lo que hacen”. A nosotros, este modo de amor se nos hace imposible. ¿Cómo poder querer y perdonar al que me hace daño? Pensamos que sólo los santos han sido capaces de algo así, y no es cierto, pues el mismo Dios viene en ayuda de los que se lo piden con fe y confianza.

Dar pequeños pasos en este sentido es un buen comienzo y Dios, que ve lo oculto del corazón, vendrá a suplir nuestras deficiencias. Estos pequeños signos construyen la caridad. Recuerdo en este sentido uno precioso y sencillo a la par que elocuente, ocurrido hace apenas unos días: el abrazo fraterno entre el Papa Francisco y el ya emérito, Benedicto XVI, que sentado como uno más entre los cardenales, está reconociendo a Pedro y sometido a su obediencia. Importante signo que refuerza el amor y la unidad y que, en su sencillez, contribuye a edificar la Iglesia de Jesucristo.

                                                                               Isabel Rodríguez de Vera

Añadir comentario