Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, noviembre 13, 2019
  • Siguenos!

La importancia de la oración 
16 de Octubre
Hermenegildo Sevilla

La Palabra de Dios siempre es la adecuada para el momento en el cada uno la recibe. El Espíritu Santo realiza una actualización constante para toda persona que se pone a la escucha. Su mensaje es eterno, universal y personal a la vez. El Señor todo lo hace nuevo. Es el creador y el dueño del tiempo.

    El evangelio de este domingo aterriza en un mundo que lo quiere todo, al instante y sin límites. Está enfermo de impaciencia, ansioso por alcanzar metas banales y perecederas, que conducen a la frustración al poco de ser conseguidas y que pertenecen a un sistema establecido, dominado y manipulado por el mismo demonio, utilizando un método efectivo y letal para adueñarse del corazón del hombre, alejándole lo más posible del Señor.

   Las personas que caen en esta tela de araña, permanecen en una búsqueda continua de toda una serie de bienes materiales que nunca sacian y de los que sólo obtienen una evasión temporal de la realidad, de la verdad y de preguntas trascendentes acerca de la vida y la muerte.

   Hoy el Señor nos dice que no estamos condenados a esta vida chata y vacía y que si nos volvemos a Él, con confianza y con fe, podemos salir de la esclavitud a la que el demonio nos quiere llevar.

   Este evangelio viene en auxilio de una generación desprovista de fe, hostil o indiferente a su mensaje. El cristiano puede perder también la sal y dejar de ser luz o, por el contrario, rezar con confianza al Dios que le ha llamado y dado la vida. Puede dejarse vencer por el miedo o defender su fe. Alguien dijo acerca del horrible bombardeo que sufrió Londres durante la Segunda Guerra Mundial que “si tus rodillas tiemblan ora sobre ellas”.

   Este domingo el Señor viene al encuentro tanto de los que pertenecen a su Iglesia como de los alejados. A los primeros les anima a ser perseverantes, desde la confianza en el Dios que se ha mostrado en momentos puntuales de sus vidas, dejando el sello de su amor y providencia, con el que se pueden superar todo tipo de adversidades y tribulaciones.

   Jesús acude en este día a los que, como la viuda del evangelio, son vulnerables y se encuentran atrapados por el mal. Nos llama a todos a no dejar de creer en la justicia de Dios y confiar siempre en que lo que el Señor nos conceda y cuando nos lo conceda es siempre lo mejor para nuestra salvación. Esto constituye un pilar fundamental para la oración. Tenemos la necesidad de rogar al Señor que nos conceda el discernimiento necesario para saber pedir prioritariamente lo que en verdad nos lleva a la vida eterna. Ya sabe el Señor, por otro lado, las necesidades materiales que tenemos, lo que nos preocupa y nos hace sufrir. Confiemos cada día en su providencia. Que nuestro mayor temor sea la posibilidad de rechazar su amor y que nuestra meta principal sea el cielo.

   La oración no se reduce a una expresión de nuestros labios, es sobre todo una actitud de vida. Es conocer la necesidad de no romper el cordón umbilical que nos une a Dios. Es expresar la fe en Jesús, que conoce la fragilidad de nuestra carne porque el mismo la ha padecido y que mediante su sacrificio en la cruz, por puro amor, nos ha abierto un camino de salvación. Aunque tantas veces le rechazamos, Él siempre nos escucha. El cristiano necesita rezar como si de aire para respirar se tratase. No existe vida espiritual sin oración. Sin ella el hombre está muerto, aunque exista.

   Termina el evangelio con la duda de si cuando venga Jesús encontrará fe en la Tierra. Para formar parte del resto que permanecerá de pie en ese momento, se necesita una oración continua, instalada como algo inseparable en la vida del creyente, a prueba de todo tipo de adversidades, que se traduzca en una forma de vida acorde a la voluntad de Dios. Muchos santos han perseverado de esta manera, en medio de largos periodos de aridez y oscuridad. Un leve susurro del Señor en nuestra vida, puede ser suficiente para atravesar desiertos de sequedad y ceguera.

   Nadie ofrece en el mundo algo que sea inmune a la muerte. Sólo el Señor nos regala una vida plena y eterna. Seamos siempre conscientes del grave peligro de que en la segunda venida nos encuentre sin fe, dormidos y perdidos. Para evitar este riesgo rezar es una eficaz arma de combate, que nos permite llegar a Dios.

 

 

 

Añadir comentario